50/70 o una ciudad que está en los sentimientos


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Imágenes: Iván Soca.

 

En la Sala Rubén Martínez Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en El Vedado habanero, puede disfrutarse por estos días de una exposición personal con el sugerente título de 50/70, que muestra el más reciente quehacer del reconocido grabador y pintor José Omar Torres, e incluye diecisiete piezas. Con el destacado artista visual conversamos en exclusiva para esta revista digital.

“Provengo de un mundo gráfico en el que el papel es fundamental, es una verdadera pieza de lujo”.

¿Por qué 50/70?

Es un número quebrado que lo único que indica es que son 50 años de trabajo y 70 de vida. Provengo del mundo del grabado, y esa es la manera de identificar la cantidad de ejemplares que se imprimen.

El papel manufacturado es un soporte que está usando con mucha frecuencia e insistencia en los últimos tiempos, ¿qué magia puede aportar?, ¿qué puede agregarle a la pieza?

Lo primero es que, como material, tiene un tremendo encanto. Es un soporte muy noble y uno puede concebirlo de acuerdo con lo que desea trabajar. Eso permite introducir collage dentro de la pulpa y experimentar.

A inicios de este año expuse en la galería Villa Manuela, también de la Uneac, y la curadora fue la especialista Virginia Alberdi, quien dirige la mencionada galería, pero Lesbia Vent Dumois, respetada artista y curadora, había visitado mi estudio taller y había visto algunos papeles. Ella insistía en que esa muestra debía ser de papeles solamente y, entre Virginia y yo, conspiramos ―más bien nos pusimos de acuerdo― para convencer a Lesbia de que había que poner pintura. Finalmente, ella aceptó.

Cuando concluyó la muestra le comenté a Lesbia que estaba haciendo muchos más papeles y que tenía un inmenso interés personal por que se expusieran; ella me propuso hacer la expo en la Villena, y le sugerí inaugurarla el día de mi cumpleaños a modo de celebración: sería un pretexto ideal para reunirme con los amigos. Y así fue.

50/70 es un número quebrado que lo único que indica es que son 50 años de trabajo y 70 de vida.

El papel manufacturado, además, tiene la bondad de que es ecológico, es decir, que estoy trabajando con papel que se desecha, por ejemplo, en oficinas, o cuando uno mismo, al recortar cartulina, descarta algunos pedazos. Todo ese material lo guardo, y a partir de él construyo el papel y eso me hace sentirme muy bien. No debe olvidarse que provengo de un mundo gráfico en el que el papel es fundamental, es una verdadera pieza de lujo.

Por otro lado, el período de aislamiento por causa de la pandemia me sirvió para crear una suerte de unión familiar a partir de que nos juntamos para hacer el papel y todos ponen su granito. Ahora, ya con la vida normalizada, nos reunimos los sábados y los domingos, que es cuando mi hija no trabaja, mi nieto no tiene que asistir a la escuela y mi esposa, Vivian, que es indispensable, está. Entre todos, nos volcamos a la creación de papel, y es algo verdaderamente hermoso porque se refuerza la unión de la familia.

¿Cómo es el proceso de creación de ese papel manufacturado?, ¿cómo se logra?

Lo primero que hay que hacer es recortar en pequeñas porciones el papel que ya tuvo otros usos anteriores y se va depositando en un tanque. A ese recipiente se le añade agua y cloro, para que no dañe la muestra por causa de algún hongo que pueda aparecer, y lo dejas reposar aproximadamente unos quince días. Posteriormente, se bate ―en una licuadora doméstica― y se almacena en una cubeta grande que, en mi caso, empleo un fregadero/vertedero grande que construí para mojar los papeles para grabar. Ahí lo vamos echando en una especie de colador gigante para que salga parejo y lo voy colocando de la manera en que quiero hacer los formatos, ya sean circulares, rectangulares o cuadrados. Una producción de un fin de semana no pasa de cinco papeles. No más. Después de secada esa pulpa ―que ya ha sido amoldada a un espacio― le aplico un impermeabilizante blanco para que, al colocar acrílico sobre esa superficie, no absorba.

En 2019 visité el taller de papel de Francisco Toledo, en la ciudad mexicana de Oaxaca, y allí hicimos una carpeta ―junto con los compañeros del taller de Enrique Flores― y quedé maravillado porque hay una especialización alrededor del mundo del papel. Hacen papel de todo tipo a partir, por ejemplo, de fibras vegetales. Son técnicas que uno comienza a aprender y a interiorizar, porque yo solamente estoy trabajando con papeles reciclados, pero se le pueden adicionar muchas cosas más, y estoy seguro de que eso redundará en beneficio de la obra.

He recibido criterios que me han dado alegrías. Las piezas que conforman esta muestra las he ido publicando en las redes durante todo el año 2022 porque quería conocer la opinión y los criterios del público. En otras palabras, publico la obra y escucho los comentarios, y eso me va nutriendo.

No hemos hablado de las texturas que brinda el papel manufacturado…

Es lo fundamental. No quiero que el papel sea liso, sino que dé la impresión de un muro o de una pared irregular en la que uno puede detectar capa sobre capa y el paso del tiempo… y eso va sugiriendo la textura de la ciudad, incluso cuando paso el papel por el tórculo, trato de que la presión que aplico no elimine la textura. En el grabado uno busca los diferentes relieves, y eso me lo ofrece, perfectamente, ese papel, o sea, me da el bajo relieve y el alto relieve, lo que me permite trabajar color abajo y color arriba, y eso da unos resultados espectaculares.

“Y sí, está la ciudad, pero también todo lo que vivimos en estos días y todo lo que escuchamos en la calle”.

¿Continúa la ciudad siendo recurrente en su obra?

Sí, la ciudad es el leitmotiv de toda mi obra. Y en esta exposición está, pero no dibujada, sino que la muestro descontextualizada: es una ciudad que está en los sentimientos que uno puede recibir de la ciudad. Aparecen sentimientos como la tristeza, la alegría, la añoranza, que son evidentes en las piezas. Alguien me decía que era como “un recorrido por la ciudad”. Y sí, está la ciudad, pero también todo lo que vivimos en estos días y todo lo que escuchamos en la calle.

He recibido criterios que me han dado alegrías. Las piezas que conforman esta muestra las he ido publicando en las redes durante todo el año 2022 porque quería conocer la opinión y los criterios del público. En otras palabras, publico la obra y escucho los comentarios, y eso me va nutriendo.

He escuchado decir que usted se encuentra en un extraño límite entre lo figurativo y lo abstracto, ¿alguna defensa?

Trato de no imponerme límites. Nunca había tenido el tiempo para dedicarle veinticuatro horas día tras día a la pintura. Durante muchos años dirigí el Taller Experimental de Gráfica de La Habana y, anteriormente, desempeñé otras funciones, es decir, que mi vocación de servicio robó gran parte del tiempo a la obra.

“La ciudad es el leitmotiv de toda mi obra”.

Ahora, al disponer de todo mi tiempo, no me pongo límite alguno: la vida es un poco corta y uno tiene que abrirse a trabajar y trabajar y dejar que el trabajo sea el que te dicte los límites, si es que existen, aunque creo que no. El otro día le estaba dando la vuelta a la idea de cómo hacer escultura con la pulpa de papel… ¿Y los límites de la ciudad? son menores cada día y uno se conceptualiza más en el sentido del pensamiento: para mí no existen los límites, aunque hay un sello, y la gente lo logra identificar porque hay una manera de trabajar.

El empleo del color ha sido algo que le ha caracterizado: un tiempo fueron los sepias, luego los azules…, en 50/70, ¿una vuelta a la semilla?

Efectivamente, empecé a trabajar en la gama de los sepias y había algunas piezas en azules. Como se dijo, la curadora de esta exposición fue Lesbia, una especialista de altísimo nivel, tanto en la curaduría como en la realización de obra, y ella me sugirió quitar el azul para que no nos remitamos a la otra exposición.

“(…) no me pongo límite alguno: la vida es un poco corta y uno tiene que abrirse a trabajar y trabajar y dejar que el trabajo sea el que te dicte los límites, si es que existen, aunque creo que no”.

En la primera propuesta de curaduría llevé un promedio de veinticinco piezas, y se hizo la primera selección que se trasladó a la galería para realizar el diseño museográfico: de las azules solo quedaron dos, una circular y otra rectangular que se llama “Duele Matanzas”, que fue muy significativa porque alude a la tristeza y la desolación que sentí cuando la explosión ocurrida en los supertanqueros de esa ciudad. Es una pieza que, en lo personal, me conmociona.

Hace muy poco, a través de las redes sociales “se filtró” que el Museo Nacional de Bellas Artes adquirió una pieza suya como parte de su colección, ¿es así?

Fue algo que me sorprendió satisfactoriamente. El director del Museo Nacional de Bellas Artes, Jorge Fernández, visitó la muestra de Villa Manuela y comentó la importancia de que estuviera en el Museo. Esa decisión pasa por un proceso de análisis que realiza una comisión de especialistas de la institución.

Un día me convocaron desde el Museo para que entregara una carpeta con fotografías de obras, críticas de arte y otros documentos que considerara importantes. Me asesoré con Marilym Sampera ―una curadora que desde hace mucho tiempo sigue mi obra y con la que he trabajado de manera muy cercana― y entregamos lo solicitado. En diciembre del pasado año recibí una llamada del Museo informándome que sería adquirida una pieza que se titula Circulando la pandemia, que fue la seleccionada para la portada de la mencionada exposición. Esa pieza está basada en un poema de Norberto Codina, y agradezco inmensamente al Museo la adquisición de esa pieza porque el sueño de todo artista es estar en ese sitio que se considera la Meca del arte cubano. Si me cuelgan o no en las paredes es otra historia, pero al menos estoy ahí.

“Hay un sello, y la gente lo logra identificar porque hay una manera de trabajar”.

Ha sido un período muy estimulante. A finales del 21, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas (CNAP) adquirió una obra para su Colección Permanente de Arte Cubano, y en abril la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) también adquirió una obra para su colección. Todo ello me llena de regocijo porque son tres instituciones fundamentales dentro de las artes plásticas cubanas.

¿Qué pasará con su obra en este 2023?

Estoy pensando en esculturas, pero aún no puedo definir cómo me encaminaré ni qué haré; quizás sean esculturas blandas o, tal vez, algo en hierro, que es algo muy complicado por el tema económico… estoy pensando en madera, pulpa de papel. Veremos.


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