Conversación con un descendiente indocubano de la gran familia Rojas Ramírez – Ramírez Rojas


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Fotos: Cortesía de la autora.

Conocí a Geovani Ramírez Rojas, periodista redactor de reportajes de prensa de la Emisora Cmks de la provincia de Guantánamo, en el II Taller de Indigenidad Cubana Valores y Saberes: “El mundo de las plantas” (1), celebrado del 6 al 9 de diciembre de 2018 en el Campismo ”Playita de Cajobabo”, Cajobabo, municipio de Imías, Guantánamo. ´Geovani, su mamá y su esposa, asistían como representantes de una de las numerosas ramas de la gran familia indocubana, creada, denominada y bautizada con  apellidos castellanos en las primeras décadas del siglo XVI, a partir de la política de colonización española en el Archipiélago de Cuba, y, con posterioridad, en todo su extenso imperio.

¿Cuáles fueron los nombres originales de aquellos aruacos, descubridores y primeros pobladores de Cuba —precursores de los cubanos y cubanas de hoy—, que fueron conquistados y esclavizados, “encomendados”, por la fuerza de la espada y la imposición de la cruz? Sencillamente, sus nombres, posiblemente en lengua aruaca insular, fueron borrados de la memoria histórica a través del simple acto católico del bautismo y de la inscripción en un libro de registro parroquial de bautismos y nacimientos. (Al igual que había sucedido con los guanches de las Islas Canarias y después, con los africanos negros comprados como esclavos y trasladados a la Isla de Cuba).

Desapareció su verdadera identidad, como pueblo originario, así como muchas de sus manifestaciones culturales y religiosas, sus ancestrales asentamientos y organización de la vida colectiva e  individual. De estas y muchas otras maneras ocurrió el genocidio, material  e inmaterial, que nos relata la historia oficial. Sin embargo, ahí no terminó definitivamente la cuestión, como se ha afirmado erróneamente. Aparecieron las nuevas formas de sobrevivencia y resistencia indoblegable frente a la ocupación y dominación colonial. Esto nos lo explican Geovani y la realidad contemporánea de la Gran familia Rojas-Ramírez y viceversa, entre otras.

Los nuevos nombres y, sobre todo, los apellidos hispanos, fueron la “marca” con que agrupaba a los aborígenes y los reidentificaba (como a una manada de ganado) el encomendero a quien le había sido mercedada por los reyes españoles, tierras y poblaciones enteras, sin distinción alguna entre los linajes de las familias originales. En consecuencia, se crearon nuevos vínculos de unión familiar, que, a veces, cuando reunían asentamientos originales diferentes, no respondían a relaciones consanguíneas. Esas “familias” que reforzaron la unidad de los indocubanos en base a la organización de la encomienda, se conservan hasta hoy. Tan importante arista del problema de nuestra indigenidad ha sido poco o nada explorada por los historiadores, a pesar de su inobjetable interés para definir los componentes esenciales del “ajiaco” orticiano de nuestra identidad y de su legado cultural.

Lo que me trasmitió Geovani en sus palabras, hondamente llenas de nostalgia y tristeza, aunque con gran firmeza y convicción, es una mínima parte de la historia oral de la sobrevivencia del indocubano, contada por los abuelos o ancianos de la comunidad, bajo la época colonial, bajo la primera República neocolonial, y después bajo la etapa de la Revolución cubana, iniciada en 1959, hasta hoy. (2)

Respetuosamente lo escuché, también con dolor y amargura, porque la ausencia del indocubano en nuestra historiografía, donde predomina la visión colonialista del “aniquilamiento”, o de la disolución de la “pureza racial” a través del mestizaje con el español o el africano, o la del “inferior desarrollo de su cultura frente a las altas culturas americanas prehispánicas”, y se ve únicamente sumida en la miseria y el atraso sin tomar en cuenta sus especificidades esenciales, constituye actualmente una realidad injusta y errónea, que debe ser superada con toda la urgencia y jerarquía de su importancia humana y científica.  

No significa tan solo una falta de conocimientos acerca de una parte de la población de nuestro país, ciertamente minoritaria y alejada de los centros urbanos, de su cultura campesina vinculada a las necesidades de la vida cotidiana en montes aislados, con peligrosos caminos de tierra, a veces en zonas de silencio, donde aun se añora la energía eléctrica o alternativa para solucionar problemas domésticos, lo peor: es omitida la raíz cubana primigenia, que es ignorada y menospreciada debido a errores conceptuales, a prejuicios y prejuiciosos innombrables, y/o a la creencia en y la reiteración acrítica de enfoques y visiones historiográficas colonialistas ultrapasados desde hace más de seis décadas por el modelo ideológico revolucionario de justicia y equidad social.

Sin más dilación, les trasmito textualmente,  tal cual fue escuchada,  grabada y transcripta por mí (puntuación incluida), la conversación que mantuve con Geovani, en la tarde del día 6 de octubre de 2018, en la cabaña que ocupaba junto a su mamá y su esposa. La grabación solamente duró 12 minutos, no obstante me mostró un panorama histórico que yo ni imaginaba y desde el cual se abren muchas líneas de investigación sobre una temática que no se encuentra registrada en el Programa nacional de Historia de Cuba.

La transcripción realizada respeta totalmente la expresión oral de Geovani, no hice cambio alguno, aunque es posible una redacción ulterior, contando con su aprobación. Si incluí entre corchetes algunas palabras que ayudan al lector a completar ideas y añadí, al final, notas que confirman el acierto de su relato, personajes, fechas históricas, y otros datos de la fascinante migración de los rebeldes indocubanos que nunca se sometieron al poder colonial cuando se les redujo a los “pueblos de indios”, muy pocos de los conocidos hasta ahora  (Guanabacoa y San Luis de los Caneyes).  Ellos mantuvieron con silenciosa dignidad, por más de cuatro siglos, su vida en comunidades libres, bien lejos de los españoles, en los realengos no ocupados de las montañas orientales, en parte de la ruralidad espléndida y desafiante de nuestros montes.

Entrevista con Geovani Ramírez Rojas (GRR)

LAA: ¿Cuál es el origen de tu familia y su vínculo con la de Panchito? (3)

GRR: Una parte considerable de los Rojas y de los Ramírez, también, somos procedentes de El Caney (4), según cuentan los abuelos (el padre de mi mamá y su abuelo) de San Luis de los Caneyes, en Santiago de Cuba, a partir de la travesía por las montañas: de Ramón de las Yaguas a Tiguabos y de ahí a La Güira, un asentamiento, el más cercano en el tiempo y la memoria, incluso de leyenda, de encuentro y de ubicación familiar.     

La Güira, que en un tiempo pertenecía al municipio de Yateras, territorialmente y ahora pertenece al municipio de Manuel Tames. Eso está en la premontaña entre el Valle de Guantánamo y el municipio de Yateras, en Manuel Tames, allí está el asentamiento de La Güira. Todavía en la Güira, allí, existen familias Rojas y Ramírez descendientes de esos tiempos, que se quedaron allí en La Güira, e hicieron vida allí y [en] Palmar. Actualmente, estamos haciendo un registro familiar [de familias e individuos] una cuenta muy importante, [debido a que] todavía allí existen personas muy ancianas y su descendencia.

L.A.A.: ¿Cuál fue la causa de esta migración constante hacia las montañas?

G.R.R.: ¿Qué pasa con la migración? La migración tuvo dos motivos fundamentales. En mi apreciación, el primero de ellos es no someterse, no someterse al yugo colonial, evitar el sometimiento, no someterse ni a la explotación colonial, ni a la religión católica, muy importante. Ese es un motivo muy importante de la diáspora.

L.A.A.: Pero, también si los echaban de El Caney, o no querían residir allá, tenían que buscar tierras nuevas donde asentarse y hacer posible la subsistencia…

G.R.R.: El otro motivo es económico, porque se quedaron sin tierras. Les ocuparon las tierras.  Con la espada y con la cruz se impuso la cultura europea, española, ibérica, occidental. Y se obligó a los que se resistieron al sometimiento a migrar, a buscar refugio en las montañas, que ya habían sido refugio de los apalencados. Los primeros apalencados de esta Isla fueron los rebeldes indios (5); el último y que más se conoce de la resistencia fue Guamá, pero hubo otros que resistieron. Después de Guamá, los que sobrevivieron al holocausto que significó la conquista y colonización, se resistieron a la mezcla, incluso se resistieron a la mezcla sanguínea, era rechazada la mezcla con los españoles, ibéricos, y también fueron pasando a Tiguabos. Tan es así, [que] cuando empieza la población [el poblamiento] por los criollos [blancos, negros y mestizos], en los principios del siglo XVIII, del Partido de Tiguabos, en el Valle de Guantánamo no existía ciudad, no existía poblado, no existía nada. Eran tierras realengas, vírgenes, “tierras de indios”, como las llaman los investigadores, como se conocen. 

Cuando llegan los Pérez, que fue la primera familia criolla que se asentó en Tiguabos —que son los que hacen la primera iglesia católica en el pueblecito de Tiguabos—, ellos ven un pueblo de indios, hay bohíos, es un batey de indios. Estos indios fueron los que combatieron junto a los criollos contra los ingleses en 1740, defendieron el poblado de Tiguabos cuando los ingleses intentaron ocupar la Bahía de Guantánamo. Pero, [después] sigue la peregrinación hacia el poblado de La Güira, allí hicieron vida por muchos años. Y de La Güira continuaron migrando a partir de la propia invasión, ¿por qué no decirlo así?,  de los colonos extranjeros y los criollos hacia el Valle de Guantánamo.

Va llamando la atención el Valle de Guantánamo, va teniendo importancia económica. Y es entonces cuando pasan de La Güira a San Andrés de los Indios, que es el asentamiento de mayor relevancia durante los tiempos coloniales. Caridad de los Indios [en Yateras] surge después. El mayor asentamiento fue San Andrés de los Indios; incluso veteranos de la Guerra de los Diez Años, veteranos de la Guerra Chiquita y los de la Guerra del 95, a los cuales se les dio tierras, se le pagaron pensiones y se asentaron allí, vivían en San Andrés.

A partir de ese núcleo de San Andrés es que empieza también la expansión por toda la montaña de la familia Ramírez Rojas. Una parte de los Ramírez. Es importante historiográficamente precisar que el obispo Miguel Ramírez (6) bautizó a los indios de la costa sur, desde Santiago de Cuba, la zona de El Caney, Baconao, Baitiquirí…, por el año 1530 y tantos a 1540 [aproximadamente]. El obispo Miguel Ramírez, dio lugar a los primeros indios que llevaron ese apellido. Esto ocurrió en la primera época de la conquista.  El otro apellido; viene de Manuel Rojas (7) quien es el gobernador de Santiago de Cuba (8), que tenía residencia en Baracoa, era sobrino de Diego Velázquez, le dio el apellido Rojas a los indios. El Obispo Ramírez  bautiza a los indios en toda la costa sur, por eso es que cuando usted busca allí el apellido Ramírez, tienen asentamientos en el Partido de Cocoa y de Imías, Veguitas del Sur, y en Baitiquirí que habían importantes encomiendas de indios que emigran hacia el Valle de Caujerí.

El  Valle de Caujerí es una zona de apellido Ramírez totalmente y Veguita del Sur, son descendientes de los indios bautizados por el Obispo Ramírez.

En la montaña es donde se mezclan los dos apellidos  [Rojas y Ramírez], de los que vienen de El Caney [Rojas] y los que suben de la costa sur  [Ramírez] evitando la mezcla de culturas. Esto ocurre a partir ya, yo lo ubico, del siglo XVIII y XIX. Es cuando se establece esta zona de San Andrés [de los Indios] y ya abarca el Valle de Caujerí porque hay interés de intercambio con las costas para aprovisionarse de sal, el comercio, y también [por] la conquista de monte adentro.

Según narran mis abuelos, por ejemplo, en la zona de Bernardo de Yateras, que es una zona más céntrica, que ya la montaña en Bernardo perteneció a Baracoa, al Partido de Baracoa, se decía Bernardo de Baracoa durante mucho tiempo. Allí fue donde yo nací. Allí fue donde se asentó mi mamá que era oriunda de San Andrés de los Indios y mi papá de Bernardo. ¿Pero cómo llegaron a Bernardo los ancestros? Buscando alimentación, era un problema económico. Cazando, decían ellos, “machos cimarrones”, puercos jíbaros; cazando venados muchas veces, que habían ya introducido los colonizadores en el país y buscando pesca en el río Toa, que era una de las fuentes de alimentación ancestral de los aborígenes.

Entonces, en la medida que iban adentrándose en los montes vírgenes y asentándose en vara en tierra, construyendo vara en tierra, de forma temporal para la caza, ya se fueron estableciendo, ocupando esas tierras realengas también, y es como se “pobla” Yateras. Recordamos que, mucho antes, confluyendo en el tiempo están los mayores palenques de esclavos cimarrones del país, de eso se habla poco, se habla de las sublevaciones y los palenques del occidente del país, pero no se habla de los palenques de mayor importancia, incluso por su organización económica y por la estructura que tenían esos palenques de negros esclavos, cuando ya el Valle de Guantánamo tiene importancia económica, estamos hablando de 1815.

De 1815 a 1820 las fuerzas coloniales organizan los ejércitos coloniales, junto a rancheadores, donde participan indios (eran los que mejor conocían el territorio), participan para exterminar los palenques (9) porque constituyen inclusive peligro para las sitierías y los bateyes de los indios. Están los palenques de “El Frijol”, el palenque de “Todos tenemos”, “Guardamujeres”, “Calunda”, donde existía un sistema defensivo lo que me parece muy importante, digno de estudiar, porque son las riquezas históricas que atesora la montaña de Guantánamo, las montañas de Oriente, muy poco estudiadas lamentablemente.

NOTAS:

  1. Ver una reseña acerca de este acontecimiento por la misma Autora, publicada en el Periódico CUBARTE, recientemente. L.A.A.
  2. No tenemos información sobre que esa historia oral verdadera llegara a ver la luz en las publicaciones educacionales o académicas de la historia cubana. Durante demasiado tiempo se consideró este conocimiento propio, únicamente, para las indagaciones arqueológicas, antropológicas, lingüisticas, espeleológicas, del arte rupestre… debido al mito historiográfico reirerado del “aniquilamiento” o la extinción total del aborigen, y del “mestizaje” de su descendencia. Ahora se añaden nuevos datos e hipótesis (Hartmann-Barreiro) a la investigación histórica, partiendo de otros métodos, de la historia de familias, conteo de individuos,  la genética, oralidad, Talleres de Indigenidad cubana sobre diversos temas culturales, etc.
  3. “Panchito”, Francisco Rojas Ramírez. Agricultor, pequeño propietario, miembro de la ANAP y otras organizaciones revolucionarias no gubernamentales. Actualmente es el cacique más conocido e importante de la región oriental de Cuba. Reside en La Ranchería Caridad de los Indios, municipio de Yateras, Guantánamo. Tiene más de 80 años de edad. El término “cacique” se interpreta como el o la guía de una comunidad indocubana hasta la actualidad. “Es un aruaquismo insular que se ha preservado en el español de Cuba fundamentalmente con el significado traslaticio de “…persona principal que haga de jefe en un lugar, de un grupo, donde se le obedezca en todo y manda de modo arbitrario, sobre todo, en el orden político” (Rodríguez Herrera 1958-59: I, 241): tomado de Sergio Valdés Bernal: Las lenguas indígenas de América y el español de Cuba, Tomo I, p. 125.
  4. “La Historia reconoce como comunidad de indios de El Caney, en Cuba [al Norte de Santiago de Cuba], a un pueblo de indios encomendados, fundado en 1539 y convertido posteriormente, durante la segunda mitad del siglo XVI, en reducción aborigen denominada San Luis de los Caneyes.” Juan Manuel Reyes Cardero (Oficina del Historiador de Santiago de Cuba): “Mestizaje y prevalencia de indios en El Caney durante los siglos XVIII y XIX”, Boletín “Cajobabo”, No. 2/2018, p.17. Se añade por Reyes al pie de una ilustración: “El escudo de San Luis de los Caneyes, otorgado en el siglo XVII, por misión de proteger las costas.  Se observa un guerrero indio, defendiendo los reinos de León y Castilla.”
  5. Se refiere al inicio de la conquista y colonización, después de la invasión de Diego Velázquez de Cuéllar a los cacicazgos aruacos (también llamados “taínos” según lo entendieron y escribieron los españoles) de Maisí y Baracoa alrededor de los primeros meses de 1511, de la muerte del cacique quisqueyano Hatuey, quien fue quemado vivo, y de la persecución y aplastamiento de la resistencia indígena encabezada por el cacique Guamá y otros. 
  6. Miguel Ramírez Salamanca: VI Obispo de la Diócesis de Cuba, según Morell de Santa Cruz, “El Maestro Dn. Miguel Ramírez de Salamanca, VI Obispo de Cuba. Fue el primero de este nombre, natural de Burgos [España]del orden Predicadores; Abad de la Isla de Santiago (alias Jamaica) de donde ascendió a la mitra de esta iglesia. No hay más noticia de este Señor Obispo” (p. 289).  Para precisar un poco la fecha del ejercicio de sus funciones tomo datos de la misma fuente, Morell de Santa Cruz: 1) “Eríjese la Catedral en Santiago y se da a esta villa el título de ciudad [… según] “la bula expedida á los 28 de abril de quinientos veintidos”.2) El siguiente obispo de Cuba que sustituyó a Ramírez fue el “Iltmo. Sor. Fray Diego Sarmiento Setimo Obispo de Cuba. […] “Fue electo obispo de Cuba y pasó a su obispado en el quinientos treintaiseis…” (p. 321) Es posible colegir que entre 1522 y 1536 tuvo lugar el cambio de la sede del obispado de Baracoa a la ciudad de Santiago de Cuba, y que es en este período cuando ejerce el VI Obispo de Cuba y se hacen los bautizos en la zona sur, a que nos remite Geovani. El interés de los reyes por los indios aumentó por esos años. Morell afirma que al obispo Sarmiento “Por cédula del Consejo de Indias se le encargó el buen tratamiento de los indios, y que visitase una vez cada año sus lugares para que fuesen más bien tratados y adoctrinados en la fe.” (p.321) Academia de la Historia de Cuba: Historia de la Isla de Cuba por el Ilustrísimo Don Pedro Agustín Morell de Santa Cruz Obispo de ella con un prefacio de Francisco de Paula Coronado Académico de número. La Habana Imprenta “Cuba Intelectual” Calle de Cuba num. 5 MCXMXXIX (1929), en: Pedro Agustín Morell de Santa Cruz Primeros historiadores del siglo XVIII, Biblioteca de Clásicos Cubanos, Casa de Altos Estudios de la Universidad de La Habana, Ed. Imagen Contemporánea, La Habana, 2005.
  7. Manuel de Rojas: Encomendero, usufructuario de tierras e indios en Baracoa y Santiago de Cuba, a inicios del siglo XVI. Tuvo un lugar destacado en el gobierno de la Isla de Cuba junto a Diego Velázquez de Cuéllar, nombrado Adelantado y primer gobernador de la Isla en 1518.
  8. Santiago de Cuba, también conocida por Cuba, fue fundada como villa en 1515 por Diego Velázquez; posteriormente, 1522, fue creada como capital de la Isla de Cuba, la segunda después de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, y hacia ella se trasladaron las instituciones y funcionarios coloniales. Tal vez, Manuel de Rojas quedó en Baracoa, provisionalmente, mientras se efectuaba el tránsito de la capital de un lugar a otro. Al morir Diego Velázquez en 1524, quien ocupa su cargo interinamente es Manuel de Rojas (1524-1525). Su segunda interinatura ocurrió entre 1531 y 1535 (Coincidiendo con el desempeño del VI Obispo de Cuba. LAA) Instituto de Historia de Cuba; La Colonia evolución socioeconómica y formación nacional. De los orígenes hasta 1867, Editora Política/ La Habana, 1994.
  9. Palenque: m. hist. Lugar, alejado y de difícil acceso en el que se refugiaban los esclavos negros fugitivos. Cárdenas Molina, Gisela y otros (Coords,): Diccionario del Español de Cuba Español de Cuba-Español de España, Editorial  Gredos S. A. Madri, España, 2000, p.394.

2 comentarios

Leo Buenaventura
4 de Febrero de 2019 a las 08:53

Qué interesante trabajo. Nosotros con La Colmenita fuimos a las zonas de silencio de casi toda la parte oriental y nos sorprendía encontrarnos con tantas personas con rasgos indígenas y el pelo lacio. Fue algo impresionate que recuerdo con especial cariño y que agradezco mucho de la vida la oportunidad maravillosa de estar en sus casas y compartir con ellos con el afecto y el cariño que les caracteriza. Debemos recuperar esta parte de la historia que por razones diversas esta bastante silenciada. Debe ser un objeetivo ya a seguir con todo el apoyo de las instituciones del país.


Lohania Aruca Alonso
18 de Febrero de 2019 a las 18:13

Gracias Leo. Trasmito tu comentario a Alejandro Hartmann y Jose Barreiro, quienes están al frente de la investigación sobre la Gran Familia. Seguiré publicando otras entrevistas y articulos sobre este tema. Lohania Aruca

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