Fidel: un estudiante y hombre de y para todos los tiempos / Por: Astrid Barnet


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Aunque Fidel se gradúa de Derecho en 1950, aspira al Doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de La Habana, para lo cual continúa matriculando otras disciplinas. Es cuando publica en la revista Carteles una misiva titulada Una carta de Fidel Castro, donde responde a determinadas acusaciones en las que algunos afirmaban que quería llegar a ser presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). En ella puntualiza que, durante cinco años en que estudia Derecho no faltó un solo curso a clases como tampoco obtuvo un solo suspenso, y en una época tormentosa para la juventud cubana (…) “Un expediente de estudios que puedo exhibir orgulloso (…) Si he decidido matricular dicho Doctorado jamás ha sido para aspirar a ningún cargo. Critiqué siempre al eterno líder y no puedo caer en tal severa contradicción. Estoy dedicado por entero al ejercicio de mi carrera (…) Si la deshonra es el castigo de los que claudican, sea pues la honra el precio merecido de los que han sabido ser honrados”.

Así expresó en la sede habanera de la Casa del Alba Cultural la profesora universitaria doctora Francisca López Civeira, presidenta de la Cátedra Fidel Castro, de la Universidad de La Habana (UH), durante una conferencia cuyo tema versó sobre la representatividad de Fidel en la Universidad.

Abordó el paso del futuro líder de la Revolución cubana por las aulas universitarias, la profundización en sus estudios sobre la vida y la obra de José Martí, al igual que sus primeros conocimientos sobre el Marxismo-Leninismo —mostrados por su colega estudiante y miembro del Partido Socialista Popular (PSP) en aquel entonces, Alfredo Guevara—; su enfrentamiento con figuras oligárquicas pertenecientes a los regímenes de turno; su descollante personalidad dirigente en la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

“Esa misiva posee un tono sentencioso. En mi caso y, muy subjetivamente, siento que existe en ella un gran fondo martiano. Por supuesto, este Fidel del año 1950 no es aún el líder que después se conoce. Fidel en la Universidad habla mucho de su personalidad”, resaltó la doctora Civeira.

¿Cómo concebir a aquel joven a su llegada a la Universidad —en septiembre de 1945 matricula en la Escuela de Derecho—, quien “para los comunistas era un personaje extraño, porque decían: Este, hijo de un terrateniente y graduado del Colegio de Belén, debe ser la cosa más reaccionaria del mundo”; ámbito que, al mismo tiempo, se hallaba bajo el control de gobiernos de turno como los de Machado, Grau, Prío y, finalmente Batista; de instituciones como la Policía nacional, judicial, secreta, del Buró de Investigaciones de Actividades Enemigas y de un ejército para represiones mayores?

¿De qué forma comprender su infinito talento, capacidad intelectual y, ante todo, su fuerza revolucionaria para unir y crear nuevas cimientes de pensamiento político-ideológico?

¿Cómo profundizar en la proeza de este joven al tratar de hacer una verdadera y definitiva Revolución, frente a discursos y posturas de falsos políticos y acólitos, contra represalias y abusos de instituciones y hombres influyentes cubiertos de alevosía e indignidad; contra elementos mercenarios y pro-anexionistas; contra apócrifos líderes e ideólogos; contra crímenes y actos vandálicos, contra viento y marea al frente de una Generación, y tan solo teniendo como arma el pensamiento, la obra y la acción del más grande de los cubanos: nuestro José Martí?

¿Cómo calificar a un joven de tal estatura, surgido de las aulas universitarias, para quien el vocablo sacrificio no dejó tan solo de trascender en su vida a partir de libros de historia, de literatura, de ensayos, de poemas… sobre héroes universales y de redención patriótica, sino también —y de manera muy especial—, a partir de aquel otro joven para quien los sufrimientos y vejaciones de un Presidio político y deportación —alimentados todos por un régimen colonial oprobioso—, y de inolvidables experiencias y hechos elevados mediante su pluma y su verbo a distintos países de nuestra América, le estimularon a la realización de la definitiva independencia de Cuba, al igual que a revelar y enfrentar in situ —y sin claudicar un solo momento—, la existencia de un imperio responsable de tanta injusticia, ignominia y sometimiento?

¿Reflexionaba aquel joven, al seleccionar la carrera de Derecho, que el carácter epocal de las leyes constituye una tesis martiana de interesante formulación filosófico – jurídica, cuya vigencia trascendería para Cuba, la América Latina, el Caribe, hasta llegar a ser de gran importancia para los procesos de integración en la región?

¿De qué manera resaltar la grandeza casi profética de ese joven quien, poco tiempo después, planteó y demostró fehacientemente, a los desposeídos del mundo entero —y en tribunas internacionales—, sobre la irrevocable certeza de que se podía derrotar con unidad de principios e ideas, el dominio de los imperios?

Estas interrogantes-respuestas destacaron la intervención de la reconocida profesora universitaria, a la vez que continuaron siendo exaltadas al intervenir a continuación el doctor Luis Alberto Montero, presidente del Consejo Científico de la UH, quien valoró la labor del Comandante en Jefe en la rama científica, tras el triunfo de Enero de 1959; la creación del CENIC; del conocido Polo científico con su infinita capacidad —gracias a la impronta y preocupación personal de Fidel de hacer de Cuba un país de científicos—, en la forja de jóvenes con vista a tales objetivos y logros ya reconocidos internacionalmente.

FIDEL: UN ESTUDIANTE Y HOMBRE DE Y PARA TODOS LOS TIEMPOS

El Primero de Enero de 1959 iluminó el sol más intenso a esta larga y estrecha porción de la geografía universal. Y es que con él, con el azul de un cielo enamorado de su enseña, las miles de palomas que atrajo consigo, a la vez que grupos enormes de hombres curtidos por sus rayos y vestidos con el verdor de las montañas que les ampararon y luengas barbas dispuestas a contar batallas (¿míticas?), se decidió el futuro de un pueblo.

Aquel joven premió a la Historia, a su Historia, a nuestra Historia, no para salvarla como un Mesías bíblico o un Quijote cervantino, sino para multiplicarla, triplicarla…engrandecerla aún más en miles de capítulos con la anuencia de sus próceres y mártires, con la anuencia de aquel de quien y para quien perseveró en pensamiento y acción, y cuya morada inicial partió de un Alma Máter, siempre dispuesta a acoger y amar a quienes aspiren a construir un mundo mejor y más justo; a quienes, como aquel, nuestro José Martí, y como aquel otro, de una Generación centenaria y estudiante de sus predios, Fidel Castro Ruz, estén dispuestos a continuar siendo los agradecidos y consagrados a la Historia de Cuba y de la humanidad. Y es que Fidel es, un estudiante y hombre de y para todos los tiempos.

 

 

Publicado: 9 de noviembre de 2017.

 


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