¡Descubre tu clown! / Por Claudia Amanda


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Por primera vez en Las Tunas, durante el 4to Taller Internacional de Payasos, disfruté durante seis días del asombroso mundo de los payasos. Fue invaluable la participación de Ernesto Parra (Payaso Papote) y de su tropa teatral Teatro Tuyo en el singular evento que, desde el balcón del Caribe y provincia oriental semidesértica desbordada de tunas, honran el arte del clown en la escena y la crítica nacionales. Pasacalles, talleres, ponencias, presentaciones, publicaciones, muestras de talleres, diálogos, intercambios, clownbarets... fueron los principales espacios donde participantes, talleristas y públicos, festejaron y aprovecharon al máximo la especial convocatoria.

Evento donde prevalece el payaso o clown, particular y universal, mostrándose ante todos tal como es. Así lo hicieron, por ejemplo, los payasos Papote y Chocolina, de Cuba, y Chi Chón, de Colombia, entre otros. Ser único, es el atributo que enriquece el personaje construido con el desafío de provocar la atención, el interés, la risa y estremecer el pensamiento del espectador; estas son las bases de su incansable labor como trabajador social. La grandeza del payaso está en su calidad humana, su honestidad, su carácter sanador y su compromiso social que lo convierten en un ser excepcional. La historia del clown se remonta a la Edad Media europea con las influencias de la comedia y el drama satírico. Para el siglo XVI, el espíritu bufonesco en Francia y el fenómeno de la Comedia del Arte en Italia, marcaron pautas en el desarrollo y el éxito del clown moderno.

No podemos permitir la desestimación de esa tradición profesional. Agradezco inmensamente a Parra por acercarme al conocimiento de la naturaleza clown, felizmente patentada en Cuba por la familia de Teatro Tuyo y clowns cubanos que se han sumado a través de los años a posicionar este trabajo artístico por sobre lo banal, simplista e imprudente. No fue amor a simple vista; a partir del panel “Chaplin y el Clown”, moderado por el crítico y teatrólogo Omar Valiño y la exposición de las ponencias del director teatral y Premio Nacional de Teatro René Fernández, del sociólogo Jorge Torres y el actor y director teatral Rubén Darío Salazar, mi interés por el clown fue en ascenso. Dedicarle esta edición del taller de Payasos a Charles Chaplin fue una excelente idea para profundizar en aspectos del Charlot de Chaplin, estableciendo así comparaciones con el clown latinoamericano actual. Otros encuentros de diálogos sobre payasos, su historia, su esencia y prácticas, despertaron mi curiosidad por las particularidades y técnicas clownescas.

Desde México, Uruguay, España, Colombia y del Salvador la Asociación Irreal Teatro, llegaron propuestas y profesores de los talleres programados. “Mujeres Clowns” fue el taller que acaparó mi atención, en principio por el título, luego durante la participación, fui descubriendo los avatares de la vida de una mujer clown. Helen Verenice Portillo, conocida además por su clown María Verynice Matías Delgado e integrante del colectivo Irreal Teatro, emprendió delicados y gratificantes ejercicios de clown con  las talleristas que asistimos a “Mujeres Clown”.

Como consecuencia de nuestras sociedades patriarcales y como sucede en otros ámbitos de la sociedad y el arte, el clown ha sido protagonizado en su mayoría por hombres. El clown tradicionalmente ha sido símbolo de crítica, fracasos, denuncias, burlas, realidades, etc. y la mujer payasa ha sabido ganar terreno en la profesión y sobreponerse a las barreras sexistas. Los debates internacionales acerca de desigualdades de género e identidad propiciaron el surgimiento de un nuevo paradigma que dio paso a la discusión sobre el papel de la mujer en la sociedad. Para el siglo XX, el paradigma feminista había logrado ya, en alguna medida, transformar socio-culturalmente el orden patriarcal predominante, proponiéndose la construcción de la convivencia de hombres y mujeres sin supremacía u opresión. En la propuesta escénica de Irreal Teatro Clowntivante, los ejemplos de hechos discriminatorios, de violencia y exclusión de la mujer son casos reales resultado de un trabajo sostenido con la Asociación Colectiva Feminista, un proyecto de mujeres salvadoreñas en defensa y protección de la vulnerabilidad de las mujeres en este país.

La mujer comediante o actriz humorística históricamente ha sido marginada en el ámbito artístico, académico y social. La superación de miedos, angustias, complejos, estereotipos, cánones y estigmas sociales patriarcales así como el posicionamiento de derechos, capacidades y cualidades, han sido retos enfrentados y superados por las mujeres payasas; sí, payasas, porque hasta el término para algunos resulta degradante solo por prejuicios y desconocimiento.

Miradas, juegos, ritmos, fracasos, sonrisas y narices en mujeres payasas, fueron ilustradas sabiamente por Helen Verenice Portillo, que lleva alrededor de diez años realizando este tipo de talleres en países latinoamericanos como Argentina, Colombia y Perú. Para Helen, estar en el 4to Taller de Payasos en Cuba y compartir su experiencia profesional como activista feminista, es una oportunidad única para demostrar la complicidad que se genera entre las mujeres payasas con una libertad otra y las relaciones que se establecen entre unas y otras. Helen fue revelando el clown de cada una de las mujeres talleristas. De los cubanos se lleva la hospitalidad, solidaridad y calidad humana, actualmente escasas en sociedades donde prima el aislamiento entre las personas, la incomunicación y la desconfianza que cada vez impone más distancias.

Eventos como el Taller de Payasos de Las Tunas depuran estos males, haciendo posible la unión y colaboración, a favor del crecimiento profesional y espiritual que hace mejores clowns, mejores seres humanos.


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