Guiñol de Guantánamo: “Niños de papel”


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El Guiñol de Guantánamo, con la colaboración de la Asociación Hermanos Saíz y del Consejo Provincial de Artes Escénicas de su territorio organizó su participación en el festival Espacio Vital, que se celebra con frecuencia bienal en Pinar del Río y, en rumbo hacia esa provincia, hizo una parada en la capital para ofrecer su estreno más reciente al público y los colegas que residimos en ella, con el apoyo de Teatro La Proa, el cual brindó su sala para las presentaciones.

Se trata del espectáculo Niños de papel, que tiene como referente principal Los gnomos están tristes, libro del escritor Eldys Baratute (Guantánamo, 1983). Niños… tiene por protagonista una niña invidente cuyo nombre es Alicia, la cual cuenta con un gato, como mascota, que se llama Cheshire y no son necesarios más datos para reconocer aquí los ecos de ese clásico titulado Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (seudónimo literario de Charles Lutwidge Dogson, Inglaterra 1832- 1898, escritor, matemático, lógico, fotógrafo y diácono de la iglesia Anglicana).

Nuestra Alicia recibe de regalo unos singulares espejuelos que le permiten ver, es así que conoce el color de su gato amado y los detalles visuales de su entorno. Los espejuelos mágicos le otorgan una libertad de movimiento antes desconocida, de modo que Alicia emprende un recorrido. Durante él se encontrará con niños diversos, en cambio, todos se caracterizan por sostener una relación insatisfactoria con sus padres y/o madres, y exhiben deseos simples y, sin embargo, no cumplidos: a Verónica no le permiten tener un perro en la familia, mientras su madre la llama a gritos todo el tiempo; Lucio, que está enfermo, echa de menos la atención de su mamá y aquel caballito blanco que tuvo una vez por compañero de juegos; Bastián, de solo seis años, llega al punto de pedir que le cambien de papá; en tanto, Alicia se tropieza con un niño todo azul —tal vez porque se tragó todo el mar—  que no quiere tener ese color que lo vuelve diferente y pena porque padece esa desemejanza en relación con los demás.

Al cabo de sus peripecias, Alicia arriba a determinadas conclusiones que prefiero no adelantar aquí para beneficio de los lectores, de manera que puedan disfrutar la puesta sin conocer su desenlace; la niña define qué es lo que los demás necesitan para hacer del mundo un espacio mejor, puesto que ella ha sido capaz de percibir las carencias y anhelos de aquellos con los cuales se ha encontrado.

Al nivel de las situaciones y de los diálogos o monólogos de los personajes, un personaje como Bastián (que refiere al protagónico de la novela La historia interminable, de Michael Ende) no porta las significaciones de aquel carácter ni tampoco las de su entorno; mientras la Alicia  de esta obra consigue un poco más el parentesco con la Alicia de la historia clásica gracias al gato Cheshire que la acompaña ( y que alude al famoso Gato de Cheshire, región, por cierto, muy cara a Lewis Carroll) , al trayecto que realiza con sus singulares espejuelos, los cuales pudieran establecer cierta equivalencia con el espejo del original y, sobre todo, por su conducta curiosa, audaz y abierta. No conozco el texto narrativo de Eldys Baratute y ello me imposibilita abundar al respecto, pero pienso que los artefactos o piezas que cuentan con una existencia anterior en la cultura y de los cuales un autor otro se vale para incluirlos en su texto y darles otra oportunidad de diálogo tienen que ser conscientemente empleados; esto es empleados a fondo, nunca a medias o de manera superflua puesto que, entonces, su cita resulta ociosa. El manejo de los referentes culturales y la intertextualidad que ello propicia es, además de goce, tarea ardua y responsable, so pena de resultar si no marca de diletantismo.

Al hecho de que sea una niña invidente la protagónica de esta pieza se suman otros valores, en este caso valores formales. Las pautas del diseño hablan de una libertad creativa y de una búsqueda visual en otros senderos que dejan atrás —al fin—  los usualmente transitados. Esta libertad está presente en el trabajo sonoro, que mezcla sonoridades de diversas procedencias y tipos (incluyendo un tema de la banda sonora de una de las versiones fílmicas de La historia…) integrando con eficacia la dramaturgia espectacular y actuando en función de las emociones que se pretenden suscitar en los espectadores , mientras brinda espacio para que los elementos visuales de la puesta tomen el protagonismo del discurso en determinados segmentos colaborando en la teatralidad del mismo y haciendo muy disfrutable el intercambio de sus espectadores con la obra, la cual cuenta con excelentes desempeños de sus intérpretes, con Alexia Argote a cargo de los personajes de Alicia y Bastián; Marcos Rosales con Lucía, Cheshire y el Perro; Aylín Zamora, con la música y los efectos, y Yosmel López con Verónica y El Niño Azul.

La tarea de producción es de Alfredo (Fredy) López; el sonido es de Alfredo López Sánchez y la dirección artística y los diseños de la puesta corresponden a Yosmel López Ortiz, en tanto la dirección general de la compañía es de Maribel López, su directora titular por tantas décadas de trabajo.

Niños de papel resulta un espectáculo hermoso y conmovedor que habla, fundamentalmente, a aquellos adultos que, dentro de la familia, tienen bajo su responsabilidad el desempeño de ser padres y madres. Por los senderos magníficos del arte y con sus legítimos recursos —lejos de toda nota didáctica— da una voz de alerta  sumamente necesaria.


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