Alabanza por el Ambia


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Itutu.

Omi tuto, ona tuto, tuto nine, tuto ile, tuto laroyeba, tuto lawade,  ikoko.

Moyugba Olofin, akodá, aseda, ariku babawa.

Ibae, baetonu, timbelaye, timbelese Olodumare, bogbegun, ará, bogbo, bogbo egunilé, bogbo egunke timbelaye, timbelese Olodumare: Eloy Machado: El Ambia. IBAE.

El lunes 28 de enero, el poeta de la rumba se despidió de sus aseres, de sus ekobios, moninas, compañeros y amigos.

Se fue sin creer en nada y creía en todo; humildemente como su vida toda, llena de rebeldía y resistencia. La última vez que lo vi fue en su legendaria Peña. Me le acerqué y le dije: "cuando se acabe el filo del machete, sácale filo nuevamente”.  El me miró, me miró callado, y solo su mirada hablaba. Luego lo vi subir al escenario, apoyado en su Graciela eterna, y lo vi bailar y lo vi cantar, pero ya apagado. La Ikú rondaba, que yo lo vi, la ikú acechaba que yo lo vi, ¡ay Ikú maldito, te lo quisiste llevar!, pero aquí se queda, aquí se queda con su Graciela, y mejores amigos, aquí se queda con el Comandante del Pueblo y nuestro Pablo de cada día, aquí se queda, con los que a su decir, son  hombres a todo y mujer a toda. ¡Aquí te quedas!

Todos te creían consagrado, sin saber que ya lo estabas a la rumba y a tu poesía, no en vano Martinez Furé te llamó el Poeta de la Rumba. Mayito y Formell te cantaron, porque fuiste el eco del tambor, la misión de tu raíz, la historia de tu solar, y la vida que se va.

Me cuenta un poeta amigo que  un día siendo aun tú soldador y constructor, nuestro no bien recordado Nicolás Guillén, al escucharte decir tu primer poemario, Camánn lloró, dijo: “este es el Sóngoro Cosongo de esta época”.

Nkame.

¡Jeyei!

No os equivoquéis, queridos poetas y juglares

¡Jeyei!

El Ambia no se ha ido.

¡Jeyei!

Aquí está el Ambia, abriéndole el brazo al viento de la mañana, como todos los días; con su vagón de mezcla y su pala a cuesta”. (1)

¡Jeyei!

 

CON MIS DEFECTOS

Con mis defectos de Jacinta
te di el meñique y te llevé por un camino insoñado
olías, a ese polvo de coloretes de incienso
y de pronto olías a ese perfume de mamá,
que la vida no regala, a no ser por esa casualidad
que ella presenta de taimada.
A ti, también te saqué de aquel solar con tendencia de música
con mis defectos, de poeta incomprendido
te llevé a conocer otro aire de la vida
taimado de ingeniero, de buen compás.
Con mis defectos, hoy soy otra pieza sin pizarra
que la vida mira sin acopio,
hoy se unen en una rivalidad estúpida
que la vida mira otra vez, y no sonroja, y se ríe
a la vez que yo hago poemas de música
y dejo pauta en mi Ego de historia vivida.
Aplaudo, por qué no
si por mi sonríen al saludo
a no ser, que no exista, el no menos cierto de mi hoy.

CASA DE CHOCOLATE

El negro con su gallardo,
el blanco con su té
de porcelana,
no vamos comparseando juntos
porque el ve el alacrán
desde su balcón.
La ausencia de la campana
ya no suma ahora,
no se preguntó de qué tribu
eres o eras,
sólo hacía falta
la voluntad y un caballo
un sueño y una manigua.
¡Ay! Santa Fidelia,
qué vergüenza
ya no vamos juntos
a tomar café
ahora es el té
ahora pesamos menos
que un comino.
¡Ay! Santa Fidelia,
¿acaso tu tomas té?
El lenguaje,
el lenguaje carabalí
es una ofensa
al vocablo,
hay que escuchar a Beethoven
no es menos cierto,
a Frank Lizt, leer a Lezama
o Carpentier
y a Sóngoro Cosongo
¡Ah! Sóngoro Cosongo
solavaya pá mi casa
no vaya.

UNA TARDE

Una tarde tal
Jacinta recordó
la suiza
de la rueda rueda
de pan y canela
y se quedó seria,
como si le hubieran echado
un jarro de agua fría,
giró el balance del recuerdo
para asomarse a la puerta
del cuarto del solar
mal comida y guapa
pasó su mano por los ojos
sin llorar
y se dijo, quizás mis hijos
hagan el pon por mí
y arrastró
el balance del sillón,
hacia la puerta luz.

SEÑOR NO

Donde está el señor no
alzando el pedestal
con un dedo.
Donde está el señor no
jugando al recuerdo
acercando la cara
como los indios
a la tierra
descubriendo el paso largo
de la vida sin amo.
Donde está el señor no
con la sonrisa sin diente.

POEMAS BLANCOS
(1)

Llegó tarde
el jugador de póker,
el chuti le escondió la camisa,
la lima estaba vieja
como la mesa,
la mirada del paño
extrañaba la hora de las voces,
la luz estaba opaca
moría la penumbra,
sollozaba el silencio,
porque la algarabía
no encontraba el día.

LA MUERTE CORRE LENTA

Traigo el hambre en la punta de la vara
para tender mi ropa seca
y no quiero.
No quiero tender el rifle de los zapatos.
Voy a tomarme una champola
en casa de Huevo Frito.
Porque Chencha La Gambá da muy poquito
y necesito un sostén
para girar en esta vida.
Qué es sostén de hombres a hambre.
Quiero tener otra visión del mundo
porque ya no quiero a mi mundo.
Veo pasar flores marchitas,
y no me quito el itán.
La muerte lenta.
Después que yo corro tanto y tanto.
Hoy me veo en ella lenta,
sin la carga del correr.

POEMAS BLANCOS
(2)

Espero la canción,
el agua potable,
la fatigación del tiempo,
la risa mancomunada
con la boca.
Se menea el paso,
duele la muela,
el dentista no está,
la secretaria
fue al puesto de vianda.
La radio puso la canción
"Mi Cristo y Yo".

NOTA:

(1) Poema del libro Camánnlloró reeditado por la Colección Sur.


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