La noche de 12 años: Una de las mejores películas del Festival


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Ya La noche de 12 años, del cineasta uruguayo Álvaro Brechner ganó en el 40 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, su primer premio: el Glauber Rocha que confiere la agencia Prensa Latina y se puede augurar que no será el único en este evento.

Trae fuertes cartas credenciales: ovación cerrada en su Première mundial en la sección Orizzonti de la Mostra de Venecia; paso exitoso por los festivales de San Sebastián y Biarritz; nominada a tres premios Goya, Mejor película Iberoamericana, Mejor guión adaptado y Mejor actor secundario (Antonio de la Torre); además representará a Uruguay en los Oscar, en la categoría Mejor película de habla no inglesa.

Esta película, una coproducción Uruguay-España-Argentina-Francia, de este año, rodada en Pamplona, Madrid y Segovia, España, y en Montevideo, Uruguay, hace la reconstrucción histórica del encarcelamiento por parte de la dictadura uruguaya durante doce años (1973-1985) de los líderes del Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros, José “Pepe” Mujica, Mauricio Rosencof, El ruso, y Eleuterio Fernández Huidobro, Nacho, interpretados magistralmente en el filme por el español Antonio de la Torre, por el argentino Chino Darín y por el uruguayo Alfonso Tort, en ese orden.

El guión, también de Brechner (Uruguay, 1975), tiene su fuente argumental en el libro Memorias del calabozo, (1989), escrito por Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro y reimpreso en 2013, con prólogo de Eduardo Galeano.

El espectador se enfrenta al inicio al tormento del sonido, a la cámara dando vueltas y a la vez a un programa radial que superpone la vida exterior. Es el momento en que sacan a los tres presos de la cárcel y los convierten en rehenes. Los llevan a un lugar infrahumano, esposados, con un saco en la cabeza y nada más llegar a sus respectivos huecos son brutalmente golpeados.

Luego hay una escena de sumo simbolismo que es cuando son tapiadas por los guardias las ventanas de sus celdas: los destierran del mundo.

Así comienza La noche de… y a partir de ahí el director no le da tregua al espectador, salvo unos pocos momentos de humor negro, que tienen toda la intencionalidad de dar el absurdo criminal de la situación, o las escenas-respiro de los sueños y los recuerdos que son de un triste lirismo pero con imágenes muy hermosas de libertad, donde aparecen sus amores, su familia y unos espacios naturales enormes.

La vida en aislamiento de estos tres hombres, sin condena legal, pero con el chantaje expreso, por parte de los militares, de que cualquier atentado realizado por sus compañeros en la calle los condenaba a muerte, se narra en este filme que transita por estos doce años, marcando saltos en el tiempo, transitando y señalando la cantidad de días, no solo los años, como una manera de reforzar la información.

Se relatan los traslados hacia diferentes y horrendos huecos de puntales altísimos, húmedos, sucios, por donde corren las ratas; la transformación y desgaste físico de los personajes; la cámara se detiene mucho en la piel del rostro y en las manos para observar el deterioro, respaldado por un muy buen trabajo de maquillaje.

Lo más importante es el desgarramiento psíquico y espiritual que se expresa a partir de los vejámenes, las torturas, los electroshocks, y de la soledad casi absoluta a la que son confinados, desgarramiento que el espectador comparte, sin lágrimas, pero sí con desesperación, porque la eficacia de los recursos técnico artísticos utilizados por Brechner, así lo garantizan.

 Un momento de gran poesía lo constituye el segmento en que sienten en sus calabozos el resplandor de los fuegos artificiales de fin del año 1975. A continuación comienzan Ñato y Ruso a comunicarse mediante golpes en la pared que los divide y se dicen ꞌFeliz Navidadꞌ, mediante el código que le destina un número a cada letra del alfabeto y van apareciendo en pantalla los subtítulos para estos diálogos; los personajes llegan hasta a jugar ajedrez en este código.

Este es un filme muy robusto en su argumento y en su visualidad; mención especial merece la fotografía de Carlos Catalán que refuerza la conmoción que significa el filme como unidad conceptual con imágenes de extraordinaria plasticidad y la utilización de la luz en función de la emotividad de la cinta.

 Verdaderamente se narra una gran historia, con muchísimo realismo y con muy buena argumentación artística de situaciones de extrema desvalidez de los personajes, torturados en cuerpo y psiquis. Es un alegato crudo sobre el ser humano llevado al extremo y su firmeza por sobrevivir y de su sufrimiento por vencer a la locura; todas las condiciones estaban creadas para destrozarlos en su interior, más que en el cuerpo, toda vez que uno de sus captores había declarado en un alarde de deshumanización: «Teníamos que haberlos matado; ahora vamos a volverlos locos», y en otro momento dice: «yo ustedes me mataría, ¿por qué no se matan?».

No hay un discurso político en la película, hay un discurso humano, un canto a la fortaleza del hombre y a los límites a los que es capaz de llegar; es un testimonio sin panfleto, con mucha poesía visual.

Ya se ha dicho, La noche de 12 años es una historia de supervivencia, un cántico a la libertad, una condena a la injusticia, una alerta de lo atroz que puede llegar a ser un gobierno que actúa al margen de la ley y con total impunidad.

La banda sonora ejerce una influencia determinante en esta película. Técnicamente el sonido está perfectamente logrado pues consigue ruidos que molestan: los golpes, los camiones, los gritos de los guardias, el ruido que hacen al masticar, los personajes, como si fueran animales.

Por otra parte alcanza un esplendor tremendo con los temas Que siga el baile, el conocido The sound of silence (El sonido del silencio), de Paul Simons, Plumita y Tres locuras con letra de Mauricio Rosenoff y Silvia Pérez Cruz, en la maravillosa voz de esta última.

En uno de los intercambios a través de la pared, el personaje del poeta, Eleuterio, le dice a Nacho «Si este fuera mi último poema/ insumiso y triste/ raído pero entero/ tan solo una palabra escribiría/ compañero», y aquí el director sintetiza varias de las claves de esta historia: el apoyo que han significado uno para el otro en sus batallas contra la locura inminente; la insurgencia y la entereza a pesar de todo. En medio de esto Mujica sí está absolutamente aislado y casi sucumbe a los delirios.

Honores merece la actuación del actor uruguayo Alfonso Tort; varias de sus escenas se podrían mencionar, basten las de su mayor desesperación y la conmovedora secuencia en que a su personaje lo sacan solo al patio y los presos le comienzan a gritar de admiración y él simula jugar fútbol, o cuando su hija lo visita en la cárcel.

Estas son escenas que remiten al filme italiano La vida es bella (1997), del cineasta y actor Roberto Benigni y eso refuerza la intensa emoción en la que el espectador se sumerje de principio a fin.

En 1981, a los 3053 días del secuestro, por primera vez salen al patio los tres, están parados en forma de triángulo, pero siempre lejos uno del otro. Esta imagen constituye uno de los carteles promocionales del filme; luego se acuestan en el piso a disfrutar el sol después de tantos años.

En el año 1984, a los 3980 días, es que son pasados a una cárcel convencional y aunque permanecen en solitario, ya las celdas tienen condiciones normales. En 1985, a los 4223 días de encierro infrahumano, con el regreso de la democracia a Uruguay, salieron liberados; Mujica llevaba en sus manos una planta que sembró en la cárcel en su bacinilla, su símbolo de esperanza y vida.

De estos tres personajes esenciales en la historia de Uruguay, solo quedan vivos Mauricio Rosencof que vive en Montevideo y es novelista y poeta, y el reconocido y popular José Pepe Mujica Cordano, diputado y senador, ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, y que a sus 75 años, en el 2010, fue elegido presidente constitucional de Uruguay, cargo que desempeñó hasta marzo del 2015.

Eleuterio Fernández Huidobro, Nacho, fue senador, y Ministro de Defensa hasta su fallecimiento el 5 agosto del 2016.

Esta película fue declarada de interés nacional por el Ministerio de Educación y Cultura de la República Oriental del Uruguay.

Sobre la misma, su director, Álvaro Brechner, ha expresado:

«Queríamos mostrar qué pasa cuando uno tiene que volver a ese estado primigenio, cómo hace para organizar su mente para no sucumbir al precipicio de la locura.

Esto es un ensayo sobre la soledad, sobre hombres a los que les han quitado todo y que deben enfrentar una crisis que interrumpe su condición humana. Cómo hacen para dotar la existencia de sentido para seguir subsistiendo».


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