De la africanía en Cuba. Odi Fumbo


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Había una vez un hombre que era algo incrédulo y con el tiempo lo convencieron para consagrarse en Ifá, ¿por qué razón? - Por salud, le dijeron.

El hombre, a pesar de lo desobediente que era, se consagró.

Y entonces en una de las ceremonias salió el odun Odi Fumbo y le dijeron que tuviera cuidado con que su obiní lo quisiera gobernar; que podría perder su ilé y que debía organizarse. Le dijeron que fuera humilde y no desobediente, que escuchara los consejos de los santos y los amigos. Le dijeron además que este signo marcaba un estado de confusión mental que pudiera revelarse mediante la charlatanería y la petulancia o en el peor de los casos, mediante engaños y ardides. En este Ifá los hijos no reconocen los sacrificios de los padres.

Fue entonces cuando le relataron el siguiente patakín.

En una fértil llanura, al lado del Oriente, Olodumare plantó un huerto universalmente conocido como “El jardín de las hierbas de Osanyin” y en él puso a Obatalá para que allí viviera, lo cuidara y se alimentara.

Cuentan que Olodumare, el Dios supremo de los yorubas, hizo nacer otro árbol conocido como el “Árbol de la Vida” y otro nombrado el “Árbol de las Ciencias del Bien y del Mal”. De este último salía un río de cuatro brazos para beneficiar a aquel huerto. El primero se llamaba Peson y rodeaba toda la tierra de Evila donde había oro fino, piedras preciosas y buen aroma. El segundo ibú se llamaba Guijon y rodeaba la tierra de Cus. El tercero era el Tigris y es el que corre el Oriente de Asiria y el cuarto río es el Éufrates.

Olodumare puso a Olofin a gobernar la tierra y éste le dijo al hombre que era Obatalá:

- Para alimentarte comerás de todo lo que aquí hay, excepto del “Árbol de las Ciencias del Bien y del Mal”; ya que el día que de él comieras, te morirás sin remedio alguno.

Pasado algún tiempo, Olodumare pensó que no era bueno enviar al hombre solo a la tierra y que éste debía tener alguna compañía. También era necesario darle nombres a todo lo que hay en Ará (la tierra): las plantas, los animales, las bestias y todas las aves del cielo.

Olofin por mandato de Olodumare hizo caer en un profundo sueño a Obatalá y de una de sus costillas hizo crear a la mujer.

Obatalá sentenció que debía llamarse Varona por haber nacido de un varón. Así las cosas, el hombre y la mujer andaban por el jardín desnudos sin sentir tiyú (vergüenza) alguna.

Sucedió que un día llegó la ejó (serpiente) hasta donde estaba la obiní y le dijo:

- Para que ustedes nunca mueran tienen que comer del “Árbol de la Vida” (el cual Olofin había prohibido).

La mujer, tentada por la ejó, fue al árbol picada de curiosidad y cogiendo una de aquellas frutas comió de ella y le dio de comer a su okuní. Ambos, viéndose así desnudos se avergonzaron y decidieron cubrir parte de su woní ará (cuerpo) con una hoja de higuera en forma de taparrabos.

Cuando se apareció por allí Olofin, ambos se ocultaron entre los ramajes del bosque. Olofin llamó a Obatalá y el hombre se presentó diciendo que temían que él los viera desnudos.

- ¿Quién te enseñó que tú estabas desnudo?, preguntó Olofin.

- La mujer, respondió Obatalá.

- Higos y espinas recogerás, tendrás que trabajar y serás mortal. Has comido del árbol que se te enseñó no debías comer, le dijo Olofin al hombre; y a la mujer que estaba allí cerca le señaló:

- Por haber oído los consejos de la serpiente que te convidó a comer de los frutos prohibidos, parirás con dolor y vivirás en la incesante lucha con el hombre y después permanecerás bajo su imperio y dominio.

En este odun la mujer reniega de ser mujer. Fue donde Eshu Eleguá salvó a Odi por causa de la mancha y el bochorno. Ifá de confusión.

 


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