Un son a la medida del mundo (+Video)


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                Presentación del "CD De Cuba pa´l mundo entero" en el Habana Café del Hotel Cohíba. Foto: Gustavo Rivera.

A mediados del año 1979 la EGREM, por aquel entonces el único sello discográfico existente en Cuba en esos momentos, puso en circulación un disco donde se presentaba por vez primera una agrupación originaria de Santiago de Cuba que respondía al nombre de Son 14;  era un Conjunto sonero tal y como lo había concebido Arsenio Rodríguez medio siglo antes. El fonograma llevaba por título A Bayamo en coche y la agrupación era dirigida por un joven que respondía al nombre de Adalberto Álvarez.

El disco en cuestión se convirtió en todo un acontecimiento dentro de la música cubana y Son 14 pasó a ser la agrupación musical más demandada en todas las fiestas y actividades sociales del país. En menos de un año habían logrado lo que a muchos les cuesta varios, incluso toda la vida: ser la orquesta más popular del país.

Tras su salida de Son 14, Adalberto apostó por una nueva formación a la que nombró Adalberto y su son; y como ocurrió años atrás, sus composiciones volvieron a calar en el gusto de públicos de diversas tendencias musicales. Cada tema que proponía gustaba y sus estribillos comenzaban a formar parte del habla cotidiana.

Si Adalberto con Son 14 había abierto las puertas a nuevas formas de entender y ejecutar el son, ahora, con su nueva formación, se arriesgaba a reinterpretar a los clásicos del género desde la altura de su tiempo. Así fueron pasando los años ochenta, los noventa —con toda la carga histórica y social convulsa en la que su papel de vanguardia se refuerza al escribir el manifiesto religioso de la época: Voy a pedir pa´ ti—, hasta llegar a los primeros años de este nuevo siglo en el que su música ha logrado capear el temporal sonoro que ha impuesto los tiempos.

Mantener la autenticidad, acercarse a nuevos actores sociales nacidos y formados con una cultura basada en la obscenidad y la más saturante marginalidad no es tarea fácil; sin embargo, Adalberto se ha propuesto retomar la senda del son nuevamente, solo que apelando a su principal arma: la capacidad regeneradora del son; esa virtud de poder asimilar todas las influencias posibles y relanzarlas a partir de su interpretación.

Han pasado cuarenta años desde aquella aventura fundacional ocurrida en Santiago de Cuba, en el cruce de Trocha y Carretera del Morro; y treinta y cinco desde que fundó su actual agrupación. El mundo y la música ya no son como ayer, aunque “Elena la cumbanchera” siga a la espera de su oportunidad para bailar.

Entonces, qué nos propone Adalberto Álvarez este 2018, después de algún tiempo alejado de las lides discográficas. Ha regresado al camino, partituras bajo el brazo, para justipreciar el son en estos tiempos; o simplemente se trata de un disco más para llenar anaqueles y evitar que su trabajo caiga en el olvido. Son algunas de las penas que no me matan, pero se atropellan mientas me dispongo a escuchar el CD De Cuba pa´l mundo entero (BIS MUSIC 924).

Tras una larga escucha me atrevo a concluir que este disco es una combinación de los dos factores: volver y defender.

Todo retorno implica riesgos y abre las puertas a las debidas y necesarias comparaciones, y de ello no está exento el trabajo de Adalberto y su propia música; y es que desde siempre le hemos estado pidiendo que supere esos límites que él ha ido imponiendo a lo largo de su carrera; pero hay que entender que el paso del tiempo y el entorno social tienen una marcada influencia en toda labor creativa. Se gana experiencia pero se corre el riesgo de perder seguidores. Esa es una máxima que funciona para todos los órdenes sociales.

Lo arriesgado del CD De Cuba pa´l mundo entero estriba en las propuestas temáticas del disco; aquí vemos a un Adalberto que sabe escribir los temas que un bailador “no contaminado” sabe apreciar, que regresa al mundo de las versiones, tanto de temas suyos recogidos en discos pasados –El mal de la hipocresía es un buen ejemplo—como de aquellos temas que hoy disfrutan los diversos públicos que componen el entramado social.

Y aquí es preciso llamar la atención. El público que ha acompañado el trabajo autoral y musical de Adalberto Álvarez ha envejecido lo mismo que él –hace cuarenta y cinco años que comparten un espacio social—y las generaciones que han llegado tienen una formación estético musical distinta y diversa; para ellos el sonido que defiende el sonero cubano no les representa, aunque bailen casino,  vayan a la Tropical y admitan o acepten la lírica cuidada de sus textos.

Presentación del CD De Cuba Pal Mundo Entero. Foto: Gustavo Rivera Presentación del CD De Cuba Pal Mundo Entero de Adalberto Álvarez. Foto: Gustavo Rivera 

Sin embargo, pienso que este disco puede ser una reconexión con una parte importante de los amantes de la buena música.

El otro argumento que llama la atención es que sí era necesaria una presencia de su música en los anaqueles. Se trata de estar; la presencia es sinónimo de existencia, de retomar al menos los blasones para que una parte importante de la tradición musical cubana de estos tiempos no sea avasallada por los “demiurgos de la nostalgia” que encuentran en estos tiempos terreno fértil para negar el pasado reciente (¡oh siervos dóciles de la ignorancia!).

Donde el mundo le viene encima al disco, y de hecho lo minimiza, es en el diseño de su portada e interiores. Es tal la pobreza de su propuesta que a primera vista puede provocar rechazo. Es lamentable la ausencia de una originalidad creativa. Haber apelado al uso de los fotogramas provenientes de un audiovisual pudo ser interesante si las imágenes tuvieran una calidad a toda prueba, pero en su conjunto son lamentables y no justiprecian la propuesta musical.

Entonces todo queda en manos de la música y lamentablemente el efecto de la primera impresión —vista hace fe— se convierte en motor para que quienes deben promover comercialmente este disco, lo envíen a la sección de misceláneas. Adalberto y toda su obra no merecen tal tratamiento.

A la medida del mundo se ha hecho este disco. Una medida en la que los fantasmas de Arsenio Rodríguez y Miguel Matamoros siguen estando presentes. En lo personal me adscribo a quienes lo han de bailar… del resto del mundo no opino, pero espero solidaridad para esta causa.

 


1 comentarios

Julio
2 de Junio de 2018 a las 22:03

La mejor orquesta de Cuba. Con un tremendo tiempo musical para el bailador. Siempre he querido verla en vivo cuando voy a Cuba desde PR pero por el horario tarde que toca no he tenido la dicha. Aunque vi a Adalberto y su son con Gilberto en el Viejo San Juan.

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