"La vida cambió"


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El Arte es largo y el Tiempo es corto.

Buenas tardes, el poeta francés Charles Baudelaire en su poema El poeta ignorado afirmaba, y cito textualmente: “…por más que se ponga amor a la obra/el arte es largo y el tiempo infinito…”; fin de la cita. Entonces, en acto de amor para honrar al arte y por respeto al tiempo de los aquí presentes, evitaré extenderme más allá de lo que la justeza amerita; pues hay poetas aquí que merecen el derecho al verbo y a la música.

Se ha convertido en una tradición que cerca de finalizar el año BIS MUSIC y Manolito Simonet reúnan a muchos de los aquí presentes para anunciar proyectos, compartir ideas y pedirnos que les acompañemos y juzguemos. Esta cita es en mayo, lo que implica que en diciembre no nos encontraremos.

Veinte y cinco años atrás, por caminos diferentes,  Manolito Simonet y BIS MUSIC comenzaban su andar en la música y la cultura cubana en general. Nadie podría prever que sus caminos un día se entroncarían. Fueron tiempos difíciles en los que —permitan mi franqueza que tal vez juzguen descaro— pocos, muy pocos, confiaban en estos dos proyectos.

BIS MUSIC debía competir, en total y franca desventaja, con ART COLOR, CARIBBEAN PRODUCCION, MAGIG MUSIC, IRE PRODUCCION, EUROTROPICAL y algunos otros nombres de empresas discográficas que se pierden en la memoria colectiva. Algunas de ellas fundadas a la carrera por filibusteros y farsantes listos a devorar lo que fuera posible dentro del patrimonio musical cubano en esos años noventa.

Nadie debe olvidar que incluso algunas grandes figuras de la música cubana, miraron por encima del hombro a este sello discográfico; que paradójicamente, años después, les acogería.

Manolito Simonet llegaba ese mismo año a esta ciudad. Traía un baúl de sueños como equipaje y un grupo de hombres que quemaron las naves para secundarle en su aventura musical. En ese entonces pocos confiaban en que lo lograría. Las reglas del juego habían cambiado súbitamente. Venir de tan lejos, del Camagüey a La Habana, a fundar una orquesta en tiempos en que algunas con nombre y trascendencia comenzaban a desaparecer, en tiempos en que el público solo seguía y respondía a determinadas propuestas musicales; podía ser catalogado como un acto festinado, suicida. Francamente parecía que no había espacio para uno más. Parecía.

Simonet, veinte y cinco abriles más joven, fue dejando la piel en busca de su espacio, esos primeros años. De ello fui testigo y alguna vez cómplice; lo mismo que los muros de la Terminal de Ómnibus o algún rincón del Cristino Naranjo; pero sobre todo el viejo espacio de la calle 11 y Paseo en el Vedado, donde puede ubicarse el núcleo fundacional de la orquesta, donde por vez primera le escuché decir “…esta orquesta se llama el Trabuco… y tú verás el ruido que va a hacer…”. Era el optimismo de la juventud.

Y así habría de ocurrir. Simonet prefirió —sabiamente— correr el riesgo de grabar su primer disco con EGREM y tener un argumento necesario para enfrentar aquellos años. Después apostó — inteligentemente—, a EUROTROPICAL/MANZANA en busca de una plataforma internacional diferente a la que se había establecido en el país y logró abrirse puertas. Hasta que llegó la hora de mirar hacia adentro y ahí estaban las puertas de BIS MUSIC a su disposición.

El Trabuco inicialmente era una charanga muy al estilo de la que desde fines de los sesenta había definido Juan Formell, solo que no tenía guitarra; pero Juan era solo el punto de partida, no una fórmula a copiar. Simonet tenía bien claras sus ideas musicales, sabía qué camino tomar —el más arriesgado— para marcar su diferencia, su distancia, como él mismo llegó a decir.

Y esa distancia, esa diferencia, es la que nos reúne esta tarde. Hay un sonido Trabuco, hay un estilo Simonet para escribir la música; se expresa en los mambos, en los solos de piano y en la forma de componer para el bailador. Eso le ha permitido jugar con distintos estilos sonoros: recuerden su coqueteo con la cumbia y el vallenato, sus guiños con el hip hop; por solo citar tres ejemplos que tal vez estén viajando del subconsciente de los aquí presentes, a sus labios y pies. No se avergüencen en repetirlos, ¡hágalo a viva voz!; estamos aquí por la música.

Cuenta el Diccionario Oxford de la Música que en 1893, en uno de los grandes salones franceses donde se reunían los grandes músicos de la época, alguien se atrevió a presentar una charanga cubana para homenajear a los Reyes de Austria y a la familia de los Habsburgo. Entre los presentes estaba el compositor italiano Giacomo Puccini que era el más aclamado músico del momento, también estaba el violinista cubano Claudio José Domingo Brindis de Sala. Se dice que al terminar de ejecutar danzones el compositor italiano llamó esta música “…un bello disparate musical y lamentó que tal formación de músicos hubiera llegado a maltratar los sublimes encantos de las notas…”

Dicen que Brindis de Sala ejecutó en violín una pieza romántica con sus compatriotas después de escuchar tan maña ofensa y los presentes aplaudieron hasta el agotamiento. Casi un siglo después, Simonet con su Trabuco, una charanga, deleitó a otros Habsburgo con sones, guarachas y danzones y los aplausos aún se escuchan.

La vida cambió. Esta es la sentencia con la que Manolito Simonet nos reúne esta tarde. Es cierto, ya no somos los mismos, pues canas y algunas protuberancias abdominales nos han nacido; no hay que avergonzarse de ello. Sin embargo; este es el disco que habremos de escuchar donde mejor nos plazca, las veces que lo deseemos o que sea necesario; por esa causa estamos aquí. Es el disco con que BIS MUSIC Y Manolito Simonet celebran sus bodas de plata.

Debo decir que no es el mejor disco del Trabuco –el mejor está por escribirse y grabarse—pero sí es el disco en que se refuerza y define más claramente el sonido que por años Simonet, sus músicos (los que le acompañaron en la aventura fundacional y los que después se han sumado) y amigos como Germán Velazco, entre otros, defienden; el que le diferencia del resto de sus contemporáneos, por el que comienza a ser reconocido, el que consolida su impronta en la música cubana en general. El Trabuco ha sido, desde mi punto de vista, una de las orquestas cubanas con más sentido dialéctico de los últimos treinta años; eso lo afirman los bailadores y no les falta razón.

Entonces, estamos justo en el camino del arte. Y ese camino nos reúne aquí. Simonet ha dejado de ser un pianista de son, para convertirse en un artista, y BIS MUSIC ama a los artistas, lo mismo que muchos de nosotros.

Veinte y cinco años han pasado desde que nos cruzamos por vez primera. Ya Pablo Neruda no es mi fetiche para enamorar mujeres y Manolito Simonet ha logrado parte de esos sueños que me contó apresuradamente y de los cuales he sido testigo y actor. Hoy nos une una amistad que comenzó cierta tarde en que Luis Duvalón nos presentó diciendo “…míralo bien, porque de él un día vas a escribir…” así ha sido desde hace algunos discos.

Ha terminado mi Tiempo, dejad entrar al Arte.

Muchas gracias.

Presentación del disco La vida cambió en el hotel Riviera de La Habana, el 18 de mayo del 2017

 


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