La canción en Cuba a cinco voces / Por Radamés Giro


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Como diría Emilio Billillo en la Clave a Martí, “aquí falta señores una voz”: la del poeta, ensayista, profesor y entrañable amigo Guillermo Rodríguez Rivera. Como todos nosotros hoy, él estaría de plácemes con la presentación de La canción en Cuba a cinco voces, la obra más completa e importante —a mi juicio— que se haya escrito sobre el tema en nuestro país.

Estas cinco voces solistas, las de Dulcila Cañizares, Marta Valdés, Guillermo Rodríguez Rivera, Margarita (Maggie) Mateo y Joaquín Borges-Triana, sin embargo, lograron un acople digno del mejor de nuestros quintetos, pues trazaron con sus sellos personalísimos al ser reunidos en este hermoso libro, el panorama que ya nos resultaba imprescindible, con el que pudiéramos contar para obtener una visión abarcadora bien completa de un género variado y característico de la musicalidad cubana, pues lograron entre sus textos una secuencia lógica, apegada a la verdad histórica.

Pero hay una sexta voz en este libro, la de su diseñador Ernesto Niebla, quien a través  de su visualidad, la forma de colocar los títulos de las canciones, la ubicación de los manuscritos originales, asistido por Saidi Boza y todos los especialistas en el período asignados por él, demostró sabiduría, buen gusto y pasión sin cuento, y aquí está el resultado, del cual no podemos soslayar el cuidadoso trabajo de las editoras María Elena Vinueza y Carmen Souto, las que tuvieron el acierto de añadir un índice onomástico y referencias de imágenes, que facilita la búsqueda de uno y otro caso en el texto.

Profusamente ilustrado, en este plano las imágenes ofrecen una lectura, otra, de la historia que aquí se nos cuenta.

La canción en Cuba a cinco voces, insisto, es la obra más completa e importante escrita hasta hoy en Cuba sobre un tema nunca agotado. Como la música es su base, se transforma en un libro que seduce e invita a escuchar. ¿No sería bueno que se grabaran cinco discos con una selección de las canciones analizadas o citadas en él?

Desde mi punto de vista, este libro pudiera servir de modelo de cómo podría escribirse una nueva historia de la música cubana con la participación de varios autores, siempre y cuando se haga una correcta periodización y se escoja a los autores capaces de desprenderse del “yo”, para actuar como “nosotros”.

La canción en Cuba ha sido creación de hombres y mujeres del pueblo, que supieron expresar, cada cual a su manera, a través de sus composiciones el sentir del momento en que les tocó vivir, y todo ello ha sido reflejado en este libro que hoy presentamos, precisamente en el año en que se celebran cincuenta años del Encuentro de la Canción Protesta, efectuado en este mismo recinto de la Casa de las Américas, en presencia de algunos de sus protagonistas, encuentro que contó con la participación de varias personalidades de otros países y con la adhesión de aquellos que no pudieron venir.

Heredera de una tradición, la nueva canción ha sabido mantener vivo el legado de los que la antecedieron, porque “…Una tradición verdadera no es el testimonio de un pasado muerto; es una fuerza viva que anima e informa el presente…” “Bien lejos de involucrar la repetición de lo pasado, la tradición supone la realidad de lo que dura…” “…una tradición se reanuda para hacer algo nuevo…” Todo este proceso se observa en el libro que estamos presentando.    

Gracias, Silvio, por este regalo a los que vivimos por y para la música cubana, verdadero aporte a nuestra cultura.


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