José Rojas Bez y su aventura en el cine


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José Rojas Bez (Banes, Cuba), profesor universitario, investigador y ensayista, inicia el año 2019 con dos libros recientemente editados: El arte y sus primeros esplendores y la segunda edición, revisada y ampliada, de El arte del cine: formas y conceptos; y otro en plan editorial: Audiovisualidad, medios y artes entre deslindes y perspectivas.

Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad de La Habana, con estudios de posgrado sobre cultura española en Madrid (Instituto de Cooperación Iberoamericana), ha sido siempre un amante e investigador de la cultura iberoamericana a la vez que del universo audiovisual.

Su vida se ha desenvuelto en estrecho vínculo con la labor profesoral. Fue fundador de los programas y textos para la educación artística en la Extensión Universitaria, así como de la filial de la Universidad de las Artes (ISA) en Holguín.

Su doctorado en Pedagogía del Arte (Instituto Central de Ciencias Pedagógicas), con tesis sobre teoría y pedagogía del cine y de los medios audiovisuales; así como una significativa labor posdoctoral (asesorías, oponencias y tribunales) responden a esta trayectoria por la que ha recibido distinciones y reconocimientos, incluyendo la Distinción por la Educación Cubana y el Reconocimiento de la Comisión Nacional de Grados Científicos por la labor en la formación de doctores. También se ha desempeñado como profesor visitante en universidades de América Latina y España.

Al interés por la cultura iberoamericana se deben libros como Un estudio sobre La vida es sueño (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1981), donde analiza la obra de Calderón de la Barca considerando sus correlaciones con la teología, la política y la dramaturgia de su tiempo; Indagaciones para un Medio Milenio (Premio de la Ciudad de Holguín, 1989) y Visiones en el tiempo de América (Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, 1995), con ensayos sobre obras, ideas, corrientes y encuentros entre América, España y diversas culturas del mundo, incluyendo una visión de las características raigales y líneas evolutivas de la cultura latinoamericana.

Asimismo, ha publicado en revistas de circulación internacional ensayos sobre la epístola moral A Fabio, la mística española, sor Juana Inés de la Cruz, Fernán Caballero, la estética de José Martí, la filosofía de Ortega y Gasset y Alejo Carpentier, entre otros.

En otra línea temática —para el profesor y ensayista complementaria una de la otra—, El arte y sus primeros esplendores (Editorial Universitaria Félix Varela, La Habana, 2018) pone de manifiesto sus afanes como investigador, teórico y docente en teoría del arte, estética y semiótica.

Dicho libro despliega una teoría general del arte sustentada en la doble perspectiva de las teorías institucionales y ontológicas. Con una amplia base investigativa y una rigurosa coherencia teórica, asume lo estético como el modo de aprehensión sensible de los fenómenos universales (al lado de la ciencia como el modo predominantemente teórico, conceptual; y de la tecnología, como el modo práctico-instrumental), y define al arte como el modo de actividad humana institucionalizado en mayor o menor grado en concordancia con el privilegio de la experiencia estética.

No olvida reflexionar sobre un amplio espectro de teorías que devienen desde la Antigüedad, pasando por la Edad Media y la Ilustración hasta hoy con Wittgenstein, Dickie, Danto, Bourdieu y otros (en lo sociológico-institucional); y desde Platón hasta las facetas ontológicas de los signos e imágenes develadas por Heidegger, Gadamer, Ricoeur, Barthes, Wollheim, Lotman y muchos más.

Una segunda parte del libro desarrolla miradas panorámicas sobre los primeros universos simbólicos desde la pre-historia hasta su clímax en Egipto, Mesopotamia, India y China.

La teoría del arte, en el texto, introduce y se nutre (implícitamente) de estas y otras experiencias históricas. A la inversa, los panoramas históricos no quedan como puros datos; van también insuflados por el aliento de la teoría estética y del arte.

El Dr. Rojas Bez es más conocido, sin embargo, por sus investigaciones y acciones en el campo del cine y el universo audiovisual, desde los años estudiantiles como cofundador del cine-club Dziga Vertov y la revista Arte 7 de la Universidad de La Habana; más tarde, de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, de la Federación Cubana de Cine-Clubes y del Taller Nacional de la Crítica de Cine.

Sus logros en el cine y la audiovisualidad han sido reconocidos con el Sello Distintivo José Manuel Valdés Rodríguez, de la Universidad de La Habana, entre otras distinciones. La Fundación Carolina le otorgó una beca que le permitió culminar investigaciones sobre cine en Valladolid y Barcelona.

En esta dirección de intereses nació su segundo libro Artes, cine, videotape: límites y confluencias (Premio de la Ciudad de Holguín, 1987), primer libro en nuestra lengua sobre las relaciones estéticas y generales entre el cine, las artes y los fenómenos digitales (entonces en sus inicios).

En él, adelantó un nuevo y riguroso concepto del cine, síntesis de una teoría que ha continuado desarrollando: el cine, arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente audiovisuales logradas mediante una superficie y una matriz.

Desde entonces ha venido perfilando tesis e ideas sobre el cine como instaurador del universo de la imagen a la vez de superficies y matrices: diversidad de superficies (mayores y menores, telones, paredes, pantallas y otras), y diversidad de matrices (analógicas y digitales) al lado de la audiovisualidad escénica y de la naturaleza. Asimismo, defendiendo postulados adversos a la “muerte” del cine; argumentando su mutación y estratificación, como las demás artes y medios.

A las proposiciones más generales sobre el cine, como sus correlaciones con otras artes (pintura, teatro…), se suman particulares como considerar, no al plano (factor estático y solo visual) sino a la secuencia (factor cinético, visual y sonoro, espacial y temporal) como la cabal unidad constitutiva del filme.

Ofrece miradas sobre recursos como la pantalla o cuadro en negro (o un color), el cuadro en el cuadro, el plano-secuencia, el plano sostenido y los letreros insertos en el cuadro, entre otros. También fundamenta la teoría de los géneros a partir de sus modos de hacer, desde la ficción, la animación y el documental, sus híbridos y modalidades especiales como el falso-documental.

Ha investigado la problemática de la violencia y el erotismo (y la pornografía) en los medios, junto a otras como repercusiones de la tecnología sobre las artes, los gustos y los hábitos de consumo.

Sobre estos y otros tópicos, ha publicado decenas de artículos y ensayos en Cuba, México, Argentina, Brasil, Chile, Costa Rica, España y Estados Unidos, y más de 10 libros en Cuba y México. Entre ellos, hemos ilustrado con las carátulas de Pasaje al arte del cine (Universidad de Guadalajara, Jalisco, 2013), Audiovisualidad, artes y cultura contemporánea (Pueblo y Educación, La Habana, 2014) y la segunda edición de El arte del cine: formas y conceptos (Pueblo y Educación, La Habana, 2018).

Sus conceptos sobre el cine y la audiovisualidad se apoyan en una teoría honda y con rigurosa coherencia sobre lo estético, el arte, los medios y el cine, desde la naturaleza a las manifestaciones más tecnificadas.

Asume lo estético como el modo humano sensible de aprehensión de los fenómenos universales (con la fe —y la esperanza—, los dos modos privativamente humanos, sin precedentes en el reino animal), para desarrollar una teoría del arte como el modo de actividad humana institucionalizado en mayor o menor medida con arreglo al privilegio de la experiencia estética. Ambas concepciones nutren su teoría del cine como arte de la sucesión coherente de imágenes comúnmente audiovisuales logradas mediante una matriz y una superficie.

Sus textos develan los campos y factores comunes y diferenciales así como pasadizos y vaivenes entre la audiovisualidad general (natural, mediática y artística); la particular audiovisualidad artística (lo mismo escénica que de superficies), siempre con instituciones, estructuras de signos, mundos de imágenes y el privilegio de la experiencia estética; y la singular audiovisualidad cinematográfica: artística, de superficies y de matrices. Tales conceptos y proposiciones no olvidan las perspectivas históricas, antropológicas, mediáticas, culturales e incluso educacionales o, mejor, formativas del ser humano.

Hoy Rojas Bez, jubilado pero no retirado, desde su hogar en el casco histórico de la ciudad de Holguín continúa adelante con sus proyectos de investigación sobre la cultura cubana. De vez en cuando es solicitado por una universidad para una conferencia o un curso. En no pocas ocasiones el cartero deja en su puerta junto a periódicos y cartas, un sobre amarillo o blanco, con el último texto que una editorial cubana o extranjera le ha publicado a este incansable intelectual cubano.


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