Música cubana: pensando en el futuro (parte 2)


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Alfredo Sosabravo

Por Dra. María de los Ángeles Córdova

Conferencia ofrecida en el Coloquio del Festival Jojazz y Festival Jazz Plaza, en 2004. Se publicará en varias partes

Las matrices culturales

Se nos dice en algunos textos que la música cubana ha sido el resultado de la síntesis de dos grandes áreas culturales: Europa y África, lo cual es válido solamente para la música que se creó en Cuba hasta finales del siglo XIX. Algunos han querido dar un gran peso a toda España en lo que a herencia europea respecta, cuando es fácil constatar que este rol histórico lo comparten sólo las culturas musicales de determinadas regiones de España junto con la cultura musical de grandes ciudades de Italia, Francia y Alemania fundamentalmente. Si aceptamos que la cultura no es algo acabado sino el resultado de relaciones/interacciones sociales y por tanto un proceso en constante devenir, tenemos que entender también que el concepto matrices culturales será dinámico en cada época histórica.

De manera que, al comenzar el siglo XXI, las matrices de la cultura musical cubana se han ampliado sustancialmente porque los cubanos no sólo nos hemos formado a partir de las interacciones entre seres humanos procedentes de Europa y de África sino que, a lo largo del siglo XX, nos hemos relacionado (básicamente) con Estados Unidos de Norteamérica, país que por su carácter hegemónico ha pretendido ser la gran matriz cultural de todos los países del planeta. También nos hemos relacionado con buena cantidad de países de América del Sur (Brasil como uno de los más destacados) y con importantes países del área del Caribe como Haití, Santo Domingo, Jamaica y Puerto Rico, entre otros. Debemos considerar también las estrechas relaciones que sostuvimos —a partir de la década de los 60— con los países del denominado campo socialista, cuya influencia en nuestra formación como músicos académicos resulta actualmente insoslayable.

La idea inicial acerca de nuestras matrices culturales deberá ser modificada y pensar que hoy, en el hemisferio occidental, casi no existen fronteras cuando tratamos de identificar nuestras matrices. Pocos países quedarían excluidos, quizás por ser ellos mismos poco importantes aún en el desarrollo de la música occidental. Esto va demostrando que dichas matrices no son tan espontáneas ni pueden inventarse así como así.

La historia de la música nos está indicando que quizás debamos considerar matrices culturales sólo a aquellos países, regiones o comunidades que —por razones históricas— hayan establecido previamente —y con cierto grado de profundidad— una interacción, o una relación de mutua dependencia con nosotros. No obstante, sería una limitación no entender la necesidad de ampliar constantemente nuestra mirada hacia todas las direcciones posibles, por ejemplo, hacia el hemisferio oriental. Por otra parte, no solo constituyen matrices culturales los países y regiones externas. También debemos considerar como matrices culturales a la música que se ha creado o se está creando sincrónicamente en todas las regiones culturales de Cuba en cada momento histórico. Estas culturas musicales regionales, siendo parte de nuestra identidad, constituyen también nuestras matrices en el plano interno. Para poner sólo un ejemplo: el occidente cubano puede ser matriz cultural del oriente o viceversa.

Hay otra cuestión relacionada con el jazz y nuestras matrices culturales de la que poco se habla, y es el hecho de que eso que hoy conocemos como jazz fue un fenómeno que —como todos sabemos— se nutrió de las músicas africanas de transmisión esencialmente oral, donde el elemento improvisatorio jugaba un rol fundamental. Resulta, además, que el origen de ese fenómeno musical fue consecuencia de un proceso cultural compartido en América por casi todos los países que recibieron una fuerte inmigración de esclavos africanos a la que habría que agregar una fuerte inmigración de individuos pobres de otras áreas.

También es necesario puntualizar que, según han planteado investigaciones etnomusicológicas a lo largo del siglo XX, la improvisación está presente en toda música de transmisión oral, bien fuese árabe, hindú, china, española, africana, u otra. No es casual, además, que figure en buena parte de las manifestaciones de la música cubana así como en las músicas de la región cultural del Caribe, caracterizadas tanto por la presencia africana como por la de contingentes de hombres pobres procedentes de España también influidos anteriormente por la música del llamado continente negro.

Para nosotros no es ninguna noticia que la improvisación está en la rumba, el son y en la música campesina pero no nos han explicado qué relación pudiera tener esto con lo que conocemos por jazz. Curiosamente, tales formas de expresión cultural han sido dejadas fuera de ese sistema denominado jazz a pesar de compartir sus mismas esencias históricas y culturales. (De la misma forma que en la interpretación del arte, hemos dejado fuera la llamada música folclórica, la música popular y la llamada música comercial).

Chucho Valdés e Irakere

Chucho Valdés e Irakere. Foto tomada de Internet

Se trata de que, a partir de la cultura de transmisión oral que las caracteriza, muchas músicas se han originado en toda la región cultural Caribe, tanto desde nuestras matrices hispánicas como africanas.

Emiliano Salvador

Emiliano Salvador.       Foto tomada de Internet

Donde quiera que hayamos tenido presencias de músicas de transmisión oral, es decir pertenecientes a comunidades muy pobres, habremos heredado la improvisación como una de estas esencias. Por tales razones es que me sorprendo profundamente cuando escucho decir que Chucho Valdés, Emiliano Salvador, y muchos otros músicos que puedan citarse aquí, hacen «Latin Jazz». ¿No es acaso la Misa Negra de Chucho Valdés una obra profundamente cubana, de una cubanía sorprendente y mágica? ¿Qué ha sido la obra de Emiliano si no un fenómeno excepcional de síntesis entre la tradición de la pianística europea, la pianística del jazz norteamericano del siglo XX y lo más raigal de la pianística cubana?

 

De manera que para un proyecto de futuro de los jóvenes músicos cubanos, considero que es importante saber que eso que conocemos como jazz es mucho más nuestro de lo que se nos ha querido hacer ver hasta el presente, con la salvedad de que adquirió formas peculiares en cada país y en cada región. Si entendemos que la música cubana devino matriz cultural del jazz norteamericano, así como el jazz norteamericano (o la música brasileña, argentina, o caribeña en general) devienen matrices culturales de la música cubana ello se debe a que las matrices culturales interactúan, es decir, pueden moverse desde los «centros» hacia las «periferias» o viceversa, e incluso entre las «periferias». Hago la aclaración porque a veces resulta difícil develar la razón de los rasgos comunes que comparten muchas de nuestras creaciones y expresiones musicales: ello se debe a que las culturas musicales de amplias regiones americanas no han sido solamente consecuencia de interacciones entre creadores o intérpretes en momentos históricos específicos, sino consecuencia de formas de vida que resultan relativamente idénticas, razón por la cual comparten aspectos esenciales de las formas de vida de los individuos (comunidades, grupos) que las crean, practican y mantienen como sus valores culturales más apreciados. Pienso que es la razón que explica las semejanzas que se observan en los contenidos humanos de nuestras respectivas culturas musicales, contenidos que resultarían inexplicables sin las anteriores consideraciones.

Continuará…


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