Pedro Antonio García: Llevar la historia al periodismo


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Imagen de portada: Para Pedro Antonio García, Premio Nacional de Periodismo Histórico por la Obra de la Vida (2021), el periodismo debe contribuir a la divulgación y entendimiento de la historia.

 

Pedro Antonio García tiene tantas cosas por contar que, a veces, cuando uno intenta entrevistarlo para hablar de periodismo histórico, resulta imposible no dejarse atrapar por sus vivencias y anécdotas, o por los relatos de un Camilo Cienfuegos de apetito voraz, un Frank País bastante seductor o una compañera de Mella que no fue Tina Modotti.

El más reciente ganador del Premio Nacional de Periodismo Histórico por la obra de la Vida (2021) ha incursionado en la prensa escrita, la radio y la televisión, poniendo en práctica la máxima de Kapuściński de que “todo periodista es un historiador”. Desde su formación como maestro de Historia en la Universidad de Ciencias Pedagógicas, de historiador, en la Universidad de La Habana, y de periodista, en la “escuela” del diario Granma, ha asumido la misión de acercar al público a los hechos y personajes del pasado, desde una perspectiva humana.

Su pasión por el tema, que le viene desde la infancia y adolescencia, echó raíces en el periodismo bajo la tutela de nombres como Rolando Pérez Betancourt, Mirta Rodríguez Calderón, Susana Lee y Gabriel Molina. Lo que partió de una escritura rígida y de forma académica, se fue puliendo con la práctica hasta desembocar en un estilo cronicado; y el profe Pedro, tres décadas más tarde, aún recuerda a su subdirector, Guillermo Cabrera Álvarez, diciendo: “¿Tú sabes que ya estás empezando a saber escribir?”, y a la historiadora Olga Portuondo, afirmando que una crónica de él sobre la campaña de Maceo en Pinar del Río, había sido “lo más bello que había leído en Granma”.

“Pero en aquel entonces, los noventa, el diario tenía un grave problema”, rememora: “Cuba no generaba muchas noticias, pero había que llenar las páginas con algo. Aproveché entonces ese margen, y comencé a publicar dos o tres trabajos históricos semanales: textos con algún matiz narrativo, buscando aristas poco conocidas de los hechos”.

–¿Y alcanzaba el material para publicar tanto?

Bueno, a veces había que “inventar”, en el sentido que, en vez de solo hablar de las grandes batallas, se hacía también de las pequeñas; y en un trabajo que quizás podía abordar tres hechos históricos relacionados, se trataba uno, y se apelaba a la recreación histórica.

Recuerdo un viaje a Pinar del Río por mi cuenta: fui a Tapia, a un lugar que Maceo bautizó como Peleadero de Tapia, pues hizo 16 combates en 14 días (¡tremendo average!). Y estando allí, el historiador de Pinar me comentaba los sucesos y señalaba los sitios, y así tuve mucho más material para mi texto. Ya con los diarios de Quintín Bandera y otros patriotas, comencé a reconstruir esos escenarios, y a la gente le gustó esa manera de contar la historia.

Pero no todos mis trabajos estuvieron exentos de errores. Claro que cometí mis pifias, y cuando uno escribe mucho, más posibilidades existen de publicar un error. Por ejemplo, hice una aseveración sin verificar en un trabajo: “las expediciones de la Guerra de los Diez Años se pueden contar con los dedos”. Entonces, una historiadora fue a ver a Guillermo Cabrera, protestando por el error: “¿Y cuántas fueron?”, preguntó él. “¡Diecisiete!” Y Guillermo, que tenía un ingenio y un humor tremendo, empezó a contar con los dedos de las manos: “Cinco aquí, diez aquí”. Y siguió contando con los pies: “Quince, y dos más… ¡diecisiete! ¿Vio? ¡Se pueden contar con los dedos!” La historiadora me fue a ver después y me dijo: “¡Qué ganas tengo de matar a tu subdirector!”

Los errores son humanos, y no hay que temerles; lo que sí debemos ser lo más profundos que podamos en la investigación, para que ocurran lo menos posible. Hay que verificar las cosas dos y tres veces, e ir a las fuentes primarias, las originales.

–Y en esa época, mediados de los ochenta y los noventa, ¿era muy recurrente el periodismo histórico en la prensa cubana?

No tanto. Recuerdo en los noventa a Katiuska Blanco, que mientras trabajó en Granma, hizo algo también de ese corte. Estaba Luis Hernández, de Juventud Rebelde, y luego Ciro Bianchi, que a finales de los años noventa comenzó a publicar con regularidad sus crónicas históricas… Y en los ochenta brillaron Josefina Ortega, Clara Mayo y Mariano Rodríguez en el diario de la juventud cubana.

–¿Cree que podamos hablar de una tradición de periodismo histórico en Cuba?

Sí, creo que existe una tradición. Antes de 1959, partamos de Pablo de la Torriente Brau, Emilio Roig Leuchsenring, Jorge Quintana, Loló de la Torriente, entre otros; y, después, Mario Mencía, Pedro Pablo Rodríguez, Tabares del Real, Julio García Luis, Víctor Joaquín Ortega, Joel Morlot, en diferentes medios de prensa. Ya en este mileno, Luis Raúl Vázquez, Igor Guilarte, Pastor Batista, Pedro Mora y Emilio Herrera Villa. No creo que falte relevo, pero sí que se debe estimular ese relevo. Y el hecho de que todos los años se convoque a un certamen de periodismo histórico para premiar el mejor trabajo, es una buena manera.

Este año se recibieron 56 trabajos, incluso de publicaciones que no han presentado con frecuencia trabajos de este corte. Hubo una crónica excelente de Ivette Leyva, en El Artemiseño, que no tiene más de 50 líneas, y obtuvo mención. Luis Raúl (Vázquez) también hizo un trabajo muy bueno: tomó un hecho muy recurrente en la prensa —la voladura del vapor La Coubre— y explotó las aristas menos conocidas.

Ahora bien, esa tradición de la que hablo hace falta estimularla, mantenerla; no desestimularla, como ocurre lamentablemente en algunos órganos de prensa, de cuyos nombres no quiero acordarme.

“Esa tradición de periodismo histórico de la que hablo, hace falta estimularla, mantenerla”, opina el profe Pedro.

–¿Por qué dice que se desestimula?

Porque, por ejemplo, se publican trabajos de ciencia y tecnología a página completa, pero un periodista lleva un texto sobre historia —bien escrito, con un buen soporte fotográfico—, y solo aparece en la página web. En el período del concurso hubo un texto que leí, publicado online y el órgano no lo presentó. De haberse hecho, podría haber aspirado al premio.

También ocurre otro fenómeno: el anti-periodismo histórico, que es el periodismo de efemérides. Son esos que dicen: “un día como hoy, pero de 1950 y pico, nació… De pequeño, combatió la injusticia…”, y dejas de leer, porque es lo mismo de siempre.

–De ahí la importancia de buscar aristas poco conocidas…

Sí, pero la cuestión no es solo buscar nuevas aristas o detalles poco conocidos. Es también verificar si la fuente a la que acudes es confiable. Muchas veces he visto, sobre todo en televisión, que llega un veterano de una guerra y dice: “Yo tengo la última…”. Y suelta por ahí una barrabasada. No se le cuestiona. Y salen a la luz errores así…

También hay que ser cuidadosos y evitar citar las fuentes que citan otras fuentes: la multiplicación. Se debe acudir a las fuentes originales, pues si tomas como referencia a alguien que ya partió de lo que dijo otra persona, al final, todo eso cuenta como información una sola fuente. Y es un problema muy grave que tienen la investigación y el periodismo históricos.

Fidel una vez dijo: “Al pueblo no le vamos a decir ‘cree’. Le vamos a decir: ‘lee’”. Por eso, como periodista, uno tiene siempre que comprobar los hechos. Incluso a Fidel hay que verificarlo, porque en algún momento, en una entrevista o en un discurso, se le pudo ir un gazapo o pudo decir una cosa, en un instante emocional intenso, que no fuese precisa. Por eso, los libros de Katiuska Blanco sobre él, fueron vistos, revistos, verificados, antes de su publicación: para que salieran limpios.

Cada dato que aparezca en un texto periodístico, tiene que contar con el respaldo de una fuente confiable. Por muy romántica que sean las leyendas y algunos cuentos de la tradición oral, hay que apegarse a los hechos, a lo que está comprobado y recogido.

–A su juicio, ¿qué se necesita para hacer un buen periodismo histórico?

Lo que Raúl Roa decía que era necesario para todo periodista: cultura, cultura y cultura. “¿Y cómo se adquiere cultura?”, le preguntó Ambrosio Fornet. “Con muchas horas nalga… leyendo mucho”.

Las academias de Periodismo te preparan con las herramientas básicas, pero no te lo dan todo: son un punto de partida, no una meta. Y el periodista que no continúe con el aprendizaje diario… bueno… Es muy triste el que intenta hacer un trabajo, y no sabe de qué está hablando. Si usted va a entrevistar a un historiador, tiene que documentarse sobre ese historiador y sobre el período histórico que va a abordar en su trabajo. Entonces, mucha cultura: eso vale para el periodismo histórico y para todo el periodismo.

–¿Comparte la visión de periodismo retrospectivo que propone, desde la academia cubana, la profesora Iraida Calzadilla?

Es una línea de investigación que me pareció interesante mientras estuve al tanto, pero no la he podido seguir en los últimos dos años. ¿Qué entiendes tú por periodismo retrospectivo?

Le respondo: Diría que es una forma de periodismo que intenta buscar un vínculo con el presente, y que, a diferencia del periodismo histórico tradicional, que acude fundamentalmente a las fuentes documentales, intenta llegar a una fuente directa, partícipe o relacionada con un suceso, que pueda servir como narrador, y que, a la vez, reflexione, juzgue y valore ese contexto. Que lo interprete y vea la historia desde un punto de vista novedoso.

Por lo que me dices, parece que tiene que ver mucho con el concepto de historia inmediata o historia presente, que propone Pablo González Casanova, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y dice: “esto que estamos haciendo ahora, dentro de un mes será historia”.

¿Cuál es, según Casanova, el defecto de este concepto? Que puede llevar un poco profundo poder de análisis, porque como hablas de hechos que acaban de ocurrir, quizás no tengas la sedimentación o la información completa de lo que pasó.

Sin embargo, sé que Iraida ha extendido más sus estudios y propone en realidad nuevas miradas desde una colectividad de opiniones que pueden coincidir o no, un intento, en suma, de mostrar la historia desde miradas plurales. La profesora incluye tanto el pasado lejano como cercano, lo histórico en su concepción tradicional y todo acto de la vida misma, es decir, ve los hechos como fenómenos históricos-culturales en su devenir en la sociedad.

Es un tema del que espero debatir pronto con ella, porque me parece novedoso, interesante, y que tiene mucho que aportar. Incluso, yo llegué a decir, en un Congreso Nacional de Historia, que lo que entendía como periodismo retrospectivo —esa idea de interpretar los hechos, de traer la historia al presente— era lo que, en el futuro, debía ser el periodismo histórico.

–Después de tantos años de trabajo dedicado a la profesión, ¿qué representa para usted haber sido galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Histórico por la Obra de la Vida?

Chico, me parece que es, ante todo, un honor. Porque ten en cuenta que este Premio de Periodismo Histórico por la obra de la vida había sido otorgado solo una vez —a Julio Batista, en el 2005—, pero en aquel entonces era solo auspiciado por la Unión de Historiadores de Cuba. Este año, también estuvo organizado por la UPEC, así que es eso: un gran honor.

Sé que ya no estoy en mi mejor momento —tengo 68 años y la vista me está fallando—, y va siendo hora de darle el espacio a otros. Como profesor, he vivido la satisfacción de que varios estudiantes se han inclinado a seguir el camino de la investigación histórica. Y eso es lo que me queda: seguir preparando a ese relevo, porque quien olvida su historia, está condenado a cometer los errores del pasado.

Lo que siempre he querido con mi trabajo es llegar al público, a los distintos tipos de público, y rectificar algunos conceptos erróneos en la historia (porque todo el mundo piensa que sabe historia de Cuba y eso no es así). Y creo que, con mi trabajo en Granma, Somos Jóvenes, Bohemia y la televisión, es lo que he hecho. No te digo si este es un premio merecido o no, porque no soy quién para hacerlo. Eso, que lo digan los lectores…

 

 

 

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