Crónica de un viaje sin historia: Habana-Trinidad y viceversa (1)

Por: Marlene Vázquez Pérez
Categorías: SOCIEDAD, HISTORIA, ARTÍCULO

Nadie crea que los buscadores de la utopía fenecieron definitivamente en los tiempos de la conquista de América o poco después. Benditos sean quienes conservan el idealismo, la capacidad de soñar, la energía, el optimismo y el espíritu de sacrificio que permite derrotar todas las dificultades que la vida cotidiana nos va poniendo en el camino, o que la incomprensión de los pragmáticos o insensibles magnifica con su indiferencia, para materializar sueños y esperanzas, por utópicos que parezcan.

Me hizo pensar en estas cuestiones mi reciente visita a la hermosa ciudad de Trinidad, lugar que he recorrido muchas veces, y al que siempre vuelvo cautivada por la magia de sus calles empedradas con chinas pelonas, por la paz que se desprende de sus casonas señoriales, por el encanto sin igual de sus rejas, vitrales, fuentes, arcadas, alfarjes y columnas. No me puedo desprender de la elegancia de la torre del Convento de San Francisco de Asís, hoy Museo de la lucha contra bandidos, ícono distintivo de la urbe. Ese monumento emblemático debe haberle dado la vuelta al mundo ─y a la Isla─, varias veces, como telón de fondo de la foto de rigor, que atestigua nuestros pasos por la vetusta y perenne villa colonial.

Ahora volví, junto a otros colegas del Centro de Estudios Martianos y del Instituto de Historia de Cuba, como conferencista invitada al VII Simposio “Con todos y para el bien de todos”, organizado por la filial de la Sociedad cultural José Martí en la localidad, celebrado entre el 19 y el 21 de enero. Tuvimos el privilegio de ser recibidos y atendidos durante nuestra estancia por el Lic. Juan Lázaro Besada, quien preside dicha organización y es el impulsor fundamental del Simposio. El también poeta, investigador y ensayista, es un hombre muy orgulloso de sus orígenes y un conocedor profundo de la historia escrita y oral de su ciudad. Este apasionado de la cubanía y de la vida y obra de José Martí tiene en su haber siete años de preparación de ese espacio de intercambio, actividad con que cada enero se rinde homenaje al Apóstol en el aniversario de su natalicio.

Es realmente una oportunidad irrepetible caminar la villa junto a Besada y sus más cercanos colaboradores, Macarena y Eduardo. Ni el cansancio del largo viaje en Astro, ni el despertar a las 3:00 a. m. para llegar a tiempo a la Terminal de ómnibus nacionales pudieron derrotar el poderoso hechizo que la ciudad y el verbo de su guía enamorado ejerció sobre nosotros. Así, el Palacio Cantero, la casona de la familia Sánchez Iznaga, la Plaza Mayor ─denominada por los trinitarios como el Parque de los perros, en simpática alusión a los dos lebreles que custodian la escalinata principal─, la Plaza del Jigüe y los incontables edificios circundantes, adquieren dimensiones insospechadas en visitas anteriores. Ya al final de la tarde del 19 tendría lugar la inauguración, en la sede de la Empresa “Aldaba”, un apoyo imprescindible para el éxito del encuentro, y encargada de las labores de restauración y conservación de la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El viernes 20 se efectuó la primera jornada de trabajo, que contó con intervenciones de gran calidad y aporte de nuevos conocimientos. Ellas fueron: “Martí hombre y los estereotipos: hijo, esposo, padre, héroe”, a cargo de la Lic. Mayra Beatriz Martínez, investigadora del CEM; le seguiría “Versos sencillos: trazos en la culminación”, por Caridad Atencio, también investigadora del CEM; a continuación se presentó “José Martí, visiones desde la gráfica”, de la MSc. Malena Balboa, investigadora del Instituto de Historia de Cuba. Como cierre de la mañana, Martí y la Revista Universal de México entre 1875 y 1876: bienio de revelaciones, de Juan Lázaro Besada. La tarde en los dos días del evento estuvo dedicada a la presentación y venta de libros alusivos a la temática martiana y a la historia de Cuba. La primera noche se dedicó a la poesía, con la peña artístico-literaria “Ruido de luz”, en la que pudimos compartir con poetas y trovadores de la localidad, y que devino fraterno espacio de lectura, música y amistad, en el entorno acogedor del Museo de arqueología.

La nota novedosa, la comunicación fluida y el rigor cognoscitivo se mantuvieron en la segunda y última jornada. En ella se presentaron Algunos textos martianos inspirados en obras de arte, del Lic. David Leyva, investigador del CEM; le seguiría Traducir y transgredir: la subversión del discurso hegemónico en las Escenas norteamericanas de José Martí, de la Dra. Marlene Vázquez, investigadora del CEM. A continuación tuvo lugar un panel titulado Pensamiento de Martí en Fidel Castro, a cargo de investigadores trinitarios, cuyo moderador fue Juan Lázaro Besada. Cerraría el Simposio la Dra. Mildred de la Torre, investigadora del Instituto de Historia de Cuba, Premio Nacional de Historia 2016, con la magnífica conferencia Los enemigos eternos de Martí: una valoración crítica, muy a tono con las circunstancias culturales e ideológicas que atraviesa nuestro país en los momentos actuales, y que motivó un rico debate, al igual que cada una de las intervenciones precedentes. En esta oportunidad contamos con la participación del presidente de la Sociedad cultural en Sancti Spíritus, Lic. Juan Eduardo Bernal Echemendía, y la secretaria ejecutiva de la misma, Lic. Silvia Orellana. También nos acompañó el director municipal de Cultura.

El Simposio sesionó en la Casa Malibrán, sede de la Oficina del conservador de la ciudad, y una de las edificaciones más hermosas de la villa, si fuera posible hacer tal distinción. Contamos allí no solo con la confortable instalación, sino con la delicadeza y respaldo de sus trabajadores, mujeres en su mayoría, que se encargaron desde el aseguramiento de los medios audiovisuales hasta del agua y el café. En la noche asistimos a la actividad de clausura, celebrada en el Patio de Bécquer, y la sensación de inminente despedida motivó a disfrutar al máximo de la presentación del Trío Ensueño, con su dominio excepcional de voces y cuerdas. Piezas de Miguel Matamoros, Ñico Saquito, Rosendo Ruiz, Eusebio Delfín, Agustín Lara, Miguel Aceves Mejías, entre otros, hicieron inolvidable este momento.

No estaría completo el recuento si no agradeciéramos las atenciones dispensadas en el restaurant “Guamuahaya”, nombrado otrora como “El Pavito”, donde almorzamos y cenamos en estos días. Mención aparte merece el restaurant “La Coruña”, lugar donde se nos obsequió con un exquisito almuerzo de despedida e incontables atenciones y muestras de afecto. Sobre todo, nos robó el corazón una maestra jubilada, la señora Delia, quien asistió puntualmente, junto a un gran número de sus colegas y con interesantes opiniones, a las sesiones de trabajo. Ella nos despidió dos veces: en la noche del 21, con su café amoroso y humeante, llevado a toda prisa a nuestra mesa del Pavito, ya que no hubo tiempo para visitarla en su casa, y en el mediodía del 22, con un brindis por el reencuentro en el próximo enero, y porque Martí esté siempre animando el patriotismo de cada cubano.

Al ver en el programa que el Gran Hotel Iberostar de Trinidad era una de las instituciones copatrocinadoras del Simposio, inquirimos sobre ello. Nos comentaba el colega Juan Lázaro Besada que el gerente, español de nacimiento, y dedicado al negocio de la hotelería, le confesó que no había leído nada de José Martí, pero estaba dispuesto a ayudarlo todo lo posible, porque había comprendido cuán importante era Martí para los cubanos y para muchos ciudadanos de otras latitudes. Por esa razón concedió un espacio en el hotel para la creación de una biblioteca martiana, que ya cuenta con una colección numerosa, objeto de consultas frecuentes, y a la que contribuimos los visitantes con libros de nuestra autoría.

Recordando, no obstante, que para el Maestro la crítica es ejercicio del criterio y, sobre todo, que criticar es amar (2), me parece oportuno señalar algunos detalles que advertí en estos días, y que tienen que ver, no con el trabajo de la Sociedad Cultural José Martí en Sancti Spíritus ni en la localidad, el cual me parece muy meritorio, sino con otras condicionantes sociológicas y características específicas de la ciudad.

Considero indispensable trabajar en el fortalecimiento espiritual de la comunidad, tarea ardua en la que deben participar de conjunto todos los factores, entiéndase desde las instancias políticas y gubernamentales, hasta las direcciones de Educación y Cultura, pasando por la familia y la escuela, eslabones fundamentales en toda tarea educativa y patriótica. La Sociedad Cultural puede hacer mucho para contrarrestar, como lo desean sus directivos trinitarios, los embates del consumismo y el excesivo apego al dinero, proveniente de la actividad turística, anclada mayormente en la iniciativa privada, que se ha apoderado de la mayoría de los habitantes de la ciudad. No se necesita ser un observador muy sagaz para advertir esto: basta una ojeada a las ofertas de los incontables puntos de venta de artesanías, cafés o restaurantes. Basta observar ciertas actitudes de menosprecio y discriminación al comprador nacional, como el de aquel vendedor de platanitos manzanos, entre otros, que ante el intento de adquirir su mercancía por parte de dos de nuestras compañeras, les dijo en su cara, luego del incomprensible y rotundo “¡NO!”: “─ ¡Son para los turistas!” Creo que esto último no necesita comentarios, máxime si pensamos en cuánto aumentará la entrada de visitantes foráneos a la Isla, no solo a Trinidad, en virtud del crecimiento del número de aerolíneas estadounidenses que llegan a Cuba diariamente.

Este no puede ser, empero, un esfuerzo aislado de la Sociedad Cultural José Martí: necesita del concurso sistemático y comprometido de todas las instituciones y todos los ciudadanos, pues la prosperidad material no puede ni debe producir menosprecio por lo espiritual, por los valores de nuestra cultura. No se trata solo de conservar bienes del patrimonio material con una fidelidad admirable: ese mismo amor hay que ponerlo en preservar ─sin desconocer lo que acontece en el mundo, y sin desdeñar un éxito económico que ayuda a las finanzas del país─, lo mejor de nuestro espíritu nacional, nuestro orgullo de ser cubanos. Urge difundir entre la población, de hijos a padres, y viceversa, la palabra martiana. Sé de cierto que ayuda a ser (y a hacer) mejores ciudadanos y, sobre todo, mejores personas.

No tengo soluciones mágicas que ofrecer: brindo mi colaboración y apoyo a los colegas trinitarios, y también el de mis compañeros. Nos vemos en el próximo Simposio, sin duda alguna, que ya se avizora en lontananza. La Utopía en el horizonte sirve, como afirmara Eduardo Galeano, para caminar.

                                                                                                                            

 

Notas:

(1) Tomo prestado parte del título de Alejo Carpentier, quien escribiera en 1934 el formidable texto “Crónica de un viaje sin historia: de los Pirineos a la Meseta Castellana.” En Crónicas, Editorial Letras Cubanas, 1985, t. II, p. 159.

(2) José Martí. Fragmento de discurso sobre Echegaray, Liceo de Guanabacoa, 21 de junio de 1879, t. 15 p. 94. Esta es una idea recurrente en la obra martiana, y aunque aquí está referida a la crítica literaria, su aplicación es útil y posible a cualquier tipo de crítica.

 


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