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Chocolate Armenteros y el Día de Reyes


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Melchor, Baltazar y Gaspar han alimentado durante años y siglos las fantasías de  los niños que creen en los poderes de estos tres Reyes Magos que cada seis de enero entran furtivamente en sus vidas y satisfacen las solicitudes que dejan bajo la almohada.

El Día de Reyes, también o además, fue el argumento que permitió que durante casi cuatro siglos de esclavitud a los negros en Cuba festejar y vitorear a sus antepasados; entonces salían los cabildos de nación y los íremes recorrían las calles de la zona vieja de la ciudad asustando a los niños o haciendo las delicias de otros cuyo vínculo con el África le corría por la venas. Ese fue el primer paso del largo proceso de transculturación que aún no ha concluido y que nos define como nación. El Día de Reyes fue la primera puerta abierta de nuestra hoy consolidada nacionalidad

En uno de esos cabildos de nación están los antecedentes de Alfredo “Chocolate” Armenteros, uno de los grandes trompetistas cubanos de todos los tiempos que este Día de Reyes del año de nuestro señor de la rumba de 2016 dejó de existir en la ciudad de Nueva York. El Casino Real de los Congos, el mismo donde fue consagrado junto a su primo Bartolomé Maximiliano Moré o simplemente Benny, volvió a estar de luto y no pudo desfilar.

Ocurre que “Chocolate” Armenteros, a pesar de su grandeza como músico, es un gran desconocido en Cuba, algo que no debe sorprender pues igual sucede con la figura de Mario Bauza, de Frank “Machito”, Grillo, Rudy Calzado, Carlos “Patato” Valdés, Aniceto Benítez   y otros grandes músicos cubanos; cuya carrera ocurrió casi en su totalidad en otras tierras y son referencias obligadas de la música universal.

En el año 2011 había sido invitado a viajar a Cuba por el cantante cubano Issac Delgado para que fuera parte del staff de un disco que grababa en ese momento en los estudios de la EGREM; había salido de su tierra natal en 1957 y no había regresado, muy a pesar de estar actualizado del ambiente musical de la isla. Pero el viaje no se concretó y tanto músicos como diletantes nos quedamos sentados en la puerta del estudio. Simplemente renunció.

Lo de Chocolate dicen que viene porque alguien le confundió con el Kid del mismo nombre, dicen que fue una mujer; pero también se dice que su sonido para tocar el son e improvisar en el latín jazz era dulzón con cierta amargura como el mejor chocolate conocido.

Así parece que fue desde los años cuarenta hasta este mismo seis de enero. Ron, tabaco y buena música; eran sus grandes pasiones. Formó junto al “Negro” Vivar y Félix Chapottín la mejor cuerda de metales soneros de todos los tiempos en el Conjunto de Arsenio Rodríguez; después dejó su impronta en la Sonora Matancera —otra gran desconocida en Cuba— y no podía faltar en la banda del Benny, ni dejar de compartir fechorías musicales con Generoso Jiménez.

Pero Chocolate era inquieto y un buen día se fue a tocar junto a Mario Bauza, a Dizzy Gillespie y con la Orquesta de Fajardo —era el único sobreviviente de la noche en que J.F.K. rumeo de lo lindo en el Waldorf Astoria el año en que ganó la presidencia de Estados Unidos— y de ahí a la inmortalidad.

Dicen que el sonido sonero más cercano a su estilo en Cuba es el de Elpidio Chapottín, será porque hay influencias a las que no se puede renunciar; Chocolate Armenteros nunca podrá hacer dúo con el hijo de su compadre.

Este seis de enero Melchor, Baltazar y Gaspar de retorno a sus lugares de origen lo harán de manera distinta; al sonido de una trompeta, que no es la de Jericó, es la de Chocolate Armenteros improvisando sobre un nuevos son; ese es el regalo que ellos se han hecho, y a nosotros nos han dejado un gran vacío.


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