Eduardo Yasells y su ingente cabalgar como periodista revolucionario / Por Astrid Barnet


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"Desde niño fui un asiduo lector de la prensa, además de que leía mucho me gustaba estar enterado de todas las informaciones y comunicarlas. Mi papá me traía la revista Bohemia todas las semanas y yo la leía de punta a cabo, al igual que los periódicos. De esa manera inicial me sentí próximo al Periodismo, ese bichito que se asoma a alguien con interés de estar informado y de gustarle la lectura. Confieso que me incliné más al Periodismo que a la Literatura".

Así expresó durante una entrevista exclusiva para el Periódico Cubarte Eduardo Yasells Ferrer, uno de los más prestigiosos profesionales de la prensa en nuestro país, y a quien avala un riquísimo historial político y revolucionario que hemos tratado de presentar en sus aspectos más relevantes, teniendo en cuenta la combatividad y militancia de la juventud de la heroica ciudad de Santiago de Cuba, a la cual él se une tras el golpe de estado perpetrado por el tirano Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952, además de su continuo e ingente cabalgar dentro de la prensa cubana durante más de seis décadas. Nuestro entrevistado es Premio Nacional de Periodismo ¨José Martí¨ por la obra de la vida.

¿Cuándo y cómo se inicia su pensamiento revolucionario? ¿Algún compañero que influyese en él?

Desde mi ingreso a los doce años de edad en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba, mi ciudad natal. Poco después ocurre la apertura de la Escuela de Periodismo Mariano Corona Ferrer, la cual realiza una convocatoria a exámenes de ingreso, para los que clasifico. En el Instituto fundo, en 1954, una revista a la cual nombré Taína, la que logra tal aceptación que llega a extenderse a todos los planteles de la enseñanza media, al punto de lograr hacer circular cerca de tres mil ejemplares en la ciudad capital. Diría que a Taína lo que más la caracterizó fue que llega a circular abiertamente (no llega a ser clandestina), en plena dictadura batistiana, como revista de denuncia contra las continuas arbitrariedades del régimen y, al mismo tiempo, para divulgar la vida estudiantil y sus inquietudes revolucionarias. En ella llegaron a colaborar muchos estudiantes muy valiosos como fueron Josué País García, hermano del inolvidable líder revolucionario y dirigente de la Escuela Normal para Maestros Frank País García y Belarmino Castillo Más. No hay que olvidar que durante la época de la tiranía existieron momentos de cierta libertad de expresión, con la cual Batista trataba de ocultar sus oprobiosos actos anticonstitucionales.

Debo recalcar que antes de producirse el golpe del 10 de Marzo de 1952 ya yo conocía del Instituto a Frank País García, donde fuimos compañeros aunque de diferentes cursos —él era un año mayor que yo—, ambos cursábamos el Bachillerato. Desde entonces nuestra relación comienza a hacerse cada vez más estrecha. Frank decide realizar exámenes de ingreso a la Escuela Normal para Maestros de Santiago de Cuba. Era un joven muy inteligente y puedo decir que tuvo una gran influencia en mi pensamiento como joven revolucionario. Frank llegó a ser presidente de la Asociación de Maestros de la Escuela Normal hasta comenzar su liderazgo dentro del movimiento estudiantil; dirigió también la revista El Mentor en dicho centro. Un verdadero líder desde todo punto de vista.

Nunca olvido que con el objetivo de conseguir armas realizó con varios compañeros el asalto al Club de Cazadores de Santiago de Cuba, donde pudo obtener algunas escopetas  de caza,  y otro a la estación de policía de El Caney, donde capturó algunos revólveres. Todas ellas, acciones muy difíciles y riesgosas. Así, poco a poco, Frank fue armando la organización mediante esfuerzos propios. Poco tiempo después, luego de producirse la liberación mediante amnistía popular de Fidel y sus compañeros moncadistas del presidio de Isla de Pinos, y fundarse en julio de 1955 el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7),  Fidel llega a conocer a Frank a través de la maestra santiaguera María Antonia Figueroa y del abogado Baudilio Castellanos, conocidos luchadores revolucionarios.

Fue así como ambos dirigentes se conocen, y es cuando Frank le entrega ARO —ya había pasado a ser Acción Revolucionaria Nacional (ARN)—, para que formase parte del nuevo Movimiento, del cual fue nombrado Jefe de Acción. En mi caso, el trabajo que realicé junto a Frank fue el de atención a la propaganda y divulgación.

Fidel pasa al exilio en México, país donde Frank logra entrevistarse con él en dos ocasiones, en agosto y octubre de 1956. Frank le brinda un magnífico apoyo al M-26-7 con vistas a los preparativos del desembarco en Cuba del yate Granma. Noviembre de 1956 fue escogido como mes de apoyo para tal acción que, inicialmente, se pensaba fuese el 26 o 27 y, sin embargo, se produjo el día 2 de diciembre de 1956, producto de todas las circunstancias que conocemos, entre ellas, el mal tiempo. El 30 de noviembre se escoge con el objetivo proyectado por Frank de ocupar armas y municiones para apoyar el ulterior desembarco del Granma. A la vez se hizo notar sobre la enorme trascendencia de la organización creada gracias al trabajo perseverante y talento de Frank País García, quien llega a convertirse en el principal proveedor de avituallamientos a la Sierra Maestra.

Quisiera también resaltar que en aquella época existían diversas tendencias o elementos de la vieja política relacionados con la forma de llevar a cabo la lucha contra la tiranía; algunos estaban decididos a realizarla mediante diálogos con el gobierno donde prevaleciese el llamado criterio cívico; mediante el proceso electoral (elecciones amañadas); la línea del autenticismo, derrocado por Batista, que "jugaba a la revolución", en suma, continuar con la politiquería y llegar a conciliábulos o farsas a través de las urnas electorales, con la consiguiente repartición de cargos en el Congreso. Al respecto, Frank siempre apoyó la lucha armada —planteada por Fidel luego de los hechos del Moncada en julio de 1953—, con esfuerzos locales y a partir de una organización denominada Decisión Guiteras —de la cual formé parte— la que posteriormente se transformó en Acción Revolucionaria Oriental (ARO). En ese sentido realizó una tarea bien paciente —diría que hasta de orfebre— para ir creando una organización revolucionaria clandestina con estudiantes, obreros y otros sectores con la disposición de arrebatarle las armas al enemigo.

¿Sobre su labor de propaganda, qué rememora?

Primeramente se confecciona y distribuye el periódico Sierra Maestra, el que se mantuvo durante toda la clandestinidad y llega a extenderse a todo el país; en la Sierra Maestra se editó El Cubano Libre, fue producto de una idea de Fidel y del Che. Durante la Guerra de liberación surgieron otras publicaciones en los frentes, así como se mantuvieron las propias de las organizaciones del Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular.  Radio Rebelde, como se sabe, pasó a ser el principal órgano de difusión de Cuba insurrecta dentro y fuera del país.

En todo este recordatorio sí quiero destacar el apoyo que el pueblo de Santiago de Cuba le brindó a su juventud. El pueblo santiaguero le abría las puertas a sus hijos, los ocultaba, tras las múltiples acciones armadas que se llevaban a cabo en esa ciudad. Santiago ardía de efervescencia revolucionaria, cuidaba y daba abrigo a cada uno de sus hijos.

Luego de los hechos del 30 de noviembre de 1956, permanezco clandestino en Santiago hasta mayo de 1957. Estaba bastante “tarjeteado”, y es cuando la dirección del MR-26-7 decide que pase a La Habana para continuar mi trabajo propagandístico junto a una célula de estudiantes del Instituto de la Víbora. Pero tuve tan mala suerte que soy identificado en las calles de Neptuno y Belascoaín por un cabo del SIM de la provincia de Santiago de Cuba. De la estación de policía de Zanja y Escobar me trasladaron hacia la 13 estación de Lawton para iniciarse en mi vida un terrible vía crucis de torturas y amenazas, acusado de ser uno de los participantes en los hechos del levantamiento del 30 de noviembre y en apoyo del desembarco del yate Granma (Causa no. 67). De julio a diciembre de 1957 permanezco en la cárcel de Boniato. Es en ese período en que asesinan a Josué y a Frank, a este último lo asesina el sanguinario esbirro Salas Cañizares.

Al ser liberado por sobreseimiento de la Causa no. 67, ya que se había celebrado el juicio y no había cargo contra mí, fui detenido nuevamente por agentes del Servicio de Inteligencia Militar. Mi familia y los abogados presentaron recurso de Habeas Corpus y soy dejado en libertad, no sin antes haber sido torturado. En delicado estado de salud viajo a Kingston, Jamaica, siempre con la idea de regresar a Cuba. Luego y, tras numerosas tribulaciones en aquel país, paso a Venezuela entre julio y agosto de 1958. En Caracas me incorporoa la Sección del MR-26-7. Allá colaboro también con la Federación de Estudiantes de la Universidad Central de Caracas.

Sus principales actividades a partir de Enero de 1959, ¿cómo se producen y con quiénes entabla sus primeros contactos?

De regreso a Cuba, tras el triunfo de la Revolución, con 23 años de edad, me incorporo de inmediato a las Milicias Nacionales Revolucionarias bajo las órdenes del compañero Enso Infante, combatiente santiaguero, quien estaba al frente en aquellos momentos de la Estación de Policía de Guanabacoa.

Pasé luego a la Guarnición Militar del Palacio Presidencial como alfabetizador de una tropa de la columna invasora del Comandante Camilo Cienfuegos, asignada a ese lugar. 

Imagínate, para alfabetizarlos había que “cazarlos”... Eran campesinos recién llegados a La Habana y deslumbrados con la capital... No obstante, esta tarea la fui realizando poco a poco. Una mañana de abril de 1959, Nilsa, hermana de Vilma, y su esposo Manuel Rivero me visitan en Palacio y me proponen la realización de un periódico dedicado al Ejército Rebelde, como misión encomendada por Raúl Castro. De esa manera es que llego a formar parte del grupo fundador de la revista Verde Olivo, cuyo primer número llegó a ser un tabloide (confeccionado muy elementalmente, y diseñado por el capitán-ayudante de Camilo, Osmani Cienfuegos), con fecha 10 de abril de 1959. Ese grupo fundador lo conformaron: Manuel Rivero (director) Nilsa Espín (subdirectora); Rosendo Gutiérrez (diseñador); el escultor Delarra era colaborador; Wilson, el dibujante-caricaturista, un grupo muy reducido de compañeros provenientes del Ejército Rebelde y la lucha clandestina. La única periodista profesional era la reconocida Marta Rojas, quien nos asesoraba, hasta finalmente ella incorporarse al periódico Revolución, del cual llegó a ser una de sus fundadoras.

El cuerpo de redactores de aquel primer tabloide semanal —siempre afirmo que primer número de Verde Olivo— se hallaba en Ciudad Libertad, en una vivienda que fue propiedad de uno de los hijos del sanguinario Pancho Tabernilla, ubicada en la cabeza de la pista de ese lugar, y es allí donde por vez primera se comienza a editar lo que sería más tarde la revista de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias. Luego ocupamos también otros locales; una de ellos en la Avenida 41 en Marianao, que había sido una de las dependencias habaneras del Buró de Represión Anticomunista (Brac). La segunda impresión de Verde Olivo se hizo en el periódico Combate, después la tiramos en La Gaceta... Así fuimos rotando la labor de impresión en varios lugares, entre ellos, en el rotograbado del Diario de la Marina. Tiempo después, ya estando el Che al frente del Departamento de Instrucción del Minfar, a finales de 1959, sale como revista semanal y órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Así pasamos de una publicación en forma de tabloide semanal a revista con portada en colores. Recuerdo que su primera portada reflejaba a un campesino y a un policía del Ejército Rebelde. Poco tiempo después, en 1960, la dirección de las revistas Carteles y Vanidades abandona el país —era poseedora de impresoras tipo off-set—, y ocupamos los locales por mandato del Che. Allí también se imprimieron Romances y Mujeres, surgida esta última con la Revolución. A principios de 1961 nos instalamos en la planta superior del edificio de Bohemia.

¿Cómo rememora la presencia del Che en el Periodismo cubano?

El Che fue artífice de Verde Olivo, su orientador y colaborador. Su impronta está en las Crónicas de Viajes que publicó en el tabloide al regresar de su recorrido por países del llamado Pacto de Bandung, iniciadores del Movimiento de No Alineados del que Cuba formó parte. En sus Pasajes de la Guerra Revolucionaria, en sus escritos con el pseudónimo de El Francotirador y bajo el titulo de Sin bala en el directo. Muchos de sus artículos sobre temas diversos de economía, la política, la ideología, la formación de cuadros, etc. vieron la luz en las páginas de este semanario. Siendo Ministro de Industrias y ocupando otras altas responsabilidades, atendió a Verde Olivo. Su estilo de escribir con apego a la verdad lo inculcó a nuestro colectivo. Nos decía que sus visitas como Ministro a la base no eran lo fundamental, sino la labor de los trabajadores. Denominaba crónicas sociales de nuevo tipo esas informaciones insustanciales en las que nada se decía ni se informaba.

En mi caso fui reportero, redactor de mesa —cuando era tabloide atendí el tema de la Reforma Agraria; luego Jefe de Redacción, subdirector a partir de 1968, simultaneando esta función con la dirección de la Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, y más tarde, de 1971 a 1981, director. Pasé a la reserva de las FAR con el grado de coronel en 1985 y me desempeñé como director del Instituto Internacional de Periodismo “Jose Marti”. Asimismo ocupé cargos de dirección de la Upec durante dos mandatos.

¿Cuál ha sido el aspecto que más ha influido en su vida profesional?

Desde el punto de vista profesional lo que más ha pesado en mi vida ha sido la constante superación. Para escribir o debatir sobre un problema tienes que conocerlo profundamente, no improvisar, y leer mucho también. El Che nos exhortaba a todos los jóvenes a estudiar y, sobre todo, cuando vayas a escribir, cerciórate de todo y no de lo que te digan, no ser aspaventoso, pues los errores son públicos y no se pagan. El Che no era un censor, no exigía que se le enviaran los trabajos para su revisión, pues los autores y la dirección del órgano, decía, son los responsables de lo que se publique. “Mándenme lo que ofrezca duda y yo tenga que esclarecer”.  Siempre afirmó que se puede criticar sin demoler, un propósito que siempre trató de trasladar a sus subordinados, en esencial, a los periodistas. Che era una persona sumamente humana y profesional.

Momentos o hechos más inolvidables en su vida...

Uno de los hechos más inolvidables y que más conmovió mi vida fue cuando exiliado en Caracas supe de la huída de Batista, y que podía finalmente regresar a mi patria. Luego, poder pasear por las calles de mi país —incluso hasta portando un arma como miliciano—, fue algo extraordinario, al igual que retornar a un país donde habían ofrendado sus vidas a la Revolución tantos jóvenes —como Frank, Josué y tantos otros—, y que nada de esto había sido en vano, fue algo conmovedor en mi vida. Otros momentos fueron la llegada al mundo de mis dos hijos.

¿Y el más triste?

El que mi madre no hubiese podido disfrutar del triunfo de una Revolución en el poder. Falleció a los 42 años de edad en junio de 1959, por una insuficiencia cardíaca.

Con 83 años de edad, ¿qué le falta aún por hacer a Eduardo Yasells Ferrer?

Estoy tratando de escribir mis vivencias, aunque confieso que me faltan muchas cosas por hacer. No obstante, tengo publicados dos libros de testimonios: Alarma de combate, el cual está referido a la Crisis de Octubre de 1962, y el otro, Sencillamente anónimos (para posible reedición), aborda la vida de un grupo de militares españoles de alto rango, primeros asesores de nuestras fuerzas armadas. Estos pertenecieron al Ejército Republicano y lograron salir de España hacia la Unión Soviética, donde cursaron estudios superiores y combatieron en la llamada Gran Guerra Patria contra el fascismo. Me faltó escribir una historia sobre el movimiento estudiantil revolucionario cubano durante los años de lucha contra la tiranía batistiana.

¿Qué más aprecia de una persona?

Aprecio muchísimo a la persona franca, sin reservas, capaz de transmitir sus sentimientos sin doble rasero ni doble moral.

Fidel en su pensamiento...

Fidel es un genio político, de una gran visión universal. Este país parió dos grandes genios, a Martí a Fidel.


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