Entrevista al curador José Manuel Noceda Fernández


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Obra de Roberto Fabelo. Fotos: Cortesía de la autora

En ocasión de la inauguración del Pabellón de Cuba en la 57 edición de la Bienal de Venecia, ocurrida el pasado viernes 12 de mayo en el jardín del Instituto Venecia de Ciencias, Letras y Arte, hablamos con el curador de la muestra José Manuel Noceda Fernández, curador del Centro Wilfredo Lam de La Habana, que nos presenta el difícil reto de elegir entre tantos buenos artistas que Cuba ofrece y de reunir las diferentes personalidades e interpretaciones en el concepto de Tiempo de la intuición, de que hablaba Alejo Carpentier.

“Es sumamente difícil —dice él—, es un muy agradable dolor de cabeza, tener que hacer un trabajo de esta naturaleza en un país como el nuestro, donde contamos con tantas promociones, tantas generaciones de artistas trabajando al unísono dentro y fuera de la isla: yendo, regresando; compartiendo estancias, territorios, experiencias. Cuba tiene una tradición en el campo de las artes plásticas y de las artes visuales, que garantiza constantemente la entrada, en el ámbito de la producción y de la circulación de las obras de arte, de un número significativo de artistas jóvenes. Es como un gran reservorio que, en buena medida, se mantiene gracias a que la enseñanza del arte en Cuba todavía conserva un gran espacio académico y determinados institutos que favorecen esta explosión de artistas.

“La curaduría justamente parte de un concepto y de un tema; de hecho, se comienza a imaginar la posible selección de artistas a invitar al Pabellón de Cuba. Esta es mi primera experiencia como curador en la Bienal de Venecia. En las ediciones anteriores la participación fue menos numerosa; pero en esta oportunidad, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas me solicitó diseñar un pabellón más amplio. En Venecia tenemos 14 artistas en este momento, pero esa realmente no es la tónica de los pabellones nacionales, ni de Cuba ni de otros países, es una excepción”.

La de Venecia es la más antigua de todas las Bienales, comenzó al final del siglo XIX, puso la primera piedra —antes de ese momento se hacían los salones en diferentes ciudades de Europa— en el camino hacia un modelo nuevo de circulación y promoción internacional del arte. La Bienal de Venecia ha tenido muchas continuadoras; eventos que han tratado de convertirse en el opuesto, o en una alternativa al modelo que Venecia instauró, como la Bienal de La Habana, que se hace desde 1984.

En este 2017 se cumplen 65 años de la primera participación del arte cubano en Venecia, en 1952, justamente con 14 artistas cubanos, o sea, una participación igualmente numerosa, conformada por artistas de avanzada en aquel momento en Cuba: grandes creadores de diversas líneas y orientaciones. “El año 2017 representa un aniversario semicerrado de esta primera presencia del arte cubano en Venecia, y da la casualidad de que coincide en número, porque en este pabellón hay un dúo de artistas que yo considero como uno solo: Meira Marrero & José Ángel Toirac, que tienen “Ave María”, una obra a dúo. De hecho, son 14 los artistas que están implicados en el pabellón. Esta es una casualidad muy bienvenida, es un año significativo para la historia de la producción visual cubana en este contexto”.


El 2017 suma 65 años de la primera participación del arte cubano en este evento.


Hablando del título, Tiempo de la intuición, Noceda explica cómo la curaduría del Pabellón de Cuba tuvo muy en cuenta algunas de las ideas de la curadora general de la Bienal, Christine Macel. El título de esta 57 edición es Viva Arte Viva, y la Macel en su documento teórico se refiere a la circunstancia por la que atraviesa el mundo en que vivimos: los episodios de crisis y de conflicto de distinta naturaleza, que nos afectan a todos hoy día. Ella alude a la necesidad de recuperar el papel del arte y del artista dentro de la sociedad, a la urgencia de rescatar el humanismo que se ha ido perdiendo a lo largo de todos estos decenios.

Contextualizando el proyecto a la realidad cubana, teniendo en la mente las ideas curatoriales de Christine Macel, la inspiración fue encontrada en el concepto sobre lo temporal que en el año 1961 planteó el escritor cubano Alejo Carpentier en una de sus conferencias. Carpentier decía que en el Caribe y en Cuba coexisten en simultáneo tres realidades de lo temporal: el tiempo del pasado, que es el tiempo de la memoria; el tiempo del presente, que es el tiempo de la intuición y de la visión; y el tiempo del futuro, que es el tiempo de la espera. “Considerando que la Bienal está hablando del presente y yo también estoy hablando del presente del arte en Cuba —explica Noceda—, creo que no podía encontrar mejor metáfora que la del tiempo de la intuición, para intentar una modestísima aproximación a algunas de las líneas de desarrollo del arte cubano hoy día”.

Sobre la diversidad muy interesante de artistas cubanos presentes en esta exposición, Noceda piensa que ellos reflejan algunas orientaciones del arte cubano en la actualidad, de sus preocupaciones, temas y problemáticas. Dentro de la muestra hay artistas que trabajan desde la deconstrucción de la memoria, de la historia, del pasado. Hay artistas que son como cronistas de la realidad, pero cronistas desde una perspectiva no tradicional, sino muy contemporánea en el campo del arte; hay artistas que tocan temas como la fe, la espiritualidad, las problemáticas de género; artistas que deconstruyen la historia, que hablan sobre el presente, sobre las cuestiones de la racialidad, y que en algunos casos intentan remitirse al futuro; a ese tiempo de la espera del que nos hablaba Alejo Carpentier, que es prácticamente infinito.

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