Ivette Cepeda en Ciego de Ávila cantó sobre el sentimiento


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Fotos: Osvaldo Gutiérrez.

Alcé mi voz, País, La maza, Cosas del corazón, Comienzo y final de una verde mañana, Préstame tu color y Perdóname conciencia, fueron algunas de las canciones que Ivette Cepeda y el grupo Reflexión regalaron al público avileño en el Teatro Principal de la Ciudad de los Portales.

Teatro abarrotado, público con expectativas, ansioso por escuchar la voz que ha marcado vidas en la última década. La protagonista de diversas interpretaciones de canciones antológicas del pentagrama nacional regala al público ávido, canciones y abrazos.

Auténtica y honesta en la escena, se ganó la complicidad inmediata del público que la acompañó coreando algunas de sus canciones, y numerosos espectadores se levantaron a tirar uno que otro pasillo.

Yo canté toda mi vida, creo que esa era mi gracia de niña, cantaba como Sonia Silvestre y me gustaban los temas de Argelia Fragoso y Miriam Ramos. Canté en coros en la escuela y hasta gané premios, pero ni por un minuto me pasó por la mente ser cantante ni dedicarme al arte. Me decidí por el magisterio, en mi familia hay muchos maestros y yo lo fui por 14 años, comencé a cantar aproximadamente a los 35. Yo soy más maestra que cantante. Me veo más como una intérprete con pretensión de comunicar que como una cantante que quiera impresionar con su voz. 

Algunos críticos valoran su voz como “la voz cubana”, ¿qué cree usted?

Yo no sé qué notas doy con mi voz ni qué registro vocal tengo, yo solo tengo intención de trasmitir algún mensaje, llevar una canción por un determinado camino, en fin. Haber sido maestra me marcó para siempre, eso está en cada momento de mi vida.

Cantaba desde una esquinita en un lobby bar, por las mesas… Tuve que empezar a aprenderme canciones. No tenía la menor idea de lo que era ser artista, tener un repertorio y cultivar una imagen ni hacer coreografías. Empecé poco a poco. El fogueo en el trabajo y el interés que puse me ayudaron.

Estuve cantando en cabarets varios años hasta que paré, porque mi interés estaba en proyectarme desde otras canciones. El punto detonante fue un día en que pasé con mi niño por un lugar en que vendían «discos quemados» y él me dijo: «Mami, tú no eres nada famosa. Te vas todos los días a trabajar, pero no sales en ningún disco. Cambia de trabajo porque ese no me gusta». 

Imagínate, comencé a pensar en alguna forma para lograr que alguien me diera una canción, en cómo hacer un disco. Me propusieron trabajar en un crucero, fui y cuando regresé ya no canté más en cabarets, y entonces me llamaron para una audición en el Gato Tuerto, donde hay un público muy exigente, la bohemia de La Habana, y yo no era una cantante de renombre. Pero me escogieron.

La “voz cubana” no creo, lo que sí estoy segura es que canto sobre el sentimiento, sobre Cuba, sobre mi gente.

¿Pero, de ahí a la audición para un concierto, qué caminos tuvo que andar?

Luego unos amigos me motivaron a hacer un concierto en un teatro, y lo hice. Esa primera actuación se convirtió en mi primer disco, Estaciones, con Producciones Colibrí. Tuve una gran suerte, fue como correr por las escaleras saltando los escalones de tres en tres.

¿Cómo cree que le reconoce la gente?

Pienso que por la voz, por lo que canto. Me considero una cancionera, aunque no me gustan las etiquetas. He defendido canciones de todo tipo. Soy una intérprete y me choca el término «versátil», porque todo artista debe serlo. La versatilidad está presente en cada escena. Dentro de mi repertorio están todas las canciones necesarias para llevar un mensaje a cualquier público.

Al llegar a 25 años de vida artística, ¿qué busca?

Si un día empezamos con el disco Estaciones, del cual decían que era bonita la selección del repertorio; hoy por hoy mi empeño mayor es que ese repertorio tenga un mensaje contundente para mi tiempo, para mi gente. Me ha afianzado un equipo que tiene ya diez años de trabajo sólido y buscan, sobre todo, “subir la parada”.

Ya había cantado algunas noches con José Luis Beltrán en el Pico Blanco, quizás buscando un guitarrista acompañante, con el que pudiera trabajar de forma permanente. Para esto se necesita una química, y vi en él un músico, un hombre tan bueno, una persona tan esmerada y un intérprete tan diferente, que decidí hablarle. Quería que todo lo que estaba haciendo lo dejara para trabajar conmigo. Fue una osadía de mi parte porque nada tenía que ofrecerle.

La tarea es difícil, no soy directora artística. Necesito una persona que quiera escuchar las cosas que quiero hacer y porqué; y me ayude a sacar más provecho artísticamente. Por otro lado, no quisiera que me enredaran en espectáculos complicados y me troncharan el decir. Soy una mujer madura, no quiero parecer una chiquilla. Quiero ser Ivette.

La artista hace hincapié en la importancia rotunda de permanecer en un estado de amor entre la gente, de deseos de aportar a la vida sencillamente lo mejor; pero no a los amigos nada más, sino a cualquier persona. Ser incondicionales desde ese punto de vista, ser útiles, despojarse de las vanidades del día a día para no perder el tiempo en cosas que son efímeras y se van.

Se siente feliz de poder haber desempeñado esta carrera, tener esta oportunidad entre las aguas territoriales de un país llamado Cuba, donde hay una madera de gente tan linda, “es algo que me motiva mucho”.

Soy cristiana y creo que Dios en el corazón no es más que sobriedad, rectitud, que te aleja de la hipocresía, de la falsedad, la maldad, y pienso que la gente se une en torno a eso. Amo a mi país, a mi gente…”.

Tú eres la música que tengo que cantar, le pide alguien, y Cepeda invita a una amiga que ha hecho en Ciego de Ávila, Oristela Pérez Betanzos. La muchacha que hace algunos años es la joven promesa de la cancionística en la central provincia, la acompaña y juntas interpretan con intensidad el tema de Tony Pinelli.

Con aplausos, y la promesa de un regreso, se despide del público avileño la cantante, la maestra, la amiga y la mujer que sigue cautivando corazones y almas.


1 comentarios

yoanis soriano cabrera
4 de Agosto de 2018 a las 17:11

asombroso concierto como el que dio en abril hace dos años, una vez mas se demostro en ciego de avila que si hay piblico para el buen gusto y que la promocion funciona cuando es buena , felicidades para oristela que cumplio unos de sus deseos que era cantar con ivette cepeda, gracias a ivette y el grupo refleccion por aceptar la invitacion a ciego de avila

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