En las calles 11 y 14 se erige una de esas espléndidas casonas del Vedado, que acoge una especie de centro cultural llamado El Proyecto.
Aquí, ahora de viernes a domingo, a partir de las 8: 30 p.m. se “proyecta” cine tanto cubano como internacional, y los jóvenes que asisten toman una canchánchara y echan partidas de ajedrez o dominó después de las películas.
Pero también hay espacio para otras manifestaciones artísticas como la que desde hace unos días ofrece el acogedor sitio: la exposición El viaje del ego, de Ernesto Mata Viera.
Se trata de un joven artista de la llamada “Generación Z”, que nació con la cultura digital entre 1994 y 2010, y así lo plasma en su obra, una curiosa mixtura entre el cine, la plástica y los dispositivos digitales que hoy se suman a la creación estética.
La muestra incluye un breve audiovisual que da título a la expo, y donde en un único plano- secuencia el propio artista emprende un recorrido por calles de La Habana con una cruz a cuestas y una imitación de corona, en clara alusión al líder de los cristianos.
El viaje finaliza en el mar, frente al Malecón, símbolo metonímico de sueños y esperanzas, punto de partida, tierra (o agua) de nadie y de todos...
Los cuadros en las paredes del local exhiben una amalgama de códigos procedentes del pop-art, las neo- vanguardias y estilos muy concretos como el surrealismo o el cubismo, resemantizados y reciclados desde la óptica muy personal del artista.
Pero lo mejor es el aludido cruce de lenguajes porque los óleos solo son aparentemente estáticos.

La exposición El viaje del ego, de Ernesto Mata Viera, puede ser vista en El Proyecto.
Mediante una tablet que se intercambia el público, la cual lee un QR situado en la parte inferior de los cuadros, estos empiezan a tomar vida mediante un previo trabajo de animación efectuada por Mata.
Volcanes que se incendian, manos que accionan, figuras que se mueven, colores que se acentúan o mudan de gamas, para un verdadero puente entre la pintura y el dibujo animado que regala de este modo el aporte mayor de la expo.
El riguroso proceso de manipulación sobre la imagen inmóvil para su tránsito a la movilidad, deviniendo enriquecido (y enriquecedor) hipertexto gráfico- fílmico, requiere no solo paciencia y dedicación sino conocimiento de causa(s) respecto a ambas manifestaciones, de cuyo maridaje brota el nuevo discurso.
Y por supuesto, no faltaba más, talento.
Mata lo tiene, y aunque no sea siempre decisivo, debe apuntarse que él es heredero de toda una familia de importantes artistas; sobrino de Nelson Domínguez y de Flora Fong, hijo de Ernesto Mata ―nombre imprescindible de la serigrafía y el grabado entre nosotros―, mientras sus primos Liang y Li Domínguez Fong, son colegas reconocidos ya también a nivel internacional.
En sus genes, por tanto, corre sangre de alta hemoglobina artística, algo que se trasunta en esta exposición, ese viaje que desde el ego llega a otros territorios de la sensibilidad, comunica con un amplio público en un puente de lenguajes e interacciones que nos hacen crecer y mirarnos un poco más por dentro.

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