Historia y Periodismo: la visión de periodistas cubanos sobre la República neocolonial (1902-1958)


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Una importante fuente primaria para los estudios históricos en Cuba es la prensa cubana (última década del siglo XVIII en adelante, hasta hoy día), y, desde luego, los y las periodistas que escriben para ella, desde un enfoque comprometido con determinados intereses políticos, económicos, sociales y culturales, según el órgano periodístico que los emplea, o, con el cual colaboran como especialistas, a veces con puntos de vista relativamente más abiertos, independientes, y sustanciosos.

Una definición general del periodista nos propone Evelio Tellería Toca: “El periodista es el profesional que en una u otra forma contribuye a las funciones fundamentales del periodismo: informar y/u orientar. Pero esta profesión ¿nace o se hace?...Decimos esto porque sobre la cuestión se han suscitado discusiones. Lo mismo ocurre sobre otras profesiones”. (Diccionario Periodístico, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1986: “Periodista”, p.224). Incluye, además, otras definiciones más extensas elaboradas por V. I. Lenin, José Martí y Fidel Castro Ruz.

Las imágenes, los símbolos, las problemáticas y temas, entre otros, que se construyen por los periodistas en torno a la realidad del país en un momento dado, de sus características, avances o retrocesos, contradicciones, personalidades, etc. El hecho reflejado por el periodista es la savia de la noticia o, el punto de partida del estudio interpretativo de un tema.

Así, se crean la tendencia principal (ideología hegemónica), y otras, de contrapartida o tendencias subalternas, con las cuales se forja la opinión u opiniones del público lector, radioyente, televidente…del receptor final de los mensajes periodísticos a través de los diferentes medios de comunicación (tecnologías) posibles de ser utilizados en distintas etapas históricas. Contribuyen directamente a la historia del pensamiento y de la cultura cubana.

Al campo variado de los sujetos, temas y las miradas de un grupo seleccionado de periodistas, o de quienes sin poseer tal profesión la ejercieron de forma sistemática, nos atrae el libro electrónico Periodistas cubanos de la República 1902-1958 (Colección R, Recuento, del sello editorial Temas, ICAIC, 2015). Poca divulgación y crítica reciben nuestros libros electrónicos (e-book), en mi opinión, por ello dedicaré estas cuartillas al que he mentado anteriormente.

Esta obra es una compilación de esbozos biográficos y artículos periodísticos, representativos de puntos de vista de cada uno de los periodistas seleccionados, pertenecientes todos a un período nombrado “Prensa republicana (1902-1958), marcada por el nacimiento del periodismo moderno, la radio y la televisión”.  El colectivo de autores que lleva a cabo la investigación y redacción se integra por: Ivet González, Aline Marie Rodríguez, Salvador Salazar.

La compilación viene precedida por un breve ensayo en torno al proyecto realizado, ellos definen sus objetivos como sigue:

La selección pretende visibilizar temas y enfoques presentes en la agenda pública cubana de la primera mitad del siglo XX: el debate en torno a una cubanidad en permanente tensión entre la colonia española recién concluida y la creciente influencia económica y cultural de los Estados Unidos; el descubrimiento por parte de lo más lúcido de la intelectualidad cubana de la figura de José Martí (1853-1895), apartada del universo simbólico de los primeros años de la República; la lucha por la consolidación de instituciones republicanas que nacieron bajo la Enmienda Platt; la religiosidad y la defensa a la libertad de culto, entre otros.

¿Cuáles son los criterios para la selección de periodistas compilados?

Para llegar al resultado que hoy se presenta al público lector, el criterio de selección fue ajustándose hasta quedar conformado por los siguientes aspectos: las figuras recopiladas debían ser representativas del quehacer periodístico republicano; su obra debió trascender ya sea por su valor estilístico, el tratamiento de temas novedosos en su momento y/o el uso innovador de los géneros. Debía además encontrarse dispersa y poco visibilizada en el fondo bibliográfico cubano actual. (Periodistas:19)

Además, se pretendió establecer un balance en lo referente a las tendencias políticas de los autores seleccionados, las cuales van desde posiciones de vanguardia para la época en la cual desarrollaron su actividad periodística, hasta enfoques claramente conservadores.

El prólogo, lo hizo, muy acertadamente, el historiador y periodista doctor Pedro Pablo Rodríguez, quien insiste en el alto valor de esta antología, para facilitar y glosar un período de nuestra historia nacional cuyo estudio es necesario, sobre todo con mira a comprender nuestra actualidad revolucionaria: el por qué del proyecto de República socialista que nos planteamos desde 1961, que construimos y defendemos sin tregua alguna.

En la siguiente tabla reproducimos el Índice de los periodistas seleccionados en esta antología, que mezcla generaciones, posiciones políticas defendidas en cada caso, diferentes especialidades periodísticas, e igualmente revela la participación de la intelectualidad republicana en el periodismo. Debo destacar, con cierta preocupación, la ausencia casi total de periodista mujeres en esta obra. En ella aparecen Mirta Aguirre Carreras y Ofelia de la Concepción Rodríguez Acosta García. ¿Por qué no otras? Esperamos un balance más alto en nuevos estudios, pues las periodistas de ese periodo de la historia de la nación lo merecen.  

Tabla Índice Periodistas cubanos de la República (1902-1958)

Apellidos y nombre/s

Fechas

Nac/Muerte

Págs.

Abril Amores, Eduardo

 

(1885-1962)

29

 Aguirre Carreras, Mirta *

(1912-1980)

 51

Baquero, Gastón

(1914-1997, Madrid)

71

Campoamor Díaz, Fernando G. 

(1914-2001)

104

Carbó Morena, Sergio

(1892-1971, Miami)

117

Cepero Bonilla, Raúl

(1920-1962)

139

Dou y Ayllón, Lino 

(1871-1939)

158

Fernández de Castro, José Antonio**

(1897-1951)

181

García Bárcena, Rafael *

(1907-1961)

216

García Inclán, Guido

(1905-1983)

 242

Ichaso Macías, Francisco*

(1901-1962)

265

Lechuga Hevia, Carlos

(1918-2009) 

299

Lizaso y González, Félix Celestino**/***

(1891-1967)

324

Mañach Robato, Jorge **

(1898-1961, San Juan, Puerto Rico)

350

Márquez Sterling, Manuel */ **/***

(1872-1934) 

382

Muñoz Riera, Víctor

(1873-1922)

409

Novás Calvo, Lino 

(1904-1983)

438

Otero Masdeu, Lisandro[i]

(1893-1957) 

477

Pardo Llada, José

(1923-2009)

508

Pita Rodríguez, Félix

(1909-1990)

527

Rivero y Alonso, José Ignacio

(1895-1944)

548

Rodríguez Acosta García,  Ofelia de la Concepción

(1902-1975)

559

Roig de Leuchsenring, Emilio  ***

(1889-1964)

584

Secades Rodríguez, Eladio Manuel 

(1904-1976)

606

Suárez Solís, Rafael

(Avilés, Asturias, Esp.1881-1968, La Habana)

633

Tallet, José Zacarías *

(1893-1989)

663

Torras de La Luz, Jacinto 

(1909-1963)

684

Urrutia, Gustavo

(1881-1958) 

706

Valdés Rodríguez, José Manuel*

(1896-1971)

720

Vasconcelos Maragliano, Ramón**  

(1890-1965)

743

Wangüemert Lorenzo, Luis Gómez

(1901-1980)

760

Es elaboración de la Autora la anotación de esta Tabla Índice *Profesor/a universitario; **Miembro de la Academia Cubana de Artes y Letras ;***Miembro de la Academia de Historia de Cuba.

 

La acumulación cultural del periodismo cubano es grande, posee más de dos siglos, y es verificable en las numerosas investigaciones que dan cuenta del mismo.[ii] En particular, el periodismo y los/las periodistas de la etapa republicana neocolonial, revelan una diversidad extraordinaria en las formas de ver y enjuiciar la realidad que captan. Prevalece el sentimiento nacionalista, que gradualmente puede expresar en algunos casos posiciones políticas más radicales y sostenidas: liberal revolucionario, antimperialismo, socialismo y comunismo.  

Sin embargo, el nacionalismo en defensa de los intereses políticos de los miembros de la oligarquía criolla,  y de otras capas y grupos sociales, se manifiesta con una gran dosis de conservadurismo: favorece ciertas reformas adecuadas a la matriz neocolonial - colonialista a fin de cuentas- implantada por la política  estadounidense; evade u obstruye, en todos los casos, el avance de un proceso radical, revolucionario, que favorezca al pueblo y merme de cualquier forma los privilegios elitistas. Esto aparece tempranamente como una contradicción insalvable, pero con muchos y grandes matices que deben ser identificados e investigados, entre el pensamiento democrático burgués (doctrina anticomunista) y el pensamiento socialista y comunista (doctrina comunista) de la república neocolonial.  Ejemplifiquemos, muy al vuelo, tales ideas y opiniones propias, citando y comentando algunos fragmentos significativos de la obra, para incitar a su lectura.

Una entrevista de Sergio Carbó Morena a Henri Barbusse nos ilustra acerca de su capacidad literaria y al mismo tiempo, cuál es su mirada hacia el comunismo soviético en 1928, cuando viaja (1927) al primer país que intenta la construcción de una sociedad distinta de las capitalistas:

“Un viaje a la Rusia Roja (X)” 

Para empezar a conocer el comunismo de hoy yo he querido acercarme al escritor extranjero que mejor lo ha comprendido; aunque la palabra «extranjero» es aquí meramente convencional, porque el autor de Clarté es bolsheviki…

Barbusse posee una estatura quijotesca, unos ojos profundamente cansados, una cara pergaminosa que se acaricia sin cesar con el racimo de sus nerviosos dedos hipocráticos. Viste una chaqueta negra de paisano, cuyo cinturón cierra una hebilla de plata. Del labio superior cuelga un cigarrillo de larga boquilla de cartón, y los lacios mechones de su cabello gris, haciendo sombra a sus ojos de mirar infinito, caen sobre sus mejillas exangües. «La vida es una enfermedad», ha dicho alguna vez este hombre de visibilidad superior, y, en efecto, él parece enfermo, terriblemente enfermo de vivir. Cuando habla, sin embargo, atraviesa por todo su cuerpo una sorprendente corriente continua de juventud: hay naturalezas desclasificadas que constituyen un obscuro enigma. Barbusse, que habita en la URSS desde hace mucho tiempo, acaba de llegar hace dos días de un extenso recorrido por Armenia, Ucrania, Georgia y Azerbaiyán. Sus impresiones son vastas y recientes.

[…] «Pero Rusia –insisto yo– está acosada por las potencias, y la Revolución es obra de una minoría enérgica, encabezada por Lenin. Cuando se extinga esta minoría vigorosa, ¿serán capaces las nuevas generaciones de resistir el ataque de los enemigos del comunismo, que atacarán no solo con las armas, sino con las ofertas de financiamiento, con todo lo que la civilización burguesa constituye una fuerza hasta hoy irresistible? Usted sabe que no es la primera vez en la Historia que…» Barbusse me interrumpe, ardorosamente. «¿Acaso la Revolución –exclama agitando su melena color tormenta– es la obra audaz de una minoría enérgica solamente, es decir, del Partido Comunista? ¡Si hay una forma errónea de interpretar el fenómeno social ruso, es esta precisamente! ¡Nosotros no conocemos en la Historia nada parecido a lo que ahora está sucediendo, compañero! Los Soviets son la obra de «todos» los explotados contra todos los explotadores… Desde el punto de vista ideológico el ideal de la «comuna de productos» no presenta nada nuevo… ¡Lo que sí es nuevo en el mundo es la realidad en marcha de nuestras aspiraciones! He aquí por qué esta obra no es la obra de una minoría, como usted cree, sino la de todos los trabajadores manuales e intelectuales del Universo… Los caudillos de la Revolución, la «minoría enérgica», -vamos a calificarla así-, no caen del cielo, camarada, son el producto de los anhelos seculares de las masas, sin su barómetro; ellos concretan estos anhelos en forma de programa, y las impulsan, dándoles la voz de «adelante»… Abstraer el Partido Comunista del total de los trabajadores es artificial: la realidad rusa nos enseña todo lo contrario. El Partido Comunista -que consta solo de un millón doscientos mil miembros, como usted sabe- es la avanzada del proletariado, pero es este la fuente inagotable de su rejuvenecimiento y de su inmortalidad. Y en lo que respecta al supuesto retorno de la Unión Soviética hacia la sociedad capitalista -Barbusse se ciñe su cinturón de lucífera hebilla de plata-eso no pasa de ser una vana esperanza de la burguesía liberal, imbuida por las ideas de Nitti, Lloyd George y demás capitanes del viejo Estado… Yo acabo de llegar de recorrer las comarcas más remotas de este gran país y puedo asegurarle que el entusiasmo, por todas partes, es tan vivo como en los primeros días de Octubre. Hoy como ayer no hay más que una idea fija en todos los corazones»…

Tomado de: Un viaje a la Rusia Roja, Ediciones Revista Avance, La Habana, 1928. (Periodistas:130-131)

Un fogoso Manifiesto de Carbó Morena contra la dictadura machadista retrata el meollo de la situación histórica en la década del 30 (Todas las cursivas en el texto son de la Autora):

“¡Con Machado, nada!”

¡Cómo apesta todo esto a Wall Street, siempre junto a los déspotas que brutalizan a los pueblos, siempre en contra del derecho de nuestros pueblos! En la obsesionante búsqueda de una «fórmula legal» a estos «mediadores» mediocres y rutinarios no se le ocurre jamás despejar la incógnita con la simple renuncia de un gobernante culpable, sino con la renuncia imposible e injusta de una revolución a su programa; o lo que es lo mismo, la soberanía personal del autócrata por encima de la soberanía del pueblo cubano -reconocida por Welles- para regir sus propios destinos. ¿Es que no comprenden, o lo que es peor: que no quieren comprender que lo único estrictamente legal en este pudridero de ilegitimidad y de crímenes es la retirada incondicional de los poderes «de facto»? Nuestro país ha resuelto arrancarse de encima, por la fuerza, después de haber ensayado infructuosamente con el derecho, la serpiente venenosa que lo devora y estrangula, y se la arrancará. Esta lucha no pertenece a los que quieren traficar con los muertos, sino a los que saben morir. Esta no es la revolución de los que regatean y transan, sino la revolución de los que mueren…

Manifiesto impreso firmado por Sergio Carbó el 15 de junio de 1933. (Periodistas:134)

No obstante, Carbó fue transigente con la dictadura de Batista instaurada el 10 de marzo de 1952, la cual favoreció su economía familiar. Según la nota biográfica redactada por los compiladores. Carbó se mantuvo como director de Prensa Libre desde el año de su fundación [1941], [iii]  hasta 1960. Tras el triunfo de la Revolución cubana, el 1 de enero de 1959, se opuso a la Ley de Reforma Agraria. El 16 de mayo de 1960 abandonó la publicación y marchó a Estados Unidos. Lo acompañaron otros directivos, entre ellos su hijo, el periodista Ulises Carbó. En el periódico se encontraron los originales de un editorial contra el gobierno de Fidel Castro y otros escritos. Ulises Carbó se integró después a la brigada que desembarcó en Playa Girón, donde fue hecho prisionero. En la ciudad de Miami, Sergio Carbó intentó fundar nuevamente el diario Prensa Libre, pero este nunca llegó a editarse, por los altos costos de publicación. Entonces se limitó a un espacio de media hora en la estación Radio Swan. (Periodistas:123)

El anti partidismo y la hipócrita imparcialidad hacia la realidad que debe reflejar el periodista es otro de los temas debatidos en este período.

“Nuestro credo periodístico” (Por Eduardo Abril Amores, Periodistas: 36-37)

[…] Otros prediquen el odio y exciten a la revolución, Diario de Cuba prefiere ser derrotado predicando y excitando a la transigencia y al amor, porque entendemos, y el tiempo y la historia dirán si estamos equivocados, que solo la transigencia y el amor pueden salvar a Cuba, que la transigencia y el amor no empecerá para que con ellas triunfen los nobles ideales de nuestra juventud, ideales que los son hoy de cuantos quieren a Cuba digna y civilizada, viviendo plenamente los ideales predicados por Martí.

13 de mayo de 1931 [Diario de Cuba, Santiago de Cuba]

Tomado de: Adentro, bien adentro del alma cubana. Ed. El Arte. Manzanillo. 1945. pp. 7-8.

Acotan los autores sobre este periodista y su Diario, en apariencias imparcial y muy influyente en el público lector del Oriente cubano:

Durante la etapa de la lucha clandestina en las ciudades y la Sierra Maestra, Abril Amores hizo que su diario mantuviera una postura conservadora frente al proceso que devino la Revolución cubana.

Su nombre, y el de su diario, aparecieron en una lista ocupada por el gobierno revolucionario en enero de 1959 en el Palacio Presidencial. En el mencionado documento, se recogían los periodistas y publicaciones subvencionados por el régimen de Batista entre 1952 y 1958, para poner su política editorial al servicio de su mandato. Diario de Cuba recibía seis mil pesos cubanos mensuales. En 1959, la publicación desapareció como parte de los cambios en la propiedad de los medios de comunicación cubanos acecidos después del triunfo revolucionario. (Periodistas:33)

El sentimiento nacionalista, importante en una joven República, empobrecida y constantemente intervenida por los intereses colonizadores de Estados Unidos de América, es enjuiciado de este modo, sin sentido alguno del momento histórico en que vive Cuba, por Gastón Baquero:

“¿Podemos prescindir de los extranjeros?”

[…] Manejar irrealidades frente a los hombres que manejan realidades, y manejar irrealidades de poca monta –¡si fuésemos un pueblo verdaderamente soñador, paridor de grandes sueños y ensueños!–, es lo que nos lleva, en lo material, en lo económico, a vivir a la saga de los extranjeros, sintiendo ya aquí como extranjeros a los hombres que saben utilizar nuestra realidad, nuestro medio con pupila transformadora y no meramente contemplativa. El cubano sabe deleitarse en la contemplación de una planta hermosa o útil; puede llegar, y llega con frecuencia, hasta a sembrar esta planta, pero quien descubre la posibilidad de industrialización que hay en ella, y más, quien instala la industria necesaria, es, casi invariablemente, un extranjero, un hombre de distinta mirada, un realista. Tenemos nuestro maravilloso medio ante nosotros, y a duras penas subsistimos en él. De súbito, descubrimos que aquello que considerábamos inútil, que aquella tierra que nos parecía inservible, son fuentes de inmensa riqueza. Lo describimos de súbito, porque un extranjero llega y nos lo advierte.

Estamos en medio de lo nuestro, de nuestra naturaleza, de nuestras posibilidades y potencias todas, y no vemos nada. ¿Por qué? ¿Será defecto incorregible, enfermedad incurable, mal que nos acompañará hasta la muerte? ¿Será que somos así, y «no tenemos remedio», debiendo, por lo tanto, entregarnos sin más protestas ni dudas a la comprobación y práctica de que no podemos prescindir de los extranjeros, a la manera que el ciego no puede prescindir del lazarillo?

Tomado de: Diario de la Marina, 22 de junio de 1945, p 4. (Periodistas:91-92)

De este ilustre intelectual cubano del siglo XX, sin desdorar sus grandes méritos literarios, sabemos que: “[…] ocupó el cargo de senador en el Consejo Consultivo creado por Fulgencio Batista después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952; a los pocos meses del triunfo de la Revolución de 1959, abandonó el país. Marchó a Estados Unidos y se radicó finalmente en España. El Tribunal Revolucionario de Sanciones de Cuba dictaminó en 1960 su expulsión del Colegio Nacional de Periodistas, por su colaboración con la dictadura de Fulgencio Batista desde el Consejo Consultivo”. (Periodistas:74)

Rafael García Bárcena, (Güines, La Habana,1907-1961, La Habana), enfrentó de otra manera, con una visión larga y transformadora, filosófica, la problemática cívica del desarrollo potencial cubano. Fue un intelectual revolucionario leal a sus ideas hasta su fallecimiento.

“¿Qué necesita Cuba para ser una gran nación?”

[…] Si desde el punto de vista de su extensión geográfica y de su población y ritmo de crecimiento, no existe ningún obstáculo esencial a que Cuba llegue a ser una gran nación, tampoco lo hay desde el punto de vista de su potencialidad económica, potencialidad que necesita sin duda ser desarrollada, pero que no puede ser desconocida, aun en su estado presente de infradesarrollo y aun teniendo en cuenta todas las limitaciones que implica la penetración económica extranjera. El imperialismo que sufre nuestro país es una crónica enfermedad de nuestra economía; pero como la tuberculosis –que, según la vieja sentencia médica, de las enfermedades crónicas es la más curable–, el imperialismo es una enfermedad que tiene cura, con tal de que el pueblo cubano mantenga en tensión la voluntad de curarse y movilice a ese objeto los adecuados recursos científicos y técnicos para lograrlo. Esa voluntad de curarse del imperialismo se robustece y agiganta en la medida en que el enfermo mantenga un gran ideal por que luchar en la vida de los pueblos, y ningún ideal más noble y levantado que el de hacer de su patria una gran nación.

[…] Lo primero que necesitamos para hacer de Cuba una gran nación, además del ingrediente indispensable que constituye el tiempo necesario para hacerlo, es encontrar digno de realizarse tal empeño. Si no concedemos valor ser una gran nación, si nos da lo mismo que Cuba sea o no una nación respetada y admirada en todo el mundo por la virtud, la cultura, la prosperidad y la felicidad de sus hijos, entonces todo lo que sea plantear este problema es perder el tiempo en una lucubración ociosa. Por extraño y penoso que esto pueda parecer, no faltan compatriotas nuestros con semejante actitud mental.

[…] Si hubo unos millares de cubanos que estuvieron resueltos a combatir diez años ininterrumpidos por alcanzar la independencia para Cuba, ¿no habrá otros miles ahora que estén dispuestos a luchar otros diez más por echar las bases fundamentales para que Cuba llegue a ser una gran nación? Si durante todo un siglo hubo generaciones de cubanos dispuestos a luchar y morir por obtener una república libre, ¿no habrá otro siglo capaz de alimentar generaciones nuevas con espíritu bastante para crear una gran nación en donde solo existen los materiales básicos para hacerla?

[…] ¿qué es lo que concretamente necesitamos para que se produzca el milagro? La pregunta posee suficiente importancia como para que el Colegio Nacional de Doctores en Ciencias y en Filosofía y Letras se haya dispuesto a patrocinar un ciclo de conferencias en torno a tema tan vital para la nación cubana. La pregunta merece también ser contestada desde la cátedra, desde el periódico y desde la tribuna por nuestros más distinguidos hombres de pensamiento.

Tomado de: Bohemia, 14 de septiembre de 1947, p. 12. Año 39 No. 37. (Periodistas: 224-229)

La pregunta fue respondida en primera instancia por la Revolución instaurada en el poder el 1º de enero de 1959.  A pesar de ello, no pierde actualidad: continúa siendo útil para el debate de ideas que todavía nos planteamos cuando deseamos concretar responsablemente ¿cuál es el país que deseamos los cubanos y las cubanas de hoy? ¿Estaremos como ciudadanos y ciudadanas a la altura de la grandeza ya lograda, y la que aún merece Cuba en el futuro?

      

Notas:

[i] Padre del novelista y periodista Lisandro Otero.

[ii] Un largo artículo sobre “Periodismo” aparece en el Diccionario de la Literatura Cubana T.II, 1984, pp.738-779 infelizmente mal paginado, inclusive con ausencia de algunas páginas, bien calzado por una extensa Bibliografía que incluye autores tan notables como Antonio Bachiller y Morales, Cirilo Villaverde, Jacobo de la Pezuela, Joaquín Llaverías, Rafael Soto Paz, entre muchos otros. (La obra referida ya fue citada, tomo I, 1980, en el texto de este trabajo).

[iii] El 4 de abril de 1941 fundó, bajo el lema «Ni con unos ni con otros: con la República», Prensa Libre, periódico considerado entre los más importantes de la época.


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