Cafetal Angerona: nunca más una ruina en silencio (+FOTOS)


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Cafetal Angerona. Fotos: Alexander Sosa

Dicen que por las noches el sonido de las cadenas arrastradas por los esclavos se apodera de este lugar. Son las ruinas del singular Cafetal Angerona, cuyas tierras fueron compradas en 1813 por Don Cornelio Souchay, nacido en Alemania en 1784 y quien, como pocos hacendados de la época, vivía en su propiedad.

El misterio del Cafetal Angerona, nombrado así por su dueño en honor a la diosa del silencio y la fertilidad de los campos, atrapan a quien por primera vez pisa estos dominios.

Durante las décadas del desarrollo del café en Cuba en el siglo XIX,  Angerona fue el segundo de mayor producción en toda la Isla con cerca de setecientos 50 mil cafetos sembrados y el más lujoso de todos.

Según Berta Martínez Páez, historiadora de ese emblemático sitio, el Cafetal Angerona no solo se distinguió por su fastuosidad  arquitectónica sino por la forma de gobernación establecida por Souchay y el trato a sus esclavos, el cual incluía atenciones médicas y el cuidado a las mujeres embarazadas.

Pero las labores de una mujer también le dio fama y reconocimiento al gran Cafetal: Úrsula Lambert, negra haitiana nacida en o posterior a 1794, pasó a ser la mano derecha de Don Cornelio Souchay hasta su muerte y hoy constituye todo un símbolo de Angerona.

Todavía falsas historias rodean la vida de esta singular haitiana, la más difundida: su relación amorosa no comprobada con Don Cornelio Souchay. Úrsula Lambert murió en 1860 con aproximadamente setenta años en La Habana.

Cae la tarde en el antiguo Cafetal Angerona. Las ruinas guardan el “roble de olor” de Don Cornelio Souchay y toda la tierra la gracia femenina de Úrsula Lambert. Quizás esta noche el sonido de las cadenas arrastradas por los esclavos vuelva a apoderarse de este lugar.


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