El camino de todos los amigos


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En más de una ocasión me he preguntado qué pensaría Frank Emilio Flyng del hecho de que Emilio Morales haya continuado parte de su trabajo con la música cubana y que haya asumido el patronímico de Los (nuevos) amigos, para identificar al formato musical con el que se presenta en diversos espacios.

Intentaré imaginar una posible y atinada respuesta de uno de los monstruos sagrados del piano cubano: “… creo que se demoró demasiado (…) pero le pone sandunga a lo que está haciendo (…) puedo seguir tranquilo aquí donde estoy hay Amigos para rato…”

Ciertamente ha sido Emilio Morales; quien tras haber desarrollado una carrera como parte de la planta de importantes agrupaciones musicales (OPUS 13, NG la Banda) y en papel de acompañante (Omara Portuondo); quien se dio a la tarea de retomar un formato musical y un repertorio que parecía condenado a ser parte de la memoria y la historia. La leyenda de Los Amigos estaba ahí, al alcance de una nota; pero ciertamente tras la muerte de Frank Emilio todo indicaba que el capítulo final había llegado.

Sin embargo; estaba Emilio Morales a la espera del pistoletazo que anunciaba la hora del relevo. 

El origen de Los Amigos se remonta a fines de los años cincuenta del pasado siglo cuando Frank Emilio y un importante grupo de músicos decidieron entrar a los estudios Panart y grabar aquellos temas que dieron origen a “las descargas cubanas” y a toda una tradición musical importantísima para entender “el otro jazz cubano”. Ese en el que “el reposo del guerrero” se convierte en alegrías superlativas que sorprendieron a todos y más que jazz es liberación musical, utopía y estallido de emociones.

Los Amigos fueron parte del mito cultural y social que incidió en una parte importante de aquellos adolescentes y jóvenes que estudiaron en la Escuela Nacional de Arta (ENA) en los años sesenta y setenta; y cuyos nombres, muchos hoy son imprescindibles para entender el “afrocuban jazz” y toda la explosión creativa a él asociada en el presente. Sin aquellos “Amigos” reunidos alrededor de la música cubana no tuviéramos hoy tanta diversidad de estilos y modos de entender lo cubano desde la contemporaneidad en la música.

Frank Emilio puso de moda el danzón en el jazz cubano; y esa necesidad de hacer un danzón desde la perspectiva jazzeada no ha caducado. Algunos de sus temas son estándar o “cover” del latin jazz (Sherezada, Mondongo, Sandunga y Gandinga y Jesusín; por solo citar los más famosos) y sobre ellos vuelcan su creatividad muchos músicos cubanos y del  mundo.

Pero los hombres tienen tiempo de vida limitado, fecha de caducidad; no la música y su impronta. Con esa visión entonces se puede entender  por qué Emilio Morales retomó el asunto de la amistad sonora y se arriesgó en esa aventura musical y creativa; involucrando músicos de distintos intereses sonoros y generaciones para volver sobre un camino que algunos considerarían trillado pero que siempre se puede agrandar, enriquecer y hasta trazarle nuevas calles.

Con tales argumentos sonoros propone el CD Todos los caminos (BIS MUSIC), en el que asume el rol de productor general su tocayo Emilio Vega. Es importante resaltar que estos dos músicos conocen a fondo los secretos de todas las tendencias y géneros en los que hoy navega la música cubana; pero además entienden, disfrutan y saben tocar magistralmente los géneros fundacionales; por lo que en el momento de asumir el concepto general del fonograma estaban seguros del peso que podría tener cada tema seleccionado o el aporte de cada uno de los potenciales y posibles invitados.

Todos los caminos es un gran fresco musical que —salvando las debidas distancias—tiene el mismo impacto cultural que el trabajo de los grandes pintores muralistas; diversidad de colores, formas y expresiones de probado eclecticismo donde cada detalle se ha previsto; cada nota cumple una función y a cada tema corresponde una dinámica donde lo personal se subordina al conjunto. A veces la virtud expresada mínimamente es sinónimo de grandeza; eso lo sabe Emilio Morales y por ello distribuye las emociones entre los músicos que le acompañan.

Una de las virtudes de Los amigos originales —los de las Descargas mitológicas—y las siguientes formaciones que organizó Frank Emilio, es que siempre estuvieron abiertos a todas las influencias posibles en el momento de organizar el repertorio; en esta “reedición” ese criterio se mantiene pero con la particularidad de que se transforman en acompañantes de importantes figuras para la interpretación de boleros y guarachas.

Si se pudiera hablar de un punto de ruptura y continuidad con legado de F. E. Flynn es en los temas Chopin en La Habana y Bach Blue; para Frank el peso estaba en el nacionalismo cubano, aunque dominaba a los clásicos del instrumento; mientras que Emilio Morales reinventa a los clásicos desde la misma visión que en los años 20 hicieran los directores de orquestas danzoneras.

Mención aparte merece la versión de A Puerto Padre, de Emiliano Salvador. Con este tema Morales paga una deuda con el que es considerado el pianista cubano más influyente dentro del jazz latino y lo cubano en los años setenta y ochenta; Emiliano reinventó determinados códigos dentro del pianismo popular cubano que marcaron a la generación de Morales y a las subsiguientes; sabedor de ello y asumiendo la influencia recibida, coquetea con la rumba y abre el espacio al saxofón y la trompeta, mientras el piano se convierte en guía armónica. Emiliano hubiera aplaudido esta visión de su obra.

Pocas veces hay tres Emilios concentrados en un disco. Uno de ellos aprueba sonriente el camino elegido; los otros dos se ocupan de la música. Nosotros ponemos los aplausos y las inefables comparaciones desde una luneta donde los senderos se bifurcan y en el que nos esperan Nuevos Amigos.


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