Maferefún y bien rumberos


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Uno de los discos que más disfruto, de los cerca de medio millar que atesoro, es el titulado Los Muñequitos de Matanzas: Live in New York y que fuera testimonio del viaje y presentaciones de la agrupación rumbera a esa importante ciudad norteamericana. Aquí, en Cuba, saldría licenciado por BIS MUSIC en el año 1997 y marcaría un parteaguas en la historia de la rumba en Cuba y de esa agrupación en particular.

Ciertamente Los Muñequitos de Matanzas no inventaron la rumba; este género musical cubano tiene su origen en las zonas portuarias de La Habana y Matanzas, donde la fuerza de trabajo para las faenas de carga y descarga de los barcos que llegaban a ellas estará constituida mayoritariamente por hombres de raza negra; pero por más de sesenta años han sido un referente obligado y algunos le consideran los embajadores de esta manifestación cultural por su marcada autenticidad creativa.

La rumba, lo mismo que sus más importantes cultivadores, sintió durante años el peso de la más acérrima discriminación y marginación a partir del pensamiento elitista que primó en ciertas zonas de la intelectualidad cultural y de los más importantes actores sociales; lo que la obligó a un repliegue táctico que terminó por convertirla en la primera manifestación musical cubana que se definiera como un foco de la cultura de resistencia, una resistencia que tuvo en la crónica social y patriótica grandes exponentes.

La rumba, además posee elementos sociales y humanos que la caracterizan, siendo de ellos el de mayor peso el componente religioso a partir de su fuerte imbricación con los cultos traídos a Cuba por los primeros esclavos, muchos de los cuales se insertaron de forma tal en la vida cotidiana provocando aquello que Don Fernando Ortiz definiera como “el proceso de transculturación más importante ocurrido en el Nuevo Mundo durante la colonización (…) donde una cultura dominante sirvió para encubrir la cultura del dominado; en un proceso de sincretización nunca antes visto”.

Igualmente la rumba inventó, creó y modificó instrumentos; y en determinado momento de su desarrollo instauró estructuras que lograron imbricarse en el tejido social en tiempos difíciles; el ejemplo más viable son los Coros de clave y rumba; que proliferaron a comienzos del siglo pasado.

Sirvan estos elementos para presentar y poder desestructurar el CD Maferefún la rumba; la más reciente producción de Los Muñequitos de Matanzas que BIS MUSIC presenta al mercado; y es que “lo último de los muñequitos” aún demora en llegar.

Por años los amantes de la rumba han esperado un nuevo disco de la agrupación matancera; años en los que han surgido nuevos grupos rumberos y se han presentado fonogramas sobre el género que representan las diversas tendencias que se han desarrollado en la rumba contemporánea. Pienso en los discos de Osaín del Monte, Rumbatá, Rumbávila, y los de corte etnográficos producidos por Germán Velazco acerca de este género y que dan continuidad a aquellos trabajos que alguna vez hiciera los hoy olvidados Instituto de Etnología y Folklore y el Seminario de Música Popular que dirigiera Odilio Urfé.

Sin embargo; era necesario que “muñecos” salieran a la palestra y presentara su visión de estos procesos creativos. Y recién se acaba de hacer la luz.

El primer logro de Maferefún la rumba está en su repertorio; un repertorio que cubre casi todos los géneros de la rumba –solo está ausente el llamado estilo “jiribilla” nacido en la ciudad de Matanzas—, con textos de un marcado carácter urbano. Si tuviera que tomar partido por alguno de ellos, diera todas las palmas a los cortes Homenaje a mis ancestros (1), Trilogía (9) y Francisca la conga (10); lo que no demerita las otras propuestas.

En el caso de Homenaje… lo más conmovedor es la habilidad con que transita por distintas variantes rumberas sin sobresaltos o cambios abruptos. Va de la rumba al canto litúrgico (el rezo a los eggún que nos acompañan) teniendo como hilo conductor el golpe del chéquere en constante contrapunto con el resto de los instrumentos de la orquesta.

Trilogía es el obligado respeto a la tradición que ha estado presente en las últimas propuestas discográficas de los Muñequitos. Esta vez los compositores elegidos son Evaristo Aparicio, conocido también por “el Pícaro”, y Juan Mesa; en este tema “el Niño” Pujada cantando transmite un maremágnum de sentimientos y emociones muy cercanos a aquel que alguna vez definiera Carlos Embales en su versión de Xiomara; solo que “el Niño” impone su estilo.

Conmovedor es el llamado (diana dirán los entendidos) con que comienza Francisca…; tanto que pone los pelos de punta una y otra vez. Este es el tema donde llega la apoteosis del fonograma. Particularmente es donde los Muñequitos de Matanzas despliegan toda esa batería creativa que les ha mantenido como líderes del movimiento rumbero en Cuba.

Una de las características de la rumba cubana hoy es la presencia del estilo que se ha definido como “guarapachangueo”; surgido en la barriada habanera de la Corea, en San Miguel del Padrón; y que ha abierto nuevos horizontes interpretativos; y los Muñequitos no podían estar ajenos a su ejecución.

El “guarapachangueo” es el sonido rumbero del siglo XXI, como mismo lo fue la rumba de cajón en el XIX, y refleja la dinámica de los rumberos de hoy; con este antecedente es lícito esperar la propuesta matancera; y Francisca es el leitmotiv para que aflore toda la impronta matancera de esta forma de hacer; solo que en diversos planos rítmicos –uno de los grandes aportes de la agrupación a la rumba desde sus fundación— que interactúan entre sí; ora la voz sobresale por encima de los instrumentos, ora el quinto toma la voz protagónica; pero en un bien pensado despliegue de emociones.

Destacable es el trabajo de armonización de las voces; algo en lo que todo el movimiento rumbero ha ganado; y que no es más que un regreso consciente a los coros de Clave; lo que demuestra que dentro de la rumba hay postulados inviolables.

A la rumba, por norma general, no solemos faltar los cubanos todos, sin importar rango, estudios o condición social, o lugar de residencia. Ella es el blasón de la nación; no importa que ya tenga título nobiliario; incluso me atrevería a más: es la rumba el cordón umbilical de muchas de las músicas que hoy se escuchan en Cuba y algunas zonas del mundo.

Sin ella esta nación estaría huérfana… a fin de cuentas ayer fue negra, marginal y prohibida… hoy… hoy es mestiza, pública y universal y en su ADN hay un cromosoma llamado Muñequitos de Matanzas.


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