Nelson Mandela y Fidel Castro: una amistad sellada en la lucha común


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Nelson Mandela Foundation/Matthew Willman

 

En julio de 1991, Nelson Mandela visita a Cuba, tras haber pasado 27 años en cárceles surafricanas. El luchador antiapartheid había ingresado en prisión en 1963 y salido de ella el 11 de febrero de 1990.

En tantos años de privaciones y sacrificio nada pudo doblegar su espíritu de combate, que lo llevó a convertirse en el prisionero político más antiguo del mundo y un ícono de la lucha universal contra el odiado régimen segregacionista que existía en su país.

Apenas pisada tierra cubana, Mandela le reclama a Fidel su pronta visita a la tierra que Cuba ayudó a liberar: “Antes de hablar absolutamente de cualquier tema me tiene que decir cuándo viene para Sudáfrica. Nos han visitado una gran cantidad de personas y nuestro amigo, Cuba, que nos ayudó a entrenar a nuestra gente, que nos dio recursos, que nos ayudaron tanto en nuestra lucha, que entrenó a nuestros combatientes, a nuestros médicos… Cuba no ha venido a visitarnos, usted no ha ido a visitarnos. ¿Cuándo va a venir?”.

“No he visitado a mi patria sudafricana”, le responde Fidel, y agrega: “La quiero como a una patria. La quiero como te quiero a ti”. Y ante la insistencia del dirigente africano le dice en broma: “Creo que va a tener que ser hoy mismo, voy a tener que volar contigo…”.

Fidel pudo viajar a Sudáfrica en 1994 y fue agasajado con todos los honores por el presidente Mandela, quien reconocía en la persona del dirigente cubano el incondicional apoyo de la isla a la independencia de su pueblo: “Soy un hombre leal y jamás olvidaré que en los momentos más sombríos de nuestra patria, en la lucha contra el apartheid, Fidel Castro estuvo a nuestro lado”.

Fue una amistad entrañable sellada en la lucha común, que se mantuvo inconmovible, pues la admiración entre ambos líderes era mutua. De ahí que Fidel en una sus Reflexiones dedicada a Mandela, a Madiba, como era conocido en su país, escribiera:

“Viejo y prestigioso amigo, cuánto me place verte convertido y reconocido por todas las instituciones políticas del mundo como símbolo de la libertad, la justicia y la dignidad humana.

”Te convirtieron en trabajador forzado en las canteras, como hicieron con Martí cuando tenía 17 años.

”Sólo estuve en la prisión política menos de dos años, pero fue tiempo suficiente para comprender lo que significan 27 en las soledades de una prisión, separado de familiares y amigos”.

“Visitaste nuestra Patria y te solidarizaste con ella, cuando todavía no eras presidente de Sudáfrica elegido libremente por el pueblo”.

Y esa relación entre los dos grandes hombres, símbolos ambos de la fuerza moral de los principios y la dignidad, perduró hasta la muerte de Mandela, ocurrida el 5 de diciembre de 2013, a los 95 años de edad.

Escribiría Fidel, en una Reflexión que tituló: Mandela ha muerto ¿Por qué ocultar la verdad sobre el Apartheid?: “Ningún acontecimiento presente o pasado que yo recuerde o haya oído mencionar, como la muerte de Mandela, impactó tanto a la opinión pública mundial; y no por sus riquezas, sino por la calidad humana y la nobleza de sus sentimientos e ideas.

“(…) constituye un hecho muy real que Mandela fue un hombre íntegro, revolucionario profundo y radicalmente socialista, que con gran estoicismo soportó 27 años de encarcelamiento solitario. Yo no dejaba de admirar su honradez, su modestia y su enorme mérito”.

Pero más allá de la relación de amistad entre ambos dirigentes, estuvo siempre el infinito agradecimiento de Nelson Mandela a la ayuda brindada por Cuba y su contribución decisiva a la eliminación del apartheid en su país, pues con la victoria de Cuito Cuanavale en Angola y la derrota de los mercenarios surafricanos, la independencia de Namibia y Suráfrica fue un hecho.

El prisionero con el número 46664 y primer presidente negro de Suráfrica, que pasó la mayoría de esos 27 años confinado en una celda húmeda de apenas 2,4 metros de alto por 2,1 de ancho, al hablarles a internacionalistas cubanos les dijo:

“Vinieron a nuestra región como doctores, maestros, soldados, expertos agrícolas, pero nunca como colonizadores. Compartieron las mismas trincheras en la lucha contra el colonialismo, subdesarrollo y el apartheid. Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo. Compartieron las trincheras con nosotros en la lucha contra el colonialismo, el subdesarrollo y el apartheid. Cientos de cubanos dieron sus vidas, literalmente, en una lucha que era, ante todo, nuestra, no suya. Como sudafricanos, les damos la bienvenida”.

En la colina del Parque de la Libertad de Pretoria hay una piedra de 700 metros donde, entre otros nombres, se encuentran grabados los de los combatientes internacionalistas cubanos que lucharon por la liberación de África. Este mausoleo fue inaugurado en el 2007, impulsado por el mismo Nelson Mandela.

El 11 de febrero de 1990 —hace ahora 28 años— Nelson Mandela, ante unos 50 000 compatriotas que habían ido a recibirlo tras su salida de la cárcel, afirmó: “He soñado con un ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal que espero vivir y lograr. Pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Así lo dijo, y lo cumplió.


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