La Virgen de la Caridad


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El 8 de septiembre en Cuba se celebra el día de la Caridad del Cobre que en la santería cubana se sincretiza con Oshún. Entre las historias acerca de la Virgen de la Caridad se ha llegado a decir que la aparición de la misma   fue profetizada, nada menos que en el Antiguo Testamento, otros han dicho que apareció antes de ser católica en época prehispánica.

Acerca del surgimiento o aparición de la imagen de esta virgen existen múltiples y variadas versiones. Una tradición la atribuye a un cacique o reyezuelo que la tenía en la iglesia de Santiago de Cuba y ante el temor a ser despojado de ella por otros caciques rivales decidió tirarla al mar. Se afirma también que fue una imagen traída a la Isla por un tal Ojeda u Hojeda y que estaba pintada sobre una tabla de Flandes. Otra versión señala que se trataba de una imagen de papel con la que un marino trataba de convertir en cacique. Muy mencionada es la que se refiere a una Virgen aparecida venida de un lugar llamado Illescas en España, pero esto lo ha desmentido con pruebas convincente el insigne investigador cubano Fernando Ortiz.

De los mitos sobre su aparición en Cuba se ha afirmado que esto ocurrió por el 1601 y que los habitantes de la región donde apareció le pusieron por nombre Virgen de la Caridad del Cobre, hay quienes dicen que fue en 1607, otros que, en 1608, en el 1613. Hay quien dice el 1620, pero al parecer la fecha más aceptada es la de 1628 aunque también sujeta a impugnaciones.

Don Fernando refiriéndose a los orígenes de esta virgen apunta: “La Virgen de la Caridad o Santa María de la Caridad, como solía decirse en los siglos en que no habíase difundido tanto el dogma y   la devoción de la virginidad mariana, se encuentra por primera vez en España, en el siglo XII, precisamente el año 1149, en el monasterio de Santa María de la Caridad, en Tulebras, frente a Cascante en Navarra, cerca de la raya de Aragón”. (Fernando Ortiz. La Virgen de la Caridad del Cobre Historia y etnografía. .p. 146. Fundación Fernando Ortiz. La Habana, 2008). Y por otra parte señala:

“La Virgen del Cobre, como material representación icónica de la católica Madre de Dios, puede ser de factura cubana, improbable; española, probable; o germana, posible.” Y a continuación agrega el maestro: “carecemos de elementos para una opinión asegurada en este particular”. En otro apartado añade: “El elemento material nos parece menos interesante; más significativos e importantes son los factores espirituales”. (FO. ob.cit. 101-102).

Haya sido de madera o de papel, propiedad de un fraile español o de un cacique aborigen, traída de otras tierras o no, lo cierto es que la Virgen de la Caridad del Cobre es cubana criolla y reyoya.

Son precisamente los factores espirituales de los que hablaba Ortiz lo que han llevado al cubano a asumirla como la patrona de Cuba y en su momento considerarla como la Virgen mambisa.

Se dice que protegía a los cubanos en su guerra contra los españoles y que Carlos Manuel de Céspedes, al entrar en Bayamo con las fuerzas liberadoras, hizo decir una solemne misa en honor a ella.  Otro relato cuenta que al producirse la toma del poblado de El Cobre por los mambises quiso el padre de la patria visitar  aquel lugar. Al entrar en la población donde lo esperaron con todos los honores “preguntó si se tenía preparado algo en la Iglesia; le dijeron que no, y al desembocar en la plaza y ver el templo, se adelantó, solo, dirigiéndose  a la puerta principal, en la que estaba el cura con su traje talar de diario, y ambos penetraron en la Santa Casa, y ante el altar de la Virgen de la Caridad, de gran veneración en toda la isla, oraron de rodillas” (Juan Luis Martin “Historia de la Virgen de la Caridad, Santa María de Cuba o la Virgen Mambisa”, Revista CATAURO, No.15-2007) pág. 159).

Existe información según la cual Céspedes llevaba en su cuello como regalo de su mujer, y así lo escribió en su diario, una estampa de la virgen de la Caridad.

Del General Antonio Maceo también se afirma que siempre llevaba prendida en su ropa interior una medallita de la Virgen de los cubanos y que cuando lo bautizaron en la Iglesia de Santo Tomás, en Santiago de Cuba, le pusieron por nombre Antonio de la Caridad, tal vez debido a la devoción de Mariana Grajales por esta virgen. Su primera hija, de su matrimonio con María Cabrales fue nombrada, María de la Caridad.

Es sabido que en otros tiempos era muy común poner el nombre de la Caridad a muchas personas. A nuestra prima bailarina de ballet le pusieron por nombre Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre.

El 1916, por solicitud de los Veteranos de la Guerra de Independencia, el Papa Benedicto XV proclamó a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba, y el 25 de enero de 1998 su Santidad Juan Pablo II, la coronó oficialmente como la Reina de Cuba. 

En su Santuario pueden observarse múltiples y diversas ofrendas, producto de las promesas que se le hacen. Desde grados militares correspondientes a altos oficiales de las Fuerzas Armadas y soldados que han combatido en diversos países africanos y del tercer mundo hasta la medalla que recibió Hemingway cuando obtuvo el Premio Nobel de Literatura.

Allí está ella con su vestido dorado confeccionado en oro que tiene al frente de su bata el escudo nacional bordado en colores y en su cabeza una corona y una aureola, ambas de oro de 18 quilates, y engalanadas con 1,450 brillantes esmeraldas y rubíes.  La cruz que lleva en la mano derecha es de brillantes y amatistas, mientras que la corona del Niño Jesús es de oro, plata y brillantes.

Acerca de los exvotos expuestos en el Santuario y las ofrendas que allí se realizan una investigadora relata como: “el padre que allí oficia, nos contó la dificultad que se le presentó cuando una santera llevó a la Virgen un cake; ante la imposibilidad de hacerle comprender que esta es una ofrenda inapropiada para la divinidad católica, debió aceptar que la depositara a los pies de la virgen pues decía que era su promesa”

“Algo similar sucedió en la parroquia de San Agustín, donde un hombre negro –¿santero?– despertó al padre entrada la noche porque necesitaba ver a la Virgen de la Caridad –la representación conservada en El Cobre durante los meses previos a la visita de Juan Pablo II a la Isla, peregrinó por todas las parroquias del país– y, una vez frente a ésta, encendió su tabaco e hizo correr el humo sobre la  Patrona de Cuba en la cual probablemente estaría viendo a Ochún, esa orisha tan africana como cubana”. (María Ilena faguagua Iglesias, “La iglesia Católica Roma y la Santería Cubana: relaciones de poder y autoridad” Revista CATAURO.No.15, 2007. Pag.56). La misma autora de este artículo señala como “Un teniente   coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que encontramos en el Santuario del Cobre  llevando el ramo de flores usado por la que acababa de convertirse en su esposa, para dejarlo a los pies de la Virgen, dijo que no encontraba contradicción en ese acto con su condición de ateo y que fue un reclamo de novia, mamá y suegra; para colmo añadió: “Fue por solicitud de los veteranos luchadores contra el gobierno colonial al Papa que la Virgen se convirtió en Patrona de los cubanos”. No hay duda, el joven oficial conoce la historia, se la apropia y la aplica”

Todos los 8 de septiembre y antes y después son miles los cubanos que van al Cobre. La festividad por su celebración antiguamente tenía lugar en todo el país destacándose las que se desarrollaban particularmente en Santiago de Cuba y en la antigua provincia de Santa Clara. Fiestas que duraban ocho días y más.

Lydia Cabrera, la más destacada investigadora cubana de los asuntos relacionados con las religiones de origen africano en nuestro país, en su fabulosa obra Yemayá Oshún señala como el francés Hippolyte Piron le describe la fiesta del Cobre:

“En Santa Clara, en la derruida iglesia del Buen Viaje de los Pilongos, los negros, que decían que aquel templo les pertenecía, celebraban en grande la fiesta de la Caridad del Cobre. Venían de todos los ingenios de la jurisdicción, y en el “placer” o terreno baldío que rodeaba la iglesia, la víspera del ocho de septiembre, de maña, al son de los tambores hacían “la chapea”, cortaban las hierbas, que recogían las negras, en canastas pequeñas, bailando y bebiendo aguardiente. Por la tarde, en una procesión, desfilaban el Rey y la Reyna del Cabildo de los Congos (que predominaban allí) bajo un enorme parasol de cuatro metros de diámetros que llamaban “el tapasolón” y tras ellos, bajo otro “tapasolón”, los que se decían príncipes. Los seguía el numeroso séquito de sus acompañantes o vasallos. Todos los hombres vestían levita y pantalón y lucían bombines, al cinto un sable de juguete y calzado de cuero de vaqueta. Presidian el cortejo, delante del gran parasol, los tambores, rústicos troncos de madera de metro y medio de largo. Cuatro o cinco tambores con sonidos distintos, que se llevaban entre las piernas amarrados a una cuerda que pasaban por el cuello.

El cabildo tenía su casa en un terreno propio junto a la iglesia, que los P.P.Pasionistas adquirieron más tarde en los comienzos de la República, cuando todavía en aquella fecha continuaban celebrándose esas fiestas, y era tradicional  el baile que tenía lugar en el Cabildo. Bailaban allí los negros una especie de Lanceros; colocados en dos filas, frente a frente, los hombres separados de las mujeres, ejecutaban figuras y se movían al compás de los tambores. Avanzaban unos y otros siguiendo el ritmo, y al encontrarse sonaban las palmas y retrocedían. Estaba terminantemente prohibido tocar rumba. Cuando los criollos en la procesión de los congos, insinuaban un toque de rumba- esa era música profana- la indignación de los viejos se hacía sentir. Era típico en las festividades villaclareñas de la Virgen de la Caridad, repartir entre los concurrentes negros que asistían con sus Reyes, y los devotos blancos –todos en la mejor armonía– el Agualoja, una bebida compuesta con agua, albahaca y maíz quemado, que, como la frucanga o zambumbia y otras, pertenecen al pasado.

Para asistir a la misa, los negros muchas veces vestían enteramente de blanco y llevaban siempre –¡ya proclamada la República y en plena euforia de Cuba Libre!– una bandera española. Este detalle que me relató un testigo de vista villaclareño, el señor Luis A. Muriedas, no es de asombrar, en cambio lo era, no hallar en los negros viejos el odio ciego, irreflexivo, a España, que era corriente en la mayoría de los cubanos blancos, hijos o nietos de e españoles.” (L.C p.57).

Al margen de la historicidad o el cientificismo, en el imaginario, que es otra historia y otra realidad, la Virgen de la Caridad de origen español es tan cubana como lo es Oshún de origen africano.  Ambas son una misma, aunque tengan orígenes, representaciones, y formas de adorar distintas.

Virgen de la Caridad hay muchas en el mundo, pero cubana, una sola, no importa su color.

A propósito de color, casi nadie se ha querido resignar a la idea de las vírgenes negra atendiendo a sus raíces.

La historiografía recoge la existencia de múltiples vírgenes negras en el mundo, pero para casi todos los hagiógrafos es blanca. Unos le atribuyen el color negro a la madera en que han sido talladas, otros al color de la pintura, otros como los obispos cubanos llegaron a considerar a la Virgen de la Caridad morena porque el sol la había tostado.  No ha faltado quien haya llegado a afirmar que es morena por el humo propiciado por un fuego.

Fernando Ortiz quien se vale de la obra del francés Berenguer Feraud en sus estudios sobre la Virgen de la Caridad señala: “Véase lo que ha recogido y observado Berenguer Feraud, respecto a las vírgenes atezadas: “Si quisiéramos dar cuenta de todas las leyendas que están en boga, para explicar el color negro de las vírgenes que nos ocupan, tendríamos que escribir numerosas páginas y contar aventuras bien extraordinarias.  Aquí la imagen de la virgen se ha vuelto negra porque un impío incendió la iglesia en la cual aquella se encontraba, y las llamas se contentaron con ennegrecer su rostro, para hacer más evidente el respeto que impone su santidad” (F.O ob.cit.,p. 246).

La manifestación de racismo ha sido tan exasperada a este respecto, que se ha llegado a afirmar que es negra por un disgusto.

El mencionado Berenguer Feraud cita otro relato según el cual “La Santa Virgen, que primitivamente era de una blancura inmaculada, fue poco a poco ennegreciéndose por el disgusto que le producía la depravación siempre creciente de la población, los crímenes y la impiedad de los protestantes, judíos, mahometanos, según el caso.” (F.O. ob. cit. p 246).

Para el maestro Fernando Ortiz negra o mulata, morena o parda, hoy predomina en Cuba la creencia de que el color trigueño de la efigie cobrera es debido a su sangre africana.

Para concluir Feraud le echa más picante al asunto al apuntar: “Para enumerar todas las proposiciones formadas respecto a este asunto del color, digamos que aun se ha llegado a decir, algunas veces, para explicar el favor que gozan las vírgenes negras entre los fieles, que era en realidad el color de la piel de la Virgen María que, como Eva, fue una negra” (F.O. p.246.).

La Caridad en la copla popular del tiempo de la guerra del 95:

Dicen que Pancho Valeria

es un diario americano

por eso los cubanos

no pueden plantar bandera

Ay  Dios ¡Gran Dios!

Es menester que no hubiera

en El Cobre la Caridad

que allí esa señora está

pidiendo por los cubanos

con la bandera en la mano

que viva la libertad.

Ay Dios  !Gran Dios!


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