En el 35 aniversario del Día Internacional de los Monumentos y Sitios: Un asomo a la escultura conmemorativa desde las “patrias chicas”


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Columna de los Veteranos (1902). Plaza de Marte, Santiago de Cuba.

Como respuesta al diálogo intergeneracional que, a propuesta del Grupo de Trabajo de los Profesionales Emergentes del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), acompaña al Día Internacional de Monumentos y Sitios en este 18 de mayo, invito a los más jóvenes ―y a los menos jóvenes también―  a recordar el movimiento escultórico desencadenado en la Isla tras la Guerra del 98, un diverso testimonio del patriotismo que desde entonces acompaña a las “patrias chicas”, término con el que se reconocen los principales núcleos urbanos desde el siglo XVI hasta bien entrado el XIX.

Antes de adentrarnos en el tema recuérdese que, si bien el concepto de “Sitios y Monumentos” es una categoría del Patrimonio Cultural de la Humanidad cargado de contemporaneidad, sus cimientos y concepciones datan de épocas inmemoriales. No se ha de perder de vista que cada tiempo histórico y en los diferentes contextos culturales, el término “monumento” ha transitado desde el proyecto particular o colectivo para inmortalizar la memoria de un personaje o un acontecimiento relevante al otorgamiento de valor patrimonial a un bien mueble e inmueble ubicado tanto en un núcleo urbano como en una zona rural, para concluir simbólicamente con el documento que requiere protección jurídica y por tanto ha de contar de presupuesto para una conservación que requiere la participación de comisiones de expertos para su registro, investigación y declaración como Monumentos Locales o Nacionales según su excepcionalidad para un espacio geográfico o una de las ramas del saber cultural como la arqueología, la historia, la ciencia, la sociedad o la cultura y la naturaleza. En la historia de los monumentos y sitios de un territorio, ha de encontrarse la conformación de una cultura cívica en los hijos del mismo, desde ellos ―los territorios― surgen los aportes al patrimonio de las naciones.

Desde estas perspectivas podría entenderse la razón por la cual el primer Museo Municipal de la Isla aparece en Santiago de Cuba (1899) y la primera comisión de expertos para declaratorias en el tema que nos ocupa lleva por nombre: Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros (1940). Mucho nos falta en verdad por conocer en relación con las aportaciones locales al devenir del patrimonio cultural de la nación. A causa de ello se ejemplifica en de este articulo con ejemplos del territorio llamado popularmente “del interior” de Cuba.

Tras el cese de la Guerra del 98, de manera casi inmediata y al margen de un proyecto nacional, los cubanos dieron inicio a la tarea de perpetuar las hazañas de las guerras de independencia y sus principales protagonistas y, como hicieron los camagüeyanos en 1853 con Joaquín Agüero y sus compañeros, lo llevaron a cabo de acuerdo a las posibilidades reales que les acompañaban. La historia del monumento a Martí en Dos Ríos, en Jiguaní cuenta que si bien no es hasta 1922 que se inaugura en el lugar un modesto monumento de hormigón, desde 1895 a propuesta del general Máximo Gómez, “se comenzó a depositar por todas las tropas mambisas que pasaban por este sitio una piedra para conformar una especie de monolito que recordara el lugar de la caída del Héroe Nacional” (1),  sitio histórico declarado Monumento Nacional por R/03 del 10 de octubre de 1978. 

El siglo XX será un periodo de proliferación de monumentos que, desde el neoclásico, el eclecticismo y el art decó, desbordan el periodo de la República Neocolonial con lenguajes de vanguardia. Ayuntamientos, instituciones de instrucción y recreo y asociaciones cívicas o comerciales asumieron proyectos que con el tiempo se erigieron en verdaderos documentos del patrimonio cultural de las localidades y no pocos de ellos en Monumentos Nacionales.  Tema, lenguaje, materiales empleados y artífices son signos de los horizontes culturales y las posibilidades financieras que acompañaron cada localidad.  

Dos temas se anuncian como norma nacional: el monumento a los caídos durante las guerras de Independencia y la figura de Martí. Desde 1898, probablemente por norma nacional, los espacios que definían los núcleos urbanos fueron llamados Parque Martí y en buena parte de aquellos que ya habían rendido homenaje en ellos al adalid local, optaron por colocar un busto al Apóstol.

En relación con el primer tema, Cárdenas inaugura del Parque del Mausoleo a los Mártires de la Independencia el 22 de abril de 1900, trabajo que ejecuta el maestro de obra Jacinto Suárez y Suárez y, dos años después, en 1902, Santiago de Cuba inscribe la Columna de los Veteranos en su antigua Plaza de Marte. En 1914 Las Tunas el “Obelisco Homenaje a las Víctimas de las Guerras de Independencias” en la Plaza Cristina y, en 1916, Holguín con su “Monumento a los patriotas fusilados durante las Guerras de Independencia”, en el Parque San José. Se destacan tres ciudades cubanas que toman como referente la Estatua de la Libertad de Nueva York: Puerto Padre, que coloca la de José Villalta y Saavedra en el Parque de la Independencia en 1904; Remedios, con la de Carlos Nicoli y Manfredy de 1906, adquirida por el Club in Memoriam luego de ser premiada en París; y Gibara, con la que hiciera casa italiana Ugo Luisi en el espacio renombrado Parque Calixto García y siguiendo el principio de totalidad simbólica, la Escultura al Soldado Desconocido (1919), del italiano, Carlo Nicolini, en la Plaza de la Vigía o Colón en Matanzas.

 

Distinguen el tema de Martí obras integradas a conjuntos de suma significación para la comunidad en que están emplazadas, algunas de ellas en zonas urbanas declaradas Monumentos Locales o Nacionales, los que las hace formar parte del Patrimonio Cultural de la Nación. En 1906, se inaugura en el Parque José Martí de Cienfuegos, MN por R/03 del 10 de octubre de 1978, un monumento al Héroe Nacional, en 1909, en el Parque de la Libertad de Matanzas, Monumento Local desde 1989, el conjunto escultórico realizado por el italiano Salvatore Buemi a iniciativa de Francisco Miranda, médico del Apóstol y en 1951 el Mausoleo de José Martí, del escultor Mario Santi, en el Cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba. Significativas por su factura artística e implicaciones nacionales no se pueden obviar el que distingue el paseo Martí de Caibarién, realizado en mármol de Carrara en 1926 por E Salvatore y el Memorial a José Martí “Rincón Martiano”, financiado por Logias Masónicas de todo el país, en el Parque Salvador Cisneros de Nuevitas.

   

Reafirmando admiración y lazos afectivos por otros adalides de las guerras de independencias las jóvenes generaciones encontrarán en Santiago de Cuba el Monumento a Francisco Vicente Aguilera (1910), en la Plaza Dolores;  en Camagüey la Escultura a Ignacio Agramonte (1912), de Salvatore Buemi en el Parque Agramonte; en Las Tunas, el Monumento a Vicente García González (1915), en el parque que lleva su nombre; en Holguín, las de Calixto García  y Julio Grave de Peralta en el Parque C. García y el de Las Flores respectivamente, ambas  firmada por el italiano Ugo Luisi en 1916; en Bayamo las dedicadas a Carlos Manuel de Céspedes y a Perucho Figueredo, en el Parque de Céspedes y en Guantánamo, la del mayor general Pedro Agustín Pérez en el parque Martí en 1928. Por la lección intergeneracional que lleva implícita, como idea rectora de este Día Internacional de Sitios y Monumentos, merece atención el obelisco levantado por los estudiantes de la Escuela José de la Luz y Caballero de Camagüey a Joaquín Agüero y sus compañeros en la sabana de Méndez en 1913, obra construida que se hace custodiar por dos frondosos álamos.

 

Como muestra a la diversidad que defendemos hoy, he dejado para cierre de este comentario, las referencias a un tema que devienen testimonio del amor a la patria chica al centrar la atención en los protagonistas culturales de la localidad.  Sagua la Grande erige en 1910 un monumento al importante médico sagüero Joaquín Albarrá, en el Parque de la Libertad; Sancti Spíritus, en 1912, al Dr. Rudesindo García, en la antigua Plaza Mayor; Ciego de Ávila, en 1942, al Dr. Roberto Martínez Reyes, en el Parque Martí; Bayamo, en 1951, un Obelisco a José Joaquín Palma, en la plazuela que lleva su nombre y Camagüey, en 1946, al Padre Gonfaus, en la Plaza del Cristo.

Citemos también como signo de construcción de un patrimonio y símbolo local la Glorieta de Manzanillo (1924), del Arq. Carlos Segrera Fernández y el dibujante Martín del Castillo en el Parque Carlos Manuel de Céspedes y la Escultura al Gallo de Morón, por Armando Alonso en 1955 (derribado en 1960 y rehecho en 1982 con la participación de Rita Longa), entre muchos otros; así como el interés en la salvaguarda de elementos del pasado como la declaratoria de Monumento Municipal a las ruinas de la casa de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé, en El Cornito, por el Ayuntamiento de las Tunas en 1945 o como el Fuerte de Yarayó, en Santiago de Cuba, Monumento Histórico ubicado en la Avenida Crombet de Santiago de Cuba a la que se coloca una tarja en 1946 en la que reza:

FORTIN “YARAYO” // 1868 // Construido conjuntamente con otros de su clase por el Gobierno Español para defender a la ciudad de los ataques de los patriotas cubanos alzados en Armas por la Independencia. // Comisión Pro-Monumentos, Edificios y Lugares Históricos de Santiago de Cuba. // Administración del Alcalde Municipal Sr. Luis Casero Guillén ―1946―.   

Lejos de una abrumadora relación de “monumentos”, esta no es más que una pequeñísima muestra de los aportes de las localidades en periodos inmediatos a la Guerra del 98, una auténtica lección cívica y enseñanza intergeneracional.    

 

Nota:

  1. Oriente de Cuba, Guía de Arquitectura, Andalucía, 2002, p. 418. y Consejo Nacional de Patrimonio Cultural: Monumentos Nacionales de la República de Cuba, p. 241.

  

 


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