Hacia un uso diferente de la fotografía. Una nueva mirada a las fotografías del Ejército Rebelde


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La fotografía nace en 1839 con la invención del daguerrotipo y ha pasado casi inadvertido, por lo menos en Cuba, que este 2019 cumple 180 años de existencia. El crítico Rafael Acosta de Arriba explica la importancia capital de la fotografía “La fotografía como una de las artes (junto al cine)  que demostró un calado y una densidad político filosófica mayores, ha protagonizado las más importantes transformaciones estéticas postmodernas. Roland Barthes fue lo suficientemente sagaz para expresar  que el advenimiento de la fotografía, y no, como se había dicho, el del cine, era lo que había dividido la historia del mundo. Y lo argumentó mediante el razonamiento de que las sociedades consideradas avanzadas –esto fue dicho en 1980– eran consumidoras de imágenes y no de creencias, como las de antaño”. Esta autora le añadiría al planteamiento que, en la actualidad, las sociedades siguen consumiendo creencias  respaldadas por un arrollador desarrollo de la visualidad.

La reproducción, la representación y la polisemia son las tres características esenciales de la fotografía. Esta fuente no es una mera reproducción de la realidad, en la fotografía se  reproduce aquello que el fotógrafo representa a través de su visión particular del mundo. Es un documento polisémico, más polisémico que un texto escrito, porque adquiere una pluralidad de significados según el contexto donde sea ubicado.

La fotografía se encuentra en  colecciones y fondos de los archivos históricos, estos constituyen los espacios para leerla dentro de una cadena discursiva donde adquiere verdaderamente sentido.  Es el documento no escrito que encontramos en dichas instituciones con mayor frecuencia por lo que forman parte indiscutible del patrimonio documental  como los dibujos, grabados, estampas, etc.  Otro lugar en que la podemos leer como narrativa o ensayo  es en exposiciones realizadas  en  galerías de arte.

Las fotografías tomadas al Ejército Rebelde durante nuestra última guerra de liberación, ocurrida entre 1956-1958, se encuentran en su inmensa mayoría en los fondos del Instituto de Historia de Cuba, La Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, la revista Verde Olivo y también en numerosos archivos privados de combatientes. Son fotografías de guerra, que es uno de los tantos caminos que toma la fotografía documental. La autoría de estas fotos tiene un registro amplio desde los  soldados rebeldes que poseían una cámara y tomaron innumerables instantáneas hasta profesionales del lente como: los norteamericanos Herbert Matiws, Andrews Saint George y Robert Taber, el periodista español Ernesto Meneses y los cubanos Carlos Orozco, Rollin, William Sam, Oscar Llul entre otros. 

Cuando hacemos un análisis minucioso de los fondos archivísticos donde se encuentran  estas fotografía encontrarnos que fue  una nueva forma de retratar una guerra ocurrida en nuestro país. Aquí están presentes todos las aristas que esta contienda bélica  tuvo desde los combates más complicados como la toma de cuartel de Maffo por parte del Primer Frente, las batallas en los centrales Ermita y en el cuartel de San Luis por parte del II Frente, pasando por la vida de los guerrilleros en los campamentos hasta los aspectos administrativos referentes a la salud pública, la educación, las comunicaciones… que tuvieron lugar en las zonas liberadas. En esto influyó muchísimo los adelantos tecnológicos de la segunda mitad del siglo XX que facilitaron el acceso a las cámaras fotográficas.

Llegamos a la conclusión debido a que hacemos una lectura total como corpus fotográfico  de los fondos archivísticos. Es lo nuevo porque asumimos  como punto de referencia las fotografías  de la Guerra de los Diez Años y las de 1895. La primera consiste en una memoria fotográfica contenida en dos álbumes con una visón sesgada desde el ejército español, la segunda; donde se destacó el fotógrafo José Gómez de la Carrera el cual retrató a campamentos mambises y españoles, se priorizó el retrato y el paisaje más que los escenarios de guerra.

Podemos decir que las tres guerras mencionadas tuvieron igual objetivo: la independencia de Cuba del colonialismo sin embargo su forma de representación fue diferente.

Esta riqueza en el discurso visual de las fotografías de nuestra última contienda de liberación y el encadenamiento con las fotografías de guerra ocurridas en Cuba en el siglo XIX no está siendo aprovechada por muchos profesionales de la historia y las demás  ciencias sociales.

De las fotografías del Ejército Rebelde, como de las fotografías en general, se observa un uso limitado: los archiveros y museólogos  quienes las procesan para constituir colecciones, estos a su vez le brindan servicios  al historiador u otro científico para aliviar el texto escrito (un libro o una ponencia al que se le colocan fotografías); al realizador de audiovisuales que las inserta en el material bajo su dirección o a los maestros de diferentes niveles para que la utilicen como medio de enseñanza. El  empleo  es fragmentado y subordinado a un propósito, pero en muy pocas ocasiones son las fotografías las protagonistas como fuentes de información en sí mismas.

Si bien estos empleos son necesarios se vuelven reiterativos.  Urge  que la institución cultural socialice una nueva mirada sobre la fotografía  donde se reivindique esta valiosísimo documento desde la totalidad, saberlo leer desde las huellas sociopolíticas que dejó, así como sus antecedentes. De esta forma el especialista del patrimonio documental  propiciaría un servicio o una gestión de la información donde se encuentra implícito un nuevo pensamiento que observó el objeto de estudio de una manera diferente.

La visión de la fotografía aislada y no como corpus fotográfico traería como consecuencia más notable la descontextualización y neutralización del documento al ser extraídas de su verdadero entorno. En este sentido Susan Sontag en su ensayo Sobre la fotografía trató los peligros de despolitización que corrían fotos de la muerte del Che Guevara en Bolivia en 1967 y las tomadas en el gueto judío de Varsovia durante la ocupación nazi en 1943.

En el caso de las fotografías del Ejército Rebelde corren el riesgo de que, al ser empleadas de manera rutinaria en nuestro país, sean insertadas en una industria cultural capitalista cada vez más depredadora que lime el carácter contrahegemonico explícito en estas imágenes. Por lo que se debe trabajar  para  visualizarlas con su significado político  redentor, cargadas del peligro que entrañó la lucha y el compromiso de quienes entregaron su juventud y en muchas ocasiones la vida a esa épica, es decir, que la belleza de estas imágenes no permita que lleguemos a  entender  a estos hombres en un puro ambiente bucólico como si estuvieran en una suerte de safari turístico.

La reproducción que se ha hecho de la representación de estos hombres en los tiempos de guerra de liberación merece atención, ser estudiada y reivindicada como parte  de la historia de la fotografía cubana.

El invento de Nicéphore Niepce y patentado por Daguerre a 180 años espera por un uso más profundo por parte de los profesionales de las ciencias sociales en nuestro país. Dijo Susan Sontag que el efecto principal de las fotografías  es convertir el mundo en un gran almacén o museo sin paredes, aunque esto es cierto debemos pensar en que deben almacenarse y circularse con una producción de sentido que se despegue de usos reiterativos y de los centros hegemónicos de construcción del conocimiento.


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