La Nueva Trova «con una lírica llena de todos los ingredientes para hacerla duradera e indestructible»


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El Movimiento de la Nueva Trova cumple 50 años ya, lo que determina que no es tan joven. Sin embargo, tal y como le pasa a muchos mayores, su esencia y espíritu siguen frescos en algunos de sus cultores más experimentados y, claro, en los más jóvenes que aportan sus aires de renovación.

De todas maneras, el MNT merece mucha veneración; sus canciones han sido —a lo largo de su vida— himnos de amor, del amor grande, el amor a todo, y muchas conservan, a pesar del paso del tiempo, esa cualidad.

El MNT fue en sus primeros años un fenómeno peculiar de ruptura y a la vez veneración de los ancestros musicales; son muchos los creadores cubanos que están afiliados a este movimiento; diferentes generaciones con denominadores comunes: voz, poesía y música, para compartir ideas de revolución, rebeldía, irreverencia, compromiso, fidelidad, patriotismo y amor.

El Periódico Cubarte, ha querido tributar al programa de conmemoración de este aniversario 50 del MNT, una serie de entrevistas con trovadores de diferentes generaciones, herederos todos, tanto de Sindo Garay, Pepe Sánchez y Manuel Corona, como de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú.

Cuando se habla de agrupaciones de la Nueva Trova en Cuba, invariablemente nos remitimos a Moncada, no la única, pero sí una de las más sostenidas en el tiempo, junto a la matancera Nuestra América.

Tomás Rivero es fundador de Moncada, compositor y orquestador, músico, vocalista, tecladista, pianista, guitarrista bajista, director de agrupaciones, y Licenciado en Lengua y Literatura Francesa.

A sus 74 años, Tomás conserva el buen carácter y el sentido de humor que siempre lo han caracterizado; es además un caballero, un hombre muy educado y decente, con una gran agudeza mental y una gran capacidad para analizar la realidad con mesura e inteligencia.

Por demás, Tomás Rivero es un hombre empecinadamente trabajador, lo cual se hace evidente en la lectura de un currículo incompleto, donde se confirma que ha trabajado para públicos de más de 30 países, tanto durante importantes eventos, como en televisoras nacionales, teatros, universidades y otras instituciones, y además ha compartido escenario y grabado con figuras de la talla de John Kendricks, Billy Preston, Phil, Manuel Mijares, Ángel e Isabel Parra, Soledad Bravo, entre otros relevantes artistas.

El músico igualmente ha dejado la impronta creativa de su música original en la banda sonora de la telenovela francesa Terre Índigo, obras del Teatro Musical de la Habana, el film peruano La yunta brava, del director Fernando García, documentales del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), emisiones de radio cubanas y centros de la moda como La Maison en La Habana.

Compartimos con los lectores del Periódico Cubarte, una muy buena conversación con Tomás Rivero. 

¿Su primer recuerdo de la Nueva Trova llega con qué figura?

Mi primer recuerdo de la nueva trova llega con Silvio Rodríguez, al que conocí en un programa de televisión que él tenía y al que me llevó Vicente.

Hábleme de ese encuentro…

Me pides que monte en la máquina del tiempo y te cuente… Imagínate a un guajiro recién llegado a La Habana, que acababa de conocer a Vicente Feliú, en el edificio de F y 3ra, que era el albergue de los becados de Humanidades; allí había un piano que me servía para la tertulia nocturna que hasta tempranas horas del día siguiente reunía un buen grupo de estudiantes que compartíamos canciones poemas y sueños… hasta que llegaba Milagros, la administradora, me cerraba el piano y nos mandaba a dormir.

Ahí conocí a Vicente quién me preguntó si me gustaría ir a un programa de televisión que era por el mediodía a cantar con el piano un par de canciones; recuerdo que llegué, me presentó a Silvio y canté dos canciones, que no recuerdo, y me parece que no salí muy mal, según ellos, y me fui integrando al grupo de estudiantes, actores y trovadores que animaban las nocturnas tertulias habaneras.

¿Fundar junto a sus compañeros el Grupo Moncada, fue su primera experiencia musical?

No, ya en Caibarién, tocaba piano en las Jazz Band del pueblo y dirigía un combo al que le pusimos Los Yeyeica, no me preguntes de donde salió ese nombre, porque no lo recuerdo.

¿Existen músicos en sus ancestros conocidos?

Sí, soy sobrino de Facundo Rivero, del cual recuerdo algo, de cuando ensayaba su cuarteto en Marqués González y Neptuno y de sus esfuerzos por enseñarme a bailar, lo que nunca logró.

¿Cómo llega a Moncada?

A Moncada llego porque yo tocaba y dirigía el Combo de la Escuela de Letras, que se llamaba Grupo Hogar, integrado por Sergio Pastrana, guitarra, Carlitos León, Manchú Font, batería, Antonio Parque, tumbadora, Omar Cayán, bajo y yo que dirigía y tocaba una organeta.

Hogar, pasados los aires festivaleros del movimiento de aficionados de la FEU, se mantenía activo y tocamos en un programa que dirigía Jorge Gómez y que debía mantenerse en el aire contra viento y marea, Siempre en domingo, era como se llamaba y que la gente le decía «Siempre los mismos», porque los estudiantes regresaban a sus aulas, hasta el próximo festival. Y así nos fuimos nucleando integrantes de varios grupos, que a la vez, tocábamos en las actividades de distintas organizaciones de solidaridad y poco a poco nos integramos en lo que luego sería Moncada.

En ese momento, ¿cuáles eran sus paradigmas musicales?

Tendría que hablar de Elena Burke, Meme Solís, Felipe Dulzaides, Nat King Cole, Lionel Hampton, Oscar Peterson y una lista que sería demasiado larga…

¿Moncada en sus inicios hacía sobre todo música latinoamericana?

No, tocábamos más música cubana, lo que era bien extraño en aquellos tiempos y pienso que en el entorno universitario causó un buen impacto, para empezar; luego sí incorporamos música latinoamericana, después del paso por aquí de los grupos chilenos, sin olvidar que en esos tiempos en muchos países latinoamericanos se estaba gestando una canción de contenido social —que era llamada canción protesta— y que llegó de lleno al repertorio del grupo. Fue un movimiento que surgió simultáneamente, por así decirlo, y que llevó a esta música nada comercial a ser parte importante de los movimientos sociales en esos países.

¿Quiénes fundaron esta agrupación además de Jorge Gómez, Pedro Trujillo, «el Gordo», Manuel Calviño, Alberto Faya, Julián Fernández y usted?

Bueno, José Alberto Himely, percusionista. Una muchacha que le decíamos Manita, junto a otro percusionista que se llamaba Juan, ambos del Instituto Superior Pedagógico, pero que duraron poco, y ahí, entró Juanito Gómez, «El Abuelo».

Éramos de distintas facultades. Manolo Calviño era de Psicología; Himely era de Economía; Alberto era profesor del Pedagógico, y Julián y Pedro, alumnos de ese instituto; Jorge del departamento de Filosofía de la UH, y yo estudiaba Licenciatura en Francés en la Escuela de Letras, en la Facultad de Humanidades.

¿En qué fecha ingresa el grupo al MNT?

En 1972, en el momento de la creación del movimiento.

¿Cómo es que lograron viajar a EEUU en 1978 para una gira, que además tiene historia?

Era una gira auspiciada por el Centro de Estudios Cubanos de Nueva York, que dirige Sandra Levinson y junto al ICAP, y con apoyo también de la Brigada Venceremos.

Tiene historia porque era la primera vez que un grupo cubano hacía un viaje y una gira extensa por cerca de 13 estados de la Unión, con presentaciones en teatros, universidades, programas de televisión, grabación de un disco en vivo en el teatro de la prestigiosa Berklee College of Music de Boston, y estuvimos en contacto con numerosas organizaciones que apoyaban a Cuba.

Hablarte de todas las experiencias sería demasiado largo, porque fueron muchas: ver por primera vez piquetes protestando por nuestra presencia, desvío de nuestros instrumentos cuando íbamos a Los Ángeles, donde el Alcalde nos entregó la Llave de la Ciudad y esa noche pudimos tocar por la solidaridad de músicos que nos llenaron un salón de sus instrumentos, para que pudiéramos presentarnos. Estar en contacto con personalidades tanto del mundo musical como de organizaciones sociales y compartir escenarios con grupos de todo tipo de tendencias, en realidad fue una historia intensa, fructífera e irrepetible.

¿Cuántos años permaneció usted en Moncada?

Estuve 23 años.

¿Cuál es el nuevo camino que escogió a su salida?

Cuando salí, retomé las influencias de mi tío Facundo y empecé a organizar cuartetos, por espacio de casi 15 años y luego pequeños formatos como hago en la actualidad.

¿Cree usted que los fundadores de la NT «enseñaron a pensar» a los jóvenes cubanos?

Yo no creo que pensar sea una palabra certera para etiquetar nuestra presencia en el ámbito juvenil, más bien sería decir que tocamos un tipo de música con letras que llevaban a la reflexión, a las realidades, situaciones y experiencias, y que tocaban las fibras de todos los que se aprendían y repetían las canciones, con músicas bailables o no, y que los motivaba a encontrarse en ellas y lograr una conjunción perfecta, como lo demostraron los inolvidables sábados de la Escalinata de la Universidad de La Habana y los llenos de teatros, plazas y estadios durante años.

¿Qué recuerdos guarda de Pablo Milanés?

Recuerdos agradables, desde que lo veía cantando en el Cuarteto del Rey, y luego en el Grupo de Experimentación, sus canciones formarán parte siempre de mi repertorio habitual porque él es, fue y será, eternamente, Pablo. 

«El tiempo pasa, y todavía quedan restos de humedad y el árbol que nació donde te encontré, de callada manera, nos hará proposiciones de cuanto gané, cuanto perdí, en una verde mañana, no bastaba que me entendieras para vivir porque yo sé que un día tú vendrás».

¿En su opinión, cuál es el aporte fundamental de la NT a la historia de la música cubana?

El haber recreado con sus canciones, situaciones, esperanzas, contradicciones, amores, con una propuesta cultural, con una lírica llena de todos los ingredientes para hacerla duradera e indestructible ante el paso del tiempo y que no solo fue en el terreno musical con sus distintas formas de hacer, sino en la poesía, la pintura, el cine, lo que hace que la NT forme parte de la cultura cubana y que para hablar de la historia de Cuba, después del 59, inevitablemente, hay que hablar, cantar y leer lo que la Nueva Trova sembró en un difícil terreno, y en el cual hoy se recogen sus frutos.

Y así, «Yolanda pisará las calles nuevamente, el papalote seguirá volando, sobre el Unicornio cabalgará el hombre haciendo héroes, haciendo historias, y solamente una ventana, nos dejará ver sábanas blancas y créeme, el tiempo es quien resume».

Y me gustaría añadir para finalizar, que aún hoy, caminando por las calles escucho que me dicen: «Hola Moncada, ¿qué hay Moncada? ¿Cómo andas Mocada?» y siento, que, como diría Manolo: Valió la pena.


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