Che sobre la colonización cultural


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Versión taquigrafiada del Discurso de Ernesto Che Guevara en acto público celebrado en el Parque Central de La Habana en la inauguración de Feria auspiciada por del Ministerio de Educación. 7 de octubre de 1959

Mis queridos compañeros:

 

Yo venía invitado por el Ministerio de Educación para dar una charla pequeña a un grupo de niños –aunque no veo niños por ningún lado– he subido a este estrado para tener un diálogo con escolares sobre algún tema de interés para ellos acerca de lo que podría ser la significación de la cultura en estos momentos revolucionarios. Como el público no es el que esperaba, desarrollaré el tema pero con algunas palabras diferentes.

Evidentemente, el tema de la significación de la cultura es algo que debe interesar a todos los sectores de la vida de una nación, en los momentos en que la revolución ha cumplido su primera etapa de derrocamiento del régimen adverso. En esta etapa constructiva, consistente en el desarrollo y aplicación de sus leyes revolucionarias y por ende, de afirmación revolucionaria, surge inmediatamente el conflicto entre las ganas de hacer, y la capacidad técnica o cultural de hacer.

En todos los sectores se ha visto este fenómeno. La reforma agraria avanza a pasos gigantescos, pero cada día tenemos menos técnicos que sepan desarrollar su labor, que cumplen un trabajo técnico pero que no pueden llenar todas las necesidades que en estos momentos la reforma demandada al pueblo de Cuba.

Asimismo, el desarrollo industrial del país, que empieza a dar sus primeras manifestaciones, adolece de la misma dificultad.

Tenemos que ponernos de acuerdo lo que es la técnica y sobre lo que es la cultura. Evidentemente no es lo mismo la cultura que la técnica. La cultura es un saber fundamental o esencial del ser humano, que le sirve para acomodarse a todas las condiciones de la vida y para su satisfacción personal. La técnica, es el instrumento de trabajo, pero al mismo tiempo, una parte que en este mundo moderno, mecanizado, científico, ocupa un papel importante. Por eso, en el desarrollo de la cultura de un pueblo, tienen que correr parejos, la enseñanza integral del individuo en cuanto a sus conocimientos y relaciones sociales, espíritu científico, y al mismo tiempo, la capacitación técnica.

La tarea que tiene por delante el Ministerio de Educación es de las más titánicas de todos los esfuerzos que estamos realizando aunque sea más callada y no tan visible –y, sobre todo, aunque sus realizaciones– no se vean hoy, ni mañana.

El Ministerio de Educación, a través de todas sus distintas ramas, tiene que trabajar extraordinariamente para el futuro; tiene que trabajar sobre la niñez que se inicial hoy, tiene que desarrollar la cultura general, para que dentro de diez, quince o veinte años el individuo técnico sea un revolucionario y tenga un conocimiento cabal de todo el panorama de la nación y de sus relaciones con la humanidad.

A eso va la Educación integral, a hacer de cada uno de nosotros aun siendo sujetos técnicos, si me permiten la palabra, un individuo que comprende el porqué de su situación dentro de la sociedad; por qué vive y desarrolla un esfuerzo y obtiene resultados de ese esfuerzo, y cómo deben encaminarlo para que sea más beneficioso a la colectividad.

Al mismo tiempo, es muy importante también ir al rescate de la nacionalidad. Las naciones con cultura propia son pueblos que sin desdeñar ninguna enseñanza en el mundo, las transforma y convierte en algo muy propio, con un sabor distinto, inconfundible.

La tarea de los poderes coloniales en todo el mundo ha sido siempre ahogar la cultura autóctona de la nación; destruir las creencias propias de un pueblo e inculcarle la cultura de su país de origen, sus costumbres, etc. Esa invasión la hemos sentido también en Cuba en todas las más diferentes ramas de la vida del país. Se pueden ver siempre las tentativas de los poderes coloniales por transformarlo todo, adaptan todo a su tipo mental, formas de vida y de organización.

Precisamente nuestro ejército ha estado constituido, hasta hace pocos días, en que hemos iniciado una reorganización total, exactamente como si fuera una filial del ejército norteamericano. Nuestras fuerzas armadas constituidas por grandes combatientes, con una alta moral, pero con conocimientos técnicos adaptados a nuestra estrategia guerrera se insertaron en la vieja organización, y esta fría trazada por los Estados Unidos, que no podría vivir sin ella, ha hecho resaltar las diferencias fundamentales entre nuestra nación, con un ejército pequeño y esa potencia inmensa, que tiene que defender, no solo sus fronteras, sino sus colonias, directas o indirectas.

En estos momentos en que la Revolución ha roto todos los viejos frenos del pasado, nos ha sido fácil romper la estructura del viejo ejército, no solo en los hombres, sino en la estructuración, que será cubana, aceptando experiencias de todos los lugares del mundo en que un pueblo haya luchado en forma de guerrillas por su liberación.

En la cultura es mucho más difícil esa lucha porque los manifestaciones han sido más sutiles, porque no ha habido barrera fuerte que se opusiera a los conceptos culturales que los coloniales habían establecido como buenos, se permeabilizó la resistencia a la invasión cultural sin que apenas la gente se diera cuenta.

Vemos cómo todos nosotros, los revolucionarios, los hombres que hemos cambiado el panorama de Cuba junto con el pueblo, todavía, sin embargo, acatamos algunas  excentricidades artísticas, que son expresiones de una decadencia del espíritu, y cómo, en vez de leer las grandes obras de la literatura universal, leemos aun novelas de pistoleros y muñequitos. Esa es una peligrosísima forma de infiltración que nos va encerrando en moldes estrechos, limitando nuestra capacidad de comprender en mundo que nos rodea.

Hasta la más nimia de las obras llevan en sí, un mensaje, y en ese caso es diferente al nuestro, constructivo, porque nosotros elevamos  en estos momentos, como estandarte en la lucha de un pueblo por la consecución de sus más altos ideales, la reforma agraria, la cultura, la industrialización de país. Los muñequitos nos muestran historietas de sangre y barbarie. Frente al gran estímulo colectivo que impulsa a todo el pueblo unificado en el empeño de llevar adelante la reforma agraria, y otras obras vitales de la revolución, surgen los ejemplos de esos seres superdotados que pueden hacer las cosas más estrafalarias con un solo esfuerzo.

Ese mensaje lleva la intención de fraccionar al pueblo y mantenerlo dividido, va contra el espíritu colectivo. Todos nosotros sabemos, el pueblo entero lo sabe, pero, sobre todo, los que hemos luchado en la Sierra, la fuerza que da la cohesión de un grupo que piensa de la misma manera y lucha con el mismo empuje por idéntico ideal.

Frente a esa tarea de rescate de los valores espirituales de un pueblo, se afirma la necesidad de la cultura nacional. Por eso la labor del Ministerio, apoyando todas las obras literarias que tiendan a revalorizar los viejos valores de nuestra intelectualidad, que tiendan a dar a conocer al pueblo las obras siempre frescas de un Martí, es elogiosa y plausible.

Creo que si de la pequeña charla de esta noche surgen en algunos de ustedes la idea de volver a ver, con la mentalidad adulta de hoy, todas aquellas obras del pasado que alguna vez leyeron con otra mentalidad, se habrá cumplido el principio de la tarea formidable que afronta el Ministerio.

No importa que todos lo hagan, conque hoy uno o dos, mañana más, y pasado otros lo hagan, se inicia el esfuerzo y un día podrán encontrarse con que es mucho mayor la satisfacción intelectual que se logra leyendo la palabra maravillosa de Martí y de la epopeya de la independencia, que leyendo esas historietas vacías que no llevan en sí ningún contenido constructivo para nuestro pueblo, como mensaje de cultura o de utilidad práctica.

Podría contarles los muchos ejemplos de la importancia que el poder colonial da a la cultura como instrumento de infiltración.

Vengo de un recorrido por países que han sido objetivos de un largo período de opresión y hemos visto la falsedad de nuestra perspectiva americana, viciada por esa cultura prefabricada, que nos hacían pensar en todos aquellos pueblos, llamados bárbaros, como viviendo aparentemente del recuerdo de la grandeza de civilizaciones extinguidas hace muchos años. Conservan esos pueblos aun hoy, sin embargo, sus valores populares y esos valores, revitalizadas apenas cinco a diez años (lapso mínimo) de independencia en la vida de un país, han alcanzado un grado extraordinario, como en el caso de Indonesia, que es de los más extraordinarios, por la originalidad y la fuerza de su cultura, que fuera mucho tiempo oprimida por el poder colonial actuante, el que, en cientos de años no hiciera una fábrica, ni una escuela, ni un centro donde el arte popular se desarrollara; y es el arte, parte fundamental de la cultura . Nadie puede llamarse culto, sin algún contacto con él. No quiero decir que tenga que ser un productor de obras artísticas, pero si tener algún contacto con la música y la literatura y otra manifestación del arte. Todo lo que tienda a llevar a la masa del pueblo el mensaje de un espíritu sereno, sublime, constructivo, contribuye a elevar la personalidad humana y a forjar la cultura. Y cuando se hace con un espíritu nacional, se redondea la gran obra, la gran tarea final; tener una cultura y un arte propios. Y esto no viene aislado, porque en este mundo nada hay aislado.

Todo está íntimamente ligado, no se puede avanzar en las cosas del espíritu si no se avanza en las cosas materiales, en el desarrollo económico, en la independencia política. El día que esto suceda, podrá decir Cuba, no que es una pequeña gran nación, como hoy, sino una gran nación con todas las letras, para que ese día llegue pronto, vamos a trabajar, estudiar fraternalmente, contribuyendo a la gran obra del gobierno revolucionario.


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