Yaimí Ravelo: La fotografía no tiene límites


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Foto de portada: Yaimí Ravelo, fotoperiodista (Roberto Chile).

 

«Yo no busco una buena fotografía; yo veo una buena fotografía» Raúl Corrales

“Rubia, cubanísima, de abuela negra, Yaimí Ravelo tiene una honestidad y una nobleza tan grandes que la hacen empinarse y crecerse cualesquiera que sean los desafíos”. Lo dice la periodista Graciela Ramírez, directora de “Cuba en Resumen”, la corresponsalía en La Habana de Resumen Latinoamericano, multimedio argentino donde la joven fotorreportera labora desde 2017.

Enamorada del oficio de ponerle imagen a la noticia, Yaimí tuvo su bautizo de fuego como corresponsal del periódico Granma en Venezuela. Los momentos vividos allí, y particularmente una de sus fotografías, marcaron su destino. “A partir de ese día escalé otro nivel como fotorreportera y también como ser humano. Me dije: Nada me detendrá”.

Para ésta artífice del lente, “la fotografía no es solo un arte y un oficio, es una actitud ante la vida”. Basta mirar algunas de sus imágenes para descubrir la sensibilidad que predomina en su narrativa fotográfica y la sagacidad de su mirada.

—En tu narrativa fotográfica predomina la sensibilidad que te caracteriza. Sobresale, entre tus imágenes más representativas,  una en que se ve al presidente venezolano Nicolás Maduro rodeado de una multitud en marcha por una calle de Caracas ¿En qué circunstancias la tomaste?

—Fue durante una marcha que se realizó el 12 de febrero del 2014, a solo seis meses de ejercer Nicolás Maduro oficialmente el cargo como presidente de Venezuela. Ese día estalló un intento de golpe de estado en el país. Había violencia en las calles como consecuencia de las guarimbas. No había transporte público, no funcionaba el metro de Caracas, el ambiente era caótico. Yo llevaba 10 meses en Venezuela y por suerte ya conocía las calles principales de la ciudad. Un periodista del Sistema Informativo, su compañero camarógrafo y yo como fotorreportera del periódico Granma, decidimos ir caminando hasta el lugar donde estaría Maduro junto a los jóvenes que contrarrestaban el golpe que gestaba la derecha venezolana, pues sentíamos la necesidad de enviar a Cuba información e imágenes de lo que se estaba viviendo en ese momento en esa ciudad, donde se libraba además una fuerte guerra mediática.

“La multitud era tan grande y estábamos tan centrados en hacer nuestro trabajo, que terminamos separándonos. De pronto me vi sola con mi cámara tratando de encontrar un lugar donde posicionarme. Entonces logré que una familia me permitiera subir en el techo de su casa, y desde allí, pude ver a Maduro rodeado de un mar de pueblo y tomar esta y otras fotografías de aquel histórico momento con una cámara NikonD200 y un lente zoom NIKKOR 80-200mm f/2.8D”.

Maduro en marcha con estudiantes. Foto: Yaimí Ravelo

—¿Qué significado tiene esta imagen en tu carrera?

—Ese momento marcó profundamente mi formación como fotógrafa de prensa. Sentir la necesidad de tomar imágenes de un hecho o acontecimiento crucial de la historia de un pueblo, sin importar esfuerzo ni riesgos, genera la adrenalina suficiente para vencer cualquier obstáculo.

“Una no tiene idea de lo que es capaz de hacer hasta que te enfrentas a situaciones de riesgo para tu  vida. Para mí no existe competencia en la fotografía. Siendo esta una profesión tan subjetiva en cuanto a creatividad, todos los fotógrafos aportamos un valor ilimitado a la documentación de cualquier acontecimiento, de lugares o retratos de personas o figuras de significación pública”.

Sin miedo a Irma. Foto: Yaimí Ravelo

 —¿Qué es lo que más te motiva de tu labor como fotorreportera?

—Intentar brindar a la gente lo que aprecio a través del lente. Es un reto constante tratar de transmitir justo lo que estoy sintiendo en los diferentes escenarios donde me encuentro cuando tengo la cámara en la mano.  No hay una persona exactamente igual a otra, así ocurre con la fotografía a la hora de hacerla e interpretarla. Es un mundo fascinante donde se refleja la realidad en un constante juego de luces y sombras.

—¿Cómo te preparas en lo físico, técnico, mental y culturalmente para asumir los desafíos que exige esta profesión?

—La preparación es diaria, constante e, incluso, inconsciente. Es buen ejercicio para los hacedores de imágenes y facilita la preparación profesional ver  todas las fotografías posibles y ver películas con buena factura fotográfica. Ayuda mucho ver el trabajo de otros colegas, analizar los detalles, qué hicieron en los diferentes contextos, ángulos, encuadres, exposiciones de la luz. Identificar cómo lograron las imágenes que más impactan de ellos. Este ejercicio, lejos de la imitación —algo que creo imposible en nuestra profesión—, ayuda a eliminar los errores técnicos que puedan arrastrarse a la hora de manipular la cámara.

“Mi preparación mental ha estado muy marcada por la seguridad hacia el tipo de fotografía que defiendo, nada es incorrecto teniendo en cuenta que la fotografía es además creación y arte. Sin embargo, el fotoperiodismo lleva en sí “leyes” que debemos cumplir para la buena práctica de la transmisión de una información, a no ser que el uso del arte y de lo creativo en una foto informativa lleve consigo la semiótica de lo que se quiere transmitir. Caminar con la cámara a cuestas: el mejor ejercicio que podamos hacer los fotógrafos”.

—Comparto el concepto de que la fotografía no tiene límites; a mi modo de ver, ninguno. Sin embargo, la fotografía de prensa impone preceptos inviolables ¿Qué haces para saciar tu sed creativa y darle riendas sueltas a tu imaginación?

—Soy una mujer libre en un país libre. Me siento libre de pensamiento y ataduras morales, influida tal vez por la maravillosa tierra donde nací y crecí. Muchas personas, tal vez la mayoría, tienen un mundo interior oculto, inexplorado para el resto de la gente, ese mundo interior puede estar oscuro o lleno de luz, donde conviven los malos y los buenos sentimientos. De nuestra calidad como seres humanos depende que prevalezcan la luz y los buenos sentimientos.

“En el fotoperiodismo, desde mi experiencia, la libertad plena no existe, respondemos a la política editorial de un medio de prensa determinado y a las normas y preceptos de la fotografía de prensa. Depende entonces de nuestra creatividad romper algunos esquemas, pero es una batalla difícil a la hora de publicar, duele que no se publique una imagen que hiciste con pasión y que expresa algo profundo de ti por no ajustarse a los perfiles del medio.

“Los fotógrafos tenemos la suerte —y yo me siento afortunada en ese sentido— de mostrar a través del lente gran parte de ese mundo diferente y maravilloso que existe en la conciencia humana. Para mí la magia está en los detalles, en lo imperceptible, en los diferentes colores que adopta la vida cuando incide una buena luz.

“Tengo la dicha de trabajar para un medio donde la prioridad es la gráfica, donde la imagen —ya sea foto fija o vídeo— lleva la voz líder de la información. Un concepto muy acorde a estos tiempos, en los que evoluciona constantemente la manera de comunicar en las redes sociales.

“Soy feliz a plenitud cuando me refugio en el arte de la fotografía y puedo mostrar, como en mis autorretratos y otras experimentaciones, una parte de mí”.

Autorretrato. Foto: Yaimí Ravelo

Galería de imágenes de Yaimí Ravelo

Tornado en La Habana.

Rescate en el Saratoga.

Paz, fe y amor.

Milicianas.

Hasta la victoria siempre.

Duelo

Despedida.

Botazo.

 


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