Nuestros símbolos son reafirmación propia de la Cubanía

Por: Astrid Barnet
Categorías: PATRIMONIO, SOCIEDAD, HISTORIA, NOTICIA

“El historiador Oscar Loyola en su trabajo Construyendo la Nación comienza con fragmentos de textos de cubanos que expresan la mirada a Cuba en diferentes momentos, como lo hicieron Gertrudis Gómez de Avellaneda en el siglo XIX cuando escribió su poema Al partir –--Perla del mar, estrella de occidente/ Hermosa Cuba, tu radiante cielo…--, o también el compositor Eduardo Saborit, en el siglo XX con su pieza musical ¡Cuba, qué linda es Cuba!Yo te invito a que busques por el mundo otro cielo tan azul como tu cielo…--; otros muchos textos podrían citarse sobre esta forma de representar a Cuba, como el de José Fornaris cuando dice que No hay duda que es este cielo aún más bello que el de Italia (…) Es el más bello. Es la representación de esta tierra nuestra que encuentra su representación primaria desde que Cristóbal Colón dijera que Esta tierra es la más fermosa que ojos humanos hayan visto (…) Así estamos ante expresiones del cubano y su Cubanía en distintas etapas de su historia. Pero, ¿cómo y cuándo comenzó a expresarse ese sentido propio? ¿Qué símbolos han acompañado al cubano en su devenir en el tiempo? ¿Cómo se autoidentifica el cubano?”

Con esta semblanza inició su intervención en el panel “El Cubano y su Nación”, la prestigiosa historiadora Francisca López Civeira en la capitalina sede del Centro de Estudios Martianos (CEM) junto a los jóvenes Msc. Fidel Acosta y Fabio Fernández.

Seguidamente agregó la también Profesora universitaria que “el proceso de creación del sentido ha tenido, como en todas partes, sus correspondientes construcciones simbólicas que, en la medida que se generalizan, identifican y movilizan a amplios sectores de la población. La naturaleza que nos acompaña, las formas de vida y comportamiento, la distintas influencias culturales que han llegado de variadas regiones del Planeta, al igual que otros factores, han condicionado la construcción del Cubano y su Cubanía para lo cual hay que tener muy en cuenta los diferentes procesos revolucionarios por su aportación de símbolos”.

Al respecto explicó que el cubano identifica inmediatamente a la palma como la representación de su tierra. El poeta José María Heredia lo expresó con su Oda al Niágara (1824) –Las palmas deliciosas que en las llanuras de mi ardiente sol y cielo purísimo se mecen…--; este fue un símbolo que invocó nuestro José Martí repetidas veces, como cuando el Diez de Octubre de 1889, evocó la grandeza de esa fecha puntualizando que Era un llamado con las palmas como columnas del cielo y de estrellas por techumbre. Y en 1891, en la ciudad de Tampa, llevaría el símbolo a un mayor significado: Las palmas son novias que esperan y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas

Rememoró que, en el siglo XX y ya en pleno triunfo revolucionario, al entonar ¡Cuba, qué linda es Cuba!, se incorporó en el estribillo la expresión: …Porque las palmas en la sabana, más que palmeras son milicianas. “Otros símbolos de nuestras luchas libertadoras, dijo, también nos han acompañado; como la estrella solitaria de la bandera, además de sus franjas y su triángulo o el mambí que representa a la valentía, la capacidad de sacrificio por la Patria, la virilidad y a la representación de la mujer mambisa, por su valentía y no sólo por ser madre, esposa o hija. La mambisa deviene entonces, en representación de la patriota; del sacrificio personal por la Patria.

A mediados de ese siglo recordó al poeta de la Generación del Centenario, Raúl Gómez García, cuando exhortó: ¡Ya estamos en combate. A poner en la cima del Turquino a la estrella solitaria! Y en 1995, cuando el escritor Virgilio López Lemus calificó a Martí como José Mambí.

“La bandera de la estrella solitaria saneada por la muerte de jóvenes y abuelos, al decir de Martí, ha sido referente permanente en canciones, poemas, discursos, además de citas autobiográficas y otras expresiones. Entre los poemas que se declamaban o cantaban en la manigua durante la Guerra Grande estaba el de Victoriano Betancourt: …Y juré sobre la bandera del cubano pabellón borrar la española huella y dar a mi patria mi sangre y mi corazón. Martí llamaba en 1891 a poner alrededor de la estrella la bandera nueva en esta fórmula del amor triunfante: Con todos y para el bien de todos”.

Enfatizó la doctora López Civeira que los símbolos de heroísmo y entrega por la Patria de los cubanos (…) se identifican asimismo por otras expresiones como son sus formas de comportamiento, gustos e imágenes de sí mismos y de la tierra con la que se representan.

Finalmente y, al retomar al investigador Loyola, destacó que en sus investigaciones “propone asumir el concepto Nación en dos contenidos: como sinónimo de Estado y como sinónimo de Pueblo, y le añade el sentido de forma en que se asume, se reconoce y se proyecta frente a sí mismo y a los demás un colectivo humano, poseedor de determinadas características ampliamente conocidas. En el caso del cubano, ese Estado y ese Pueblo, como resultado histórico, son inseparables; su evolución en  las condiciones en que se produjo resultan fundamentales, al igual que su tiempo histórico propio diferente al de otros, como es el caso de los europeos (…) Podemos afirmar que nuestros símbolos se construyeron como producto de nuestro enfrentamiento al dominio colonial español y después, como reafirmación propia ante el nuevo poder externo imperante. Por tanto, somos Nación, somos Cubanía en constante reafirmación frente a poderes externos. Algo que se traduce en capacidad de resistencia y de apego a lo Cubano”.

Por su parte el Msc. Fabio Fernández hizo referencia a los aportes del sabio cubano don Fernando Ortiz sobre “los Factores humanos de la Cubanidad, y su absoluta relevancia en la época actual, algo que abraza con el apelativo de ajiaco (…) Para Ortiz, en el caso de lo cubano, lo que ocurre es una transculturación; todos los elementos culturales que llegan, se mezclan y decantan, por lo que van alterando la composición original sobre la que actúan.  Del proceso de mezcla de ingredientes, donde aún puedes separar sus componentes, se pasa  a una segunda fase, en la cual surge un producto nuevo, una nueva cualidad y calidad, ya no como mezcla sino como combinación, fusión, en la cual son inseparables sus componentes constitutivos; ya no es solo un problema de orígenes sino del cuerpo vivo, palpitante y presente de un Pueblo-Nación”.

El Msc. Fidel Acosta circunscribió su intervención a resaltar metafóricamente y, a través de nuestro proceso de transculturación la conformación de Lo Cubano: “Se trata de los componentes indígenas, africanos, españoles, chinos y norteños que le han dado vida a la Cubanidad”, para trazar, seguidamente, un análisis de la presencia de cada uno de ellos en nuestra Cultura nacional.

“El Cubano y su Nación” trajo a la memoria de quien escribe una entrevista realizada hace un tiempo al connotado historiador doctor Eduardo Torres Cuevas, en la que resaltaba lo siguiente:

“(…) Es importante distinguir la Cubanía como sentimiento de lo cubano, de la Cubanidad como racionalidad de lo cubano. Sentir no es conocer, es amar y se ama lo que es tuyo, lo que te pertenece y a lo que tú perteneces. No es una decisión voluntaria ser quien eres, no puedes dejar de ser lo que eres, pero sí es decisión personal decidir lo que amas. La Cubanidad, no es un sentimiento; es la comprensión racional de los procesos que te dan vida”.

Por ende: Nuestros símbolos son reafirmación propia de la Cubanía.

 


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