La Consagración de Danza Espiral


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La novedosa compañía matancera Danza Espiral, que dirige la coreógrafa y bailarina Liliam Padrón regresa a La Habana con nuevas energías, y las valijas repletas de ese caudal de originalidad, tesón y audacia que los acompaña desde hace 31 años por la escena cubana. ¿La propuesta? Una versión de La consagración de la primavera, firmada por la propia directora, que adereza con tradiciones de nuestra cultura bordeando algunos postulados literarios de la obra homónima de Alejo Carpentier, y que subirá a la escena de la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba este fin de semana.

Estrenada el pasado mes de junio en la Atenas de Cuba con un total éxito, La consagración… de Danza Espiral, no tiene nada en común con otros trabajos coreográficos basados en la partitura de La consagración de la primavera, de Igor Stravinski (1913), en el sentido de la grandilocuencia de la pieza.

Son cinco bailarines en las tablas, incluida la propia Liliam, de la mano de un original diseño escenográfico —algo que siempre los caracteriza—, con una proyección sobre una suerte de paneles con dos caras de un cubo que funcionan como una tira cinematográfica que regala al espectador una visión panorámica...

Ha sido arduo este trabajo donde se suman sombras chinescas, transparencias, que son cortinas donde se proyectan, y al mismo tiempo, se abren y cierran. En esos recursos visuales va implícito el espacio donde ellos respiran: Matanzas, hay mucho folclor local y originalidad en muchas cosas, al decir de la creadora. La escenografía y el vestuario están a cargo de Frank David Valdés.

En cerca de una hora, sumando ese estilo que caracteriza a esta compañía escénica en el tiempo, donde convergen danza, teatro, artes plásticas, literatura, artesanía…, llegan aquí ataviados de una banda sonora (Raúl Valdés) con la música de Stravinski, interpretada por la Filarmónica de Berlín, dirigida por el maestro Claudio Abbado, y también folclórica cubana, que funciona como coprotagonista de la historia.

Según Liliam Padrón, la relectura de la novela de Carpentier me “conectó con el trabajo coreográfico de Nijinsky para Los ballets rusos de Diaguilev, y me sedujo a crear mi pieza, que NO es una versión de la obra del insigne intelectual cubano, hay una especie de empatía con el personaje principal de Vera (la bailarina rusa) en el hecho de luchar por lograr estrenar La consagración de la primavera —algo que no llega a hacerse en la pieza”. Y es que, además, se entronca con su propia vida, y el trabajo que pasan las pequeñas agrupaciones, lejanas de la capital, para alcanzar sus objetivos creativos…

Y como explica, certeramente, en las Notas del programa, el asesor teatral José Antonio Alegría:

En la investigación de fuentes realizada por la directora de Danza Espiral se contó, además, con la ineludible aproximación que Alejo Carpentier hiciera a esta obra maestra…, cuyo tema central gira en torno al montaje que de la misma se propone hacer una bailarina rusa que, guiada por su amante, un joven intelectual cubano, descubre en la cultura arará el equivalente de los elementos folclóricos que Nijinsky también investigara y que les servirá para revisitar el clásico desde una perspectiva vernácula… La obra transcurre como un testimonio, si se quiere, como la historia de un conjunto danzario que se verá abocado a confrontar su lenguaje habitual con el que propone la codificación de Nijinsky y, con el aporte de Carpentier, a traducir la ceremonia pagana del folklore eslavo en la fuerza telúrica de la danza Arará, también cercana a la tierra y también portadora de ritos propiciatorios…

Liliam Padrón vuelve a desplegar anchas sus velas creativas, en esta obra que resulta otro aporte plural de Danza Espiral a nuestra cultura.


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