Eduardo Sosa: una canción política para pensar su tiempo

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Foto: Lorenzo Crespo Silveira

Por: Edelman Henríquez Pons
Categorías: MÚSICA, TROVA, ARTÍCULO

«Muchos me preguntan cómo equilibro mi vida personal y laboral para poder estar viajando a tanto espacios de la trova. Pero es que sin ella yo no puedo vivir y la conservo como uno de mis hijos», fueron las primeras palabras del trovador santiaguero Eduardo Sosa cuando le preguntaba sobre esta forma de hacer canción y su participación en varias ediciones de la Jornada de la Canción Política en Guantánamo.

Aun y cuando el también premio Cubadisco 2017 en el apartado de Trova por el álbum Como si fueran mías, se preocupa por el prestigio de la música que lo inspiró desde muy joven y entonaba casi sin conocer en los cafetales de Tumba 7, en Santiago de Cuba, no pierde la fe en quienes se suman a la canción inteligente, no solo en el evento más longevo de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), sino en todo el país.

¿Cuánto representa para usted participar en la Canción Política?

A finales de los 90 comencé a participar en la jornada, desde ese entonces no he podido desvincularme, primero como trovador y luego para ayudar a los muchachos de la AHS a crear los contactos con muchos de los participantes.

Me hace muy feliz venir, primero porque es en el oriente del país y yo soy santiaguero y no hay nada más parecido a los santiagueros que un guantanamero. Me siento como en casa.

Es un suceso que tiene la valentía de asumirse como un evento de canción política en momentos cuando muchos no quieren comprometerse políticamente, y que siga llamándose así me deja muy feliz, no importa que los muchachos nuevos vengan y no hagan temas de este contenido, el solo hecho de participar en el evento da una postura política. Por eso siempre vengo y la paso bien. Estar aquí es ya un compromiso.

¿Por dónde anda la canción política en su obra?

La posición política no la da tu obra, la da tu ser. Aunque vayas a un sitio y cantes una canción puramente de amor, si ese lugar está asignado políticamente y tú decidiste estar ahí, tú estás adoptando una postura.

En todas mis canciones hay una intención social en primer lugar, una intención para nada conformista con mirada crítica porque sigo siendo un hombre de a pie, que mantiene vínculo con su familia, con sus raíces, sus amigos, incluso con los de la infancia. Eso es política.

Siempre vas a tomar partido por algo y eso te va a definir; por lo bueno, lo malo, lo regular, lo religioso, lo ateo, lo comunista, lo capitalista, por la música, la trova, el regguetón. Eso es tomar partido político aunque no menciones la palabra.

De ahí que desde el momento en que alguien acepta en Cuba asistir a un evento que se llame como la Jornada, está tomando partido.

¿Por qué cree necesario un acontecimiento como este?

La sociedad cubana atraviesa por un período bastante complicado en donde todos no tienen lo que necesitan o lo que quieren. No se puede negar que tratar de implementar cambios abiertamente en una sociedad como la nuestra es complicado, pues estamos en momentos donde una generación comienza a ser y a sentirse vieja; mientras otra, florece con nuevos conocimientos y necesidades que todavía no hay condiciones para materializarlas.

Entonces, tener un evento como este, en el que alguien pueda expresar a través de canciones su sentido político, la hace necesario porque es también una válvula de escape. Es la posibilidad de que las personas encuentren algún tipo de posibilidad de tomar decisiones y escuchen nuevas voces y reclamos.

Hay necesidades, pero eso no impide cantar, decir lo que se piensa.

¿Qué cree que le falta a la Jornada?

Solo le falta el momento en que compartan los trovadores, los artistas. Pero hablo de espacios donde puedan sentarse y decir lo que piensan, política, artística, económica y socialmente. No basta con cantar. Sería bueno saber cómo piensan todas las generaciones que participan para instaurar una verdadera comunicación entre todos, porque eso va a crear cofradía, no gremio, sino comunión.

Ni siquiera es que falte la parte teórica, me refiero al momento de reflexionar que estamos en un evento que se llama Jornada de la Canción Política y que seguirá llamándose así.

Más allá del concierto, de la descarga, de sentarte y darte un trago de ron y mirar a la niña bonita debemos proponernos cosas, tal vez que el próximo año vengamos con un tema dedicado a algo que salga de ese momento sagrado de confraternización. Pero cuando nos encontramos más allá de la cantata y la tarima podemos hablar de lo que necesitamos, del último libro que nos leímos, de colaborar el uno con el otro.

Y esto no solo sucede en este espacio, sino en otros festivales de trova como el Longina, el Pepe Sánchez que yo dirijo y otros.

A la Jornada cada año se le suman nuevas voces, ¿qué considera sobre estos nuevos pupilos trovadorescos que van emergiendo y se dan a conocer en este u otros encuentros con características similares?

Hay trovadores en todas las provincias, muchísimos y muy buenos, con mucho swing y otros más reflexivos. A mí lo que me inquieta es que no los veo leer, ni preocuparse por el desarrollo guitarrístico, la afinación o el modo de cantar. Todo no puede ser la guaracha, porque hoy se les perdona porque son los muchachitos nuevos de la AHS, pero mañana…

Entonces, si se pretende vivir de esto hay que tomarse las cosas más en serio, preocuparse por poder tener un concierto, no por cantar cuatro canciones y que venga el otro, sino poder cantar 15 y 16 temas y que no se parezcan. Tienen que preocuparse por hacer un poco más de música cubana, porque son cubanos, la fusión es muy interesante pero la globalización también y una cosa no es la otra.

A pesar de la buena salud del movimiento y que hay muchos jóvenes talentosos, todos no pueden ser Silvio, ni Pablo porque son únicos. De ahí, que se debe tratar de hacer lo posible por crear un trabajo que la gente escuche y tal vez no le guste, pero reconozca que está bien hecho. Va más allá de la profesionalización que es pagarte por lo que haces, es el crecimiento artístico y humano de ellos. Siempre se los digo.

Estos nuevos muchachos son como si fueran mis hijos por eso les exijo mucho. Hay talento, pero estas son mis inconformidades que para nada son las del escucha medio. Quiero que cada día sean mejores.

Yo necesito que crezcan para que así la trova tenga prestigio, y cuando digan que ahí viene un trovador, refieran: “caramba hay que escucharlo“.


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