Inocencia rompe el silencio


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Recientemente recibí un mensaje de una compañera quién me pedía le satisficiera dos antojos. El primero de ellos se refería a: “La mención a la presencia (por primera vez públicamente) de los abakuá en el intento de rescate de los estudiantes de medicina. La película Inocencia ha dejado a TODOS impactados con ese hilo argumental. Me parece que no debemos pasar esto por alto.”

Me sugería que escribiera algo al respecto.

Confieso que ya estaba más que inquieto pues por amigos y conocidos sabía de la presencia del tema de los abakuá en el filme, pero nada leído u oído en los medios de prensa. Llegué a suponer que tal vez la mención sería muy insignificante y por ello no valdría la pena que los medios la destacaran.

No habían transcurrido apenas cuarenta y ocho horas del mensaje de la amiga cuando al abrir la página de Juventud Rebelde digital veo un titular en primera plana que dice “Ponerle rostro a la historia”.

La primera idea que vino a mi mente fue que a lo mejor se trataba del rostro de esos negros esclavos y de sus descendientes, que con sangre, sudor y lágrimas participaron de forma decisiva en la construcción de esta Habana, y de quienes nada se dice en la conmemoración de los 500 años.

Pero vaya insospechada sorpresa, el artículo del referido titular abordaba nada menos que la Inocencia de la que me hablaba la amiga que me escribió.

Al comenzar la lectura; en la medida en que avanzaba me sentía animado por cuanto decía la articulista de la película, incluyendo el párrafo donde señala: “Pero también me mostró lo humano, la necesidad de hacer justicia y cómo a veces muchos callan ante un crimen”. Entonces me dije: ahora por fin viene la referencia al crimen cometido con los negros abakuá.

Al leer la palabra justicia me recordé que justamente durante el evento de Pedagogía 2015, en el cual se trató acerca de la desigualdad racial y los prejuicios, entre las tantas comisiones que había, el Gallego Fernández escogió esa para intervenir, y sus primeras palabras fueron: “Justicia, de eso es de lo que se trata, de hacer justicia.”

Seguí leyendo el susodicho artículo, y mientras más esperaba la referencia a los negros abakuá mayor era mi sorpresa, nada.

No había que esperar más, se hacía necesario ver de inmediato la película y sacar mis propias conclusiones. Aguardé hasta las seis de la tarde para ir al cine más cercano. Al llegar al Chaplin me informaron que el nuevo horario era a las siete y treinta.

Por fin estaba ante Inocencia.

Es cierto, el filme es conmovedor hasta llorar. En la medida en que transcurría esperaba ver imágenes del hecho protagonizado por los descendientes del Calabar. Lo primero que aparece es la música y el ceremonial de origen africano. De repente, en el momento cumbre del fusilamiento de los estudiantes, hace su aparición un reguero de negros enfurecidos, que con machete en mano se abalanzan contra los genízaros que llenos de ensañamiento perpetúan el horrendo crimen. Varios de los valerosos abakuá caen acribillados. Una fuerza de orgullo y dignidad abrazó mi cuerpo mientras me preguntaba, ¿y por qué el silencio?

Al final de la película lloré, todos lloramos, o casi todos; el ruido del sollozo y del gemido reprimido se sentía en la sala. Ojalá fuese por TODOS.

Mientras regresaba a mi casa pensaba en el Che, el primero en referirse públicamente al crimen cometido contra los abakuá el día del fusilamiento y entonces me preguntaba, ¿hasta cuándo el prejuicio?

Y no sólo se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente, que aún durante nuestros días queda bastante relegada,  porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros. Pero de que había suficiente fuerza en el pueblo, de que no se podía matar impunemente, dan testimonio el que también hubiera algunos heridos por parte de la canalla española de la época.

Ché.


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