Ballet Nacional de Cuba en Costa Rica: lo bello y lo frágil


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1. Anette Delgado y Dani Hernández en Giselle , una fantasiosa historia sobre la oscuridad del amor. Foto: Nancy Reyes.

Por: NATALIA DÍAZ ZELEDÓN

En la imaginación, Cuba evoca imágenes de Fidel Castro, finos habanos y, por el legado de Alicia Alonso, de ballet clásico.

La famosa prima ballerina assoluta fundó su propia compañía en 1948 y, con el pasó de los años, su tropa alcanzó a llamarse el Ballet Nacional de Cuba.

Este fin de semana, Costa Rica recibe a 68 años de obstinado trabajo en formación y creación artística.

En su tercera visita al país, el elenco del Ballet Nacional de Cuba bailará en el Teatro Popular Melico Salazar.

El programa incluye fragmentos de obras que consagraron a los cubanos como una de las compañías de ballet clásico más importantes en el mundo.

En las tres funciones se interpretará el segundo acto de Giselle y la suitede Don Quijote . El repertorio también incluirá, de forma alternada, los pas de deux –coreografías en dúo– de El lago de los cisnes ( El cisne negro ) y El Corsario. Los bailarines también interpretarán el balletMuñecos , del coreógrafo cubano Alberto Méndez.

El segundo acto de Giselle ofrece uno de los solos más famosos del ballet romántico. (FOTO: CORTESÍA INTERAMERICANA PRODUCCIONES.)

Leyendas vivas. La tradición del ballet en Cuba es joven y, a diferencia de otros países, completamente secular.

“Después del triunfo de la Revolución cubana, se hizo un trabajo de divulgación masiva del arte del ballet . Íbamos a fábricas, centros de estudio e incluso unidades militares. Eso generó un público muy interesado”, detalló el académico Pedro Simón, actual esposo de Alicia Alonso, durante el martes pasado.

El legado de Alonso es simbólico y tangible. Como bailarina, marcó para siempre la interpretación de Giselle. Como maestra, marcó el rumbo para generaciones venideras.

“Realmente, es uno de los grandes clásicos que tiene el ballet . Gisellees el ballet que consagra a una primera bailarina”, explicó por vía telefónica la bailarina Viengsay Valdés, quien interpretará al personaje en las funciones en Costa Rica.

“El Ballet Nacional de Cuba se ha encargado de respetar el estilo romántico (de Giselle ), preservarlo y, la forma en que lo bailamos, ha sido reconocida internacionalmente”, aseguró la bailarina cubana.

El Ballet Nacional de Cuba interpretará la suite de Don Quijote. Viengsay Valdés interpretará el rol principal el sábado. (FOTO: CORTESÍA DE INTERAMERICANA PRODUCCIONES. )

“Momentos claves en mi carrera... Cuando me estrené en Giselle , en el 2006. Es un ballet que toda primera bailarina ansía”, recuerda la bailarina Sadaise Arencibia, quien también bailará el rol en Costa Rica. “Me estrené en el rol junto a José Manuel Carreño (ahora director del Ballet de Monterrey)”.

Para Valdés, la experiencia en el rol de Giselle requiere el dominio de la técnica pero, sobre todo, el disfrute del personaje.

“El balance, el equilibrio sostenido, es una de las características de la escuela cubana de ballet y yo la he desarrollado aún más”, afirmó Valdés. “No es buscar el balance sino que salga como un virtuosismo natural y que te emociona, tanto a mí como el espectador. Es una belleza técnica”.

Un legado. La técnica es lo que une a quienes bailan para el Ballet Nacional de Cuba. El conocimiento es el legado que los bailarines protegen cuando se convierten en maestros de las nuevas generaciones.

“El sueño de cualquier bailarín que está estudiando en la Escuela Nacional de Cuba es formar parte del Ballet Nacional de Cuba”, resume la bailarina Anette Delgado.

“Alicia Alonso nos ha hablado mucho, nos ha transmitido parte de esos conocimientos y de sus sensaciones a la hora de interpretar a los personajes”, aseguró Delgado.

Entre Alicia y su primer esposo, Fernando Alonso, crearon los cimientos para varias generaciones de bailarines de calidad internacional.

Las siguientes generaciones, tan brillantes como Alonso, también se convirtieron en maestros y mentores. La continuidad del proyecto de Alonso está asegurada en esa tradición de educación.

El Ballet Nacional de Cuba interpretará la suite de Don Quijote . Viengsay Valdés interpretará el rol principal el sábado. Foto: Cortesía de Interamericana Producciones.

“Impartir clases me brinda la posibilidad de transmitir, como primer bailarín y como representante de la compañía, la experiencia que he adquirido y este conocimiento que he tenido de otros maestros para relegarlo a otros bailarines”, explicó en entrevista Dani Hernández, quien es pareja –dentro y fuera del escenario– de Delgado.

“Con todo lo que aprendes, sientes que puedes transmitir lo que has aprendido y has vivido. Es muy lindo”, afirmó Arencibia, quien aspira a convertirse en maestra.

“Trabajé directamente con el maestro Fernando Alonso y soy de una generación que tuvo el privilegio de bailar con las cuatro joyas delballet cubano –Loipa Araújo, Aurora Bosch, Josefina Méndez y Mirta Plá–. He tenido personas que me han guiado en mi carrera con una experiencia escénica internacional que me han guiado y dado consejos. Conservo eso como un tesoro y espero transmitirlo a otras generaciones”, detalló la bailarina Viengsay Valdés.

No obstante, el conocimiento no queda solamente en el estilo de baile de los artistas sino que, gracias a la difusión pública del Ballet Nacional de Cuba, forma a espectadores educados y críticos que exigen más y más de lo que ven en escena.

“Es un público que demanda mucho del bailarín y, por lo tanto, uno se siente muy comprometido porque te están esperando para una función impecable”, confirma Arencibia sobre los retos en escena.

Los bailarines coinciden en que, para alcanzar esa perfección, aprender es una labor infinita del ballet.

“Es muy gratificante cuando bailas y se ve el fruto de tu trabajo. Es duro porque puedes tener momentos de estrés, preocupaciones. Como todo”, asegura Arencibia.


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