Tania Candiani: “Para mí la Bienal es un reto maravilloso”


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Tania Candiani (Ciudad de México, 1974)

Dentro de las artistas latinoamericanas invitadas a la XIII Bienal de La Habana, destaca Tania Candiani (Ciudad de México, 1974), dueña de una muy exitosa y multifacética trayectoria en su país y a nivel internacional.

En las tradicionales tonadas y el encaje de bolillos de Trinidad, Ciudad Artesanal del Mundo, se inspiró el proyecto que trae al evento, el cual se inserta dentro de la línea de trabajo que desde hace algunos años desarrolla con el sonido, la cultura popular y el modo en que el espacio transforma la percepción.

“Cuando desde el Centro Wifredo Lam me invitaron, me dijeron que estaban interesados en un cuerpo de trabajo que se llama Cromática, que es una gran serie de obras que hice en 2015 en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, ciudad que tiene una gran producción textil de telares y también de cerámica y muchas cosas más. Hay talleres de artesanos trabajando y un rescate importante de la labor tradicional y de la labor manual.

Entonces querían que trajera esa exposición para la Bienal, pero es una muestra muy complicada porque tiene muchos registros en video y hay piezas físicas de gran formato. También en ese momento hubo un cambio de gobierno en mi país, quedando las instituciones culturales sin cabeza por un tiempo y no había recursos ni apoyo para mover las obras.

Me era muy importante, sobre todo, responder al contexto específico de la Bienal de La Habana. Para mí no tenía mucho sentido traer a Cuba una exposición que tiene el contexto mexicano porque no iba a producirse el diálogo.

La parte matriz de aquel trabajo tiene que ver con el sonido del trabajo artesanal. Yo conocí en Oaxaca a un artesano al que le resultaba curioso que me interesara ese sonido porque para él era importantísimo el sonido en su trabajo. De hecho, había partes de su labor que las hacía a oscuras para poder escuchar cuando el hilo se rompía.

Eso fue revelador y me abrió los ojos hacia una muy específica atención al sonido del trabajo que en ese momento yo llamaba coreografía de la labor. Así hay piezas que tienen que ver con el discurrir del trabajo, entendido como un momento estético casi coreográfico.

Luego de que me invitaran a la Bienal empecé a investigar sobre tradiciones artesanales de Cuba. Encontré una mención sobre los cantos de trabajo de los esclavos en los campos de caña de azúcar y en las barracas donde los ponían a vivir en aquella época. Se me hizo muy interesante porque además se conecta con una historia que es poco dicha. Hablar del período de la esclavitud es siempre muy doloroso, entonces se menciona poco.

Le escribí a Ibis Hernández, la curadora del Lam que me atiende, y le dije que me interesaba muchísimo ver esto y lo que sucede con el textil. Ahí ella me puso en contacto con Rosa Juanpere, miembro de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, quien me dijo que tenía que ir a Trinidad, pues además de que están las tonadas trinitarias, hay una tradición textil muy importante.

Cuando en enero viajé a Cuba para sentir el contexto que tendría mi obra, conocí en Trinidad las tonadas trinitarias y a Adriana Martínez, que es una artesana especialista en los tejidos de bolillo y en el frivolité, algo que tiene que ver con la tradición colonial”.

Así contó Tania Candiani al Blog Cubarte el origen del proyecto Del sonido de la labor que presentará en la XIII Bienal de La Habana.

Según explicó la artista, el mismo consta de tres piezas ubicadas en igual número de locaciones de La Habana Vieja. En el CAC Wifredo Lam esta durante todo el evento la denominada Cantos de trabajo, un video en el que aparecen paisajes del Valle de los Ingenios; imágenes de las haciendas y ruinas de los barracones que existen allí; algunos textos y el coro que interpreta en el material un canto de trabajo, otro de burla al patrón blanco; así como un tercero en el que le suplican permiso para cantar.

En el vestíbulo de la residencia estudiantil Galbán Lobo de La Habana Vieja, cuyos muros están cubiertos de murales que muestran el proceso de producción del azúcar, el día 12 se realizó un performance, en el que los músicos trinitarios interpretaron en vivo estas canciones, junto al coro Solfa de la Schola Cantorum Coralina y estudiantes de canto lírico.

La segunda obra de este proyecto se titula Uno nunca ve lo que se ha hecho; sino que ve lo que queda por hacer y se desarrolla en la Casa Simón Bolívar, donde Adriana Martínez teje con bolillos durante toda la Bienal un encaje de tres metros de extensión, en el que finalmente podrá leerse un texto sobre el trabajo de la mujer en el cuidado de la casa, de la familia. Visualizar la labor de esta artesana trinitaria y escuchar el sonido producido por los bolillos mientras ella teje, es la propuesta de la pieza en cuestión.

La lectora se titula la tercera obra de este conjunto que presenta Tania Candiani, la cual consiste, de acuerdo a sus palabras “en trasplantar a El Quitrín, un taller de confecciones de ropas existente en la calle Obispo, la tradición del lector de tabaquerías”.

Dos labores, la de la lectora y la de las costureras; así como dos sonidos, el de las máquinas y el de la voz humana, se suman en esta pieza.

La belleza, como categoría estética, qué lugar ocupa en tu obra. ¿Te preocupa o no?

“Siempre me preocupa el espectador. Sí me interesa la belleza en las cosas, soy súper visual. Por ejemplo, cuando hago video me preocupa mucho que cinematográficamente sea precioso. Me gusta que sea una imagen que llene el ojo, que evoque.

Pero sobre todo me interesa que exista una posibilidad de diálogo con el espectador. No me gusta hacer obras cerradas, demasiado conceptuales. No apelo a hacer vínculos con la historia del arte a priori. No me interesa.

No me interesa teorizar, ni decirle a la gente que tiene que pensar sobre mi trabajo. Lo que sí me interesa es dejarle pistas para que pueda llegarle por algún lugar. Que le produzca algo; ya sea por el olor, la textura, el uso que tiene determinado objeto que empleo. Algo que lo tome de la mano y lo conduzca hacia otro punto”.

Tus proyectos son cada vez menos individuales. A lo largo de tu carrera has ido sumando colaboradores de otras disciplinas.

“Eso es lo que enriquece el trabajo. Trabajar con colaboradores va nutriendo el proyecto. Todos aprendemos de todos. Es un reto que nunca es unilateral, va para todos lados. Entre todos vamos conociendo.

Yo invito y digo lo que quiero hacer. Cómo lo vamos a hacer, no sé. Vamos a pensar entre todos cómo lo vamos a resolver. En general, eso funciona; ya sea una máquina con un sistema tecnológico extraño que no tengo ni idea de cómo programarlo. Entonces busco un programador, un ingeniero, un no sé qué, les digo lo que quiero y cómo quiero que se vea. Ahí empezamos a investigar entre todos.

Igual pasa en un proyecto análogo con un artesano, con un carpintero. Es como sacar a la gente de su área de confort y utilizar todo su conocimiento para resolver una cosa que, por supuesto, más tarde se da cuenta de que la puede hacer. Entonces es muy bonito escuchar Yo no sabía que podía hacer estas cosas. Pero qué bueno ver que también soy capaz de todo esto”.

¿Qué expectativas te despierta la Bienal de La Habana?

“Para mí es un reto maravilloso. Es la primera vez que hago una pieza que sucede al mismo tiempo en tres lugares diferentes y que funciona como una sola. Espero que se pueda entender de esa manera.

Espero también que tenga repercusión; pero ya estoy contenta con el hecho de que venga la gente de las tonadas trinitarias y enseñen cómo interpretar esa música a los del otro coro; porque están pasando una tradición a un grupo de personas que, a su vez, se las transmitirán a otros.

El que Adriana, que dice que ha batallado porque ya a nadie le interesa el bolillo, pueda hacer esta pieza tan grande, donde la gente va a ver todo el trabajo en el contexto del arte contemporáneo, da una posibilidad de entender esa labor de otra manera. La artesanía se verá con los ojos del arte contemporáneo y me dan muchas ganas de saber cómo los curadores van a leer el trabajo de ella.

No mi propuesta, sino la misma labor de ella; su ejecución, el tiempo de trabajo y el cuidado que le pone. Para mí siempre es un reto sacar las cosas de un lugar, ponerlas en el otro y ver qué puede uno remover con eso”.

 


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