La fecha del 23 de agosto de 1960 no ha de verse simplemente, -en mi opinión personal- como la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización social devenida en organización de masas por su voluminosa membresía: unos cuatro millones de afiliadas, que representa más del 90 % de las féminas adolescentes, jóvenes y adultas residentes en el archipiélago cubano.
El 23 de agosto es la síntesis de una historia, Cuba es mujer por su nombre y la hombradía de sus próceres masculinos tuvo el acompañamiento siempre de la inteligencia y el valor de sus próceres del sexo femenino. No es que se cumpla aquella frase machista que reduce a la mujer a un papel secundario y subordinado: “Después de todo gran hombre, hay siempre una gran mujer”, es que, la historia de Cuba, no es posible escribirla objetivamente, ignorándolas a “ellas”.
La resistencia aborigen a la conquista y colonización española contó con el liderazgo, además de varios caciques conocidos, con el de las caciquezas Guarina, Anacaona y Casiguaya y con el suicidio rebelde de Tínima y Casiguaguas.
Carlota y Fermina, dos mujeres lucumíes esclavizadas fueron capaces de dirigir una conspiración antiesclavista que abarcó dotaciones de tres ingenios matanceros en 1843. Gertrudis Gómez de Avellaneda y la Condesa de Merlin, figuran entre lo mejor de las letras cubanas del siglo XIX.
Ana de Quesada, Amalia Simoni, Bernarda Toro “Manana”, María Cabrales y Brígida Zaldívar, fueron mucho más que las esposas, respectivamente de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Antonio Maceo y Vicente García, fueron mambisas de temple y actitud, como Mariana Grajales fue mucho más que la madre de los Maceo, por eso los epítetos de “Madre de la Patria” o “Madre de todos los cubanos” que se ha ganado e igualmente Lucía Íñiguez, fue más lejos que la madre de Calixto García. Todas ellas, y muchas más, representan a la mujer cubana.
Ana Betancourt, en el cabildo abierto del 14 de abril de 1869, posterior a la asamblea constituyente de Guáimaro, celebrada del 10 al 12 de ese mes, alzó su voz para reclamar la igualdad de la mujer en su participación en la guerra y la república.
Magdalena Peñarredonda, organizó el Partido Revolucionario Cubano (PRC) en Pinar del Río, para organizar la Guerra de Independencia de 1895. Evangelina Cossío, organizó y dirigió junto a su esposo Bruno Hernández, el levantamiento armado de la Isla de Pinos contra España el 26 de julio de 1896. Adela Azcuy e Isabel Rubio recibieron grado de capitanas en el Ejército Libertador Cubano. Marta Abreu, fue una patriota destacada.… la mujer cubana, en general, fue partícipe activa en nuestras guerras por la independencia.
En la república, continuaría el papel activo de la mujer cubana. En 1918 se constituía el Club Femenino de Cuba, que, entre sus logros inmediatos, estuvieron tres leyes muy importantes en la lucha contra el patriarcalismo que sumía a la mujer en la total subordinación al hombre: la de la libre administración de sus bienes sin la participación de su esposo; la del divorcio con disolución del vínculo matrimonial y la del reconocimiento de la patria potestad de la madre sobre sus hijos, aunque contrajera segundas nupcias.
En contexto, ello ponía a Cuba y a la mujer cubana, ante logros en momentos en que muchas mujeres no lo habían logrado en la mayoría de los países, incluso, hasta el día de hoy. El Club Femenino de Cuba es el antecedente más remoto de la Federación de Mujeres Cubanas.
En 1923 se celebró el Primer Congreso Nacional de Mujeres y en 1925, el segundo, demandando el derecho de la mujer al sufragio, la igualdad de derechos con el hombre y la necesidad de mejorar el sistema educacional, sin embargo, no hubo consenso entre las mujeres, en lo referente al reconocimiento de los hijos concebidos fuera del matrimonio, los llamados “hijos naturales, ilegítimos o bastardos”. Había surgido la Alianza Nacional Feminista, pero en 1930, una parte de sus integrantes, influenciada por las ideas marxistas, se separó y fundó la Unión Laborista de Mujeres y más tarde, el propio Partido Comunista creaba la Unión Radical de Mujeres, mientras, en el fragor de la lucha anti-machadista surgió la Organización de Mujeres Oposicionistas.
En 1934 el Gobierno Revolucionario de Grau-Guiteras o “de los cien días”, incluía en sus Estatutos Constitucionales el sufragio para las mujeres, cuestión no planteada en la Constitución de 1901 ni en la reforma constitucional machadista de 1928.
En esas décadas del 20 y el 30, sin dejar de existir el movimiento feminista y sin abandonar sus demandas propias de género, la mujer se integró también a las luchas de los movimientos obrero, estudiantil y campesino, a la vez que se destacaba en distintas esferas de la sociedad como el arte: Amelia Peláez, Rita Montaner “La Única”, María Teresa Vera…
En marzo de 1939, el Partido Unión Revolucionaria Comunista organiza el Tercer Congreso Nacional de Mujeres con una proyección democrática y unitaria.
La década de 1940 no fue de auge del movimiento feminista pero sí del 50, sobre todo, después del golpe de estado de Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952. El Partido Socialista Popular estructuró la Unidad Femenina Revolucionaria (UFR) y un grupo de mujeres con las influencias de las nuevas organizaciones revolucionarias fundarían el Frente Cívico de Mujeres del Centenario Martiano. En esta etapa no se trataba en lo fundamental, de reivindicaciones de género sino de denuncia, enfrentamiento y lucha contra la tiranía batistiana.
En el asalto al cuartel Moncada, fueron heroínas Haydée Santamaría Cuadrado y Melba Hernández Rodríguez del Rey. En el Ejército Rebelde se incorporó a plenitud la mujer revolucionaria al igual que en la lucha clandestina, símbolo de esta última fueron Urselia Díaz Báez, las hermanas Giralt. Lidia Doce y Clodomira Acosta Ferrales, las dos últimas, mensajeras de la sierra que cayeron en la clandestinidad.
Aunque había mujeres en los distintos frentes y columnas guerrilleras, el Comandante en Jefe Fidel Castro constituyó el pelotón femenino Mariana Grajales, cuyas integrantes se conocieron como “Las Marianas” y después del triunfo de la Revolución, al crearse las Milicias Nacionales Revolucionarias el 26 de octubre, dentro de éstas se crearon los batallones femeninos Lidia Doce.
De toda esa rica historia, desde las mujeres aborígenes hasta las Lidia Doce, bebió el movimiento femenino cubano que apostó por su unidad dentro de la Revolución cuando se creó la Federación de Mujeres Cubanas y eligió como presidenta a Vilma Espín Guillois, heroína de la lucha clandestina en Santiago de Cuba y del Segundo Frente Oriental Frank País, primera mujer graduada de ingeniera química en procesos del azúcar en Cuba, por la Universidad de Oriente.
Después del 23 de agosto, la mujer cubana ha estado participando plenamente en la construcción de la nueva sociedad “Una revolución dentro de la revolución”, así lo calificó Fidel y hoy constituye el 68,3 % de la fuerza profesional y técnica de un país, donde, antes de 1959, apenas existían médicas, abogadas, ingenieras y técnicas. El parlamento cubano hoy es el cuarto más feminizado del mundo.
Aquella expresión que irónicamente decía Ramón Grau San Martín: “las mujeres mandan”, debiera cumplirse en el ámbito familiar y hogareño cubano en la actualidad, porque la realidad ha demostrado que estudian y se gradúan más que los hombres. ¿Acaso dirigirán mejor y se equivocarán menos?
Si Cuba es mujer por su nombre aruaco, a su revolución hoy le es imprescindible la mujer por la participación decisiva de ellas en todos los sectores de la política, la econ
omía y la sociedad.

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