Carlos Puebla. El cantor del pueblo cumplió cien años / Por: Lino Betancourt Molina


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Uno de los más famosos trovadores cubanos es Carlos Puebla. Nació el 11 de septiembre de 1917 en Manzanillo. Al igual que Miguel Matamoros, se inició en la música tocando una pequeña armónica.

Muy niño comienza a aprender el oficio de carpintero: fabrica bastones de granadillo. En esos años era tenido como hombre elegante aquel que lucía un bastón y lo usara como prenda de lujo, aunque no lo necesitara para andar. Pero Carlos se cansó pronto de pasarle lija a los palos de granadillo y sus padres decidieron que se hiciera zapatero. Esto le gustó más, porque el claveteo de las suelas lo hace con ritmo y se parece un poco más a la música.

Un hermano de Carlos recibía clases de guitarra por el día, y él aprovechó las noches para tomar prestado el instrumento y aprender con un método de guitarra que había comprando en una librería de Manzanillo.

Un día se presentó en la emisora manzanillera CMKM y solicitó ser escuchado. Cuando lo oyeron le dieron la oportunidad de cantar allí. No sabía escribir música, pero sí hacía unos versos que le dio a Chichí Estacil, zapatero y director de la Banda Municipal de Manzanillo, y este se encargó de ponerles música.

A principios de la década del treinta, Carlos Puebla decide cambiar de vida, dejar el estrecho ámbito manzanillero y tratar de abrirse paso en La Habana.

Luego de una escala en Matanzas sigue para la capital y se presenta en Radio García Serra. Pero las cosas no le van bien y tiene que regresar a Manzanillo. El joven cantor no se desanima, y en 1957 intenta de nuevo cosechar el triunfo en la capital cubana.

Un día, caminando sin rumbo por La Habana Vieja, se encuentra con la Bodeguita del Medio. Recuerda el trovador que era sábado por la tarde y el establecimiento estaba repleto de clientes tomando y comiendo exquisitas golosinas que la señora de Martínez, el dueño de la Bodeguita, preparaba. Se animó y desenfundando su guitarra cantó uno de sus boleros. La gente solicitó otro número y lo invitaron a beber y a comer y además le dieron algún dinero. Ángel Martínez, el dueño, le pide que vuelva al otro día y, claro, Carlos Puebla regresa ese día y otro más, y por fin se queda allí cantando durante un tiempo.

Se enteró el trovador que Martínez era un viejo comunista y por tanto no simpatizaba con el gobierno. Entonces Puebla tomó confianza y entre amigos comienza a cantar sus cancones llenas de contenido político.

Cuando Batista emprende la construcción de un hospital antituberculoso en Topes de Collantes, Puebla canta:

 

Liborio, no hay que apurarse

porque la cosa anda mal.

No hay que apurarse Liborio

ya tenemos hospital.

Eso está muy mal

primero hacen los enfermos

y después el hospital

 

El 1ro de enero de1959 triunfa la Revolución y Puebla sigue cantando, pero ahora canciones de profundo contenido político.

El 31 de diciembre de 1960 Fidel Castro invita a despedir el año en una cena organizada en el antiguo campamento de Columbia, ya convertido en escuela, y durante el acto el locutor Cepero Brito anuncia a Carlos Puebla como “El cantor del pueblo”.

Aunque lo más conocido de Puebla son sus guarachas, sones y canciones políticas, también fue un inspirado compositor de boleros como los titulados Quiero hablar contigo y Cuenta conmigo.

Fue el cronista de la Revolución.

 

Como cantar es mi oficio

yo canto al esfuerzo duro

de construir el futuro

con alegre sacrificio

 

Cuando Fidel entró victorioso en La Habana, y poco después comienzan las reformas políticas y sociales, compuso Y en eso llegó Fidel.

Cuando se conoció la muerte de Ernesto Che Guevara compuso enseguida Hasta Siempre.

Compuso cerca de 2000 obras y grabó unos cincuenta álbumes de larga duración.

Viajó por el mundo entero dando a conocer con sus composiciones el mensaje revolucionario de la Cuba socialista.

Carlos Puebla se mantuvo cantando hasta pocos meses antes de su muerte. Era diabético y hubo que amputarle una pierna. Enfermó gravemente.

El 12 de julio de 1989 dejó de existir El cantor del pueblo, el que entusiasmó a multitudes de Francia, México, Italia y otros países con sus sones, el que enardecía con su voz a los pueblos de Viet Nam, Chile, El Salvador y Nicaragua. El mismo que recorrió todos los continentes con su guitarra haciendo perenne su lema: “De Cuba traigo un cantar”.

 

 

FUENTE:

—Betancourt Molina, Lino. La Trova y el Bolero. Apuntes para una historia. Editora Musical Producciones Colibrí.

 

 

Publicado: 22 de diciembre de 2017.


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