Diverso, variable… “alternativo”


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A solo días de celebrarse en Nueva York la Cumbre de Música Alternativa -evento reconocido como uno de los mejores escenarios para la promoción y el reconocimiento de este movimiento musical hecho en Latinoamérica- culminó con más glorias que pesares la fiesta de “lo alternativo” en Cienfuegos, provincia sureña de Cuba.

El festival “Ciudad del mar” tiene escasos años –solo cuatro ediciones- y ya ambiciona consolidarse como una de las fiestas de referencia provincial, como el Piña Colada en Ciego de Ávila y la Fiesta del Fuego santiaguera.

Aun párvulo, la fiesta de la música alternativa ha logrado reunir artistas noveles cubanos y otros consagrados, que desde la década de los ochenta  vienen experimentando con la diversidad de los géneros musicales tanto nacionales como foráneos desde el jazz, el rock, el reggae, el hip-hop, hasta  modos de música bailable desde otras concepciones armoniosas.

La cita estival – que debería ser aun mejor promocionada por los medios nacionales, no solo por los de la provincia- merece un reconocimiento, primero por cuidarse del habanacentrismo y por propiciar el encuentro de jóvenes músicos y artistas del patio que en su  sello de lo alternativo, diverso y fuera de lo tradicional, gozan apenas de las bondades de la comercialización; y es que como expresara en una entrevista Henry D’Arthenay, vocalista y líder del grupo de rock La Vida Bohème, aun “la música alternativa sigue siendo la opción vegetariana del menú”.

Sin embargo, el festival “Ciudad del Mar” y otros de su tipo como el interesantísimo “Leche Kortada” en Baracoa, son indicios positivos de un naciente interés por su difusión.

La música, en general, es uno de los elementos que articulan y conforman identidades. Sería absurdo pensar que en la conjugación de géneros foráneos y de nuestra Isla, se pierde la tan defendida “cubanía” del hacer musical del patio; o ver en lo alternativo una forma extranjerizante y alejada de nuestra cultura. Recordemos que, desde sus comienzos, el escenario musical cubano ha sido producto de la transculturación. Como cita un artículo del Premio de Periodismo Cultural, Joaquín Borges Triana: la música cubana es “una maravillosa conjunción étnica que fruto de la emigración, la diáspora, y el exilio, fue construyendo a lo largo del tiempo una de las creaciones colectivas del genio popular insular más trascendente.”

El festival de Música Alternativa en la Perla del Sur debe continuar no solo porque lleva buen quehacer artístico y de disfrute al pueblo, sino porque las noches de trova a lo Frank Delagado, el talento local -y esperemos que más nacional- Nelson Valdés, las presentaciones de Karamba, Adrián Berazaín, David Blanco, la singularidad del Septeto Santiaguero, merecen el reconocimiento del público cubano y de las instituciones artísticas como la obra artística que constituyen.


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