Llegaron las Charangas de Bejucal / Por: Rafael Lam


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En el mes de diciembre se organizan las Charangas de Bejucal en la Ciudad de San Felipe y Santiago del Bejucal. Las emblemáticas fiestas datan de 1840, están consideradas entre las más importantes Cuba.

El pueblo comenzó con seis leguas, 30 casas, mucha riqueza tabacalera. En una visita podemos encontrarnos con la Plaza de Juan Delgado, la Iglesia Parroquial, el cine-teatro Martí, el parque principal histórico, rodeado de sociedades.

Las Charangas de Bejucal son una de las fiestas más animadas de Cuba, se iniciaron en 1840, en la etapa colonial, en los días de Nochebuena acudían a las celebraciones españoles reaccionarios, isleños y de todas las zonas hispanas, los criollos (denominados Malayos por el gallo rojo de Lidia).

Por el otro lado estaban los desposeídos negros y mestizos, libres o esclavos con el símbolo del alacrán (denominados La Musicanga, por la música ratonera nombrada de “mala muerte”, según Fernando Ortiz).

Adoptaron el color azul, los caracterizaba la atronadora música con matracas, caracoles, tambores, tamboriles, gaitas. Portaban velas encendidas, hachones, aquí estaba el origen de las primeras carrozas.

Poco a poco se fueron separando del elemento religioso para introducirse en la fiesta popular, con bebidas y música. De esa manera se fueron originando las charangas.

Los bandos asumieron posiciones políticas y raciales, empezaron las pugnas políticas, se luchaba por la libertad contra el dominio colonial. Estas fiestas, como fueron los carnavales, eran un excelente motivo para los anhelos de libertad cubana.

Al terminar la ocupación española, La Musicanga y Los Malayos cambiaron sus nombres: Los Malayos adoptaron el nombre de La Espina de Oro que mostraba un gigantesco gallo.

La Musicanga, reunidos a la sombra de una gran ceiba, acordaron ponerle al bando el nombre de este árbol legendario: La Ceiba de Plata, que portaba un enorme alacrán. Los encuentros entre estos dos bandos eran de alta rivalidad que podía llegar a ser peligrosos, en la que se despedazaban gallos y alacranes.

Cada uno porta: estandartes, banderas, adornos, disfraces, farolas, fuegos artificiales. Crean coros y tonadas, contrapunteos, controversias con sátiras, picaresca costumbrista.

Algunos de los coros emblemáticos decían así:

 

            Estaba la langosta en su salsa

            Estaba tan salá

            Que no me la comí.

 

            Rica mulata

            Si quieres coco,

            Ven y súbete a la mata.

 

            Carbón bon bon

            El carbonero

            A tres quilo el saco

            Lo vendo barato

            Dame el dinero.

 

            Alexi, el bombo de la Espina

            Alexi, el bombo de la Espina.

                       

En suma: las charangas consisten en grandes fiestas colectivas, populares, con las competencias de bandos, escoltados por las congas, sus comparsas, sus carrozas llenas de sorpresas inesperadas, de iniciativas (máximo exponente).

Estas carrozas comenzaron con tracción de bueyes, iluminadas con carburo, mechones, hasta llegar a gigantescas plataformas rodantes, iluminadas con plantas eléctricas. Todo ello implica complicados movimientos estructurales, lleno de mecanismos técnicos muy creativos.

Las carrozas llegan al parque o la plaza, comienza a evolucionar, a batallar, cada uno va mostrando sus secretos, manteniendo un tema central con un contexto, las joyas del arte popular se van mostrando paso a paso, sorpresivamente, con sus ingeniosidades. Todo esto centra la atención de los participantes, la expectativa es muy tensa y gratificante para los dos bandos.

En 1940 celebraron el centenario de las charangas con una masiva participación que resultó un verdadero suceso. Un cordón interminable de vehículos llenó las carreteras que conducen a Bejucal. Fue un lucrativo negocio para muchos.

Sobre la historia de las charangas han investigado amorosos historiadores como: Juan J. Barona (con B), un personaje simbólico en el pueblo. Barona publicó en 1967 un folleto muy enjundioso. Miguel Llompart Mateu (1889-1956), historiador de la ciudad durante 40 años, quien divulgó múltiples escritos. Miguel Valladares Faulín (1902-1990), maestro que conocí cuando se organizaban aquellas competencias de “Los Cubanitos” de béisbol. Valladares publicó en las revistas Liceo y Orientación. Gilberto Hevia Valdés (1912-1993), periodista y maestro, redactor de una gran cantidad de trabajos sobre las charangas. Sergio Ramírez Blanco (1913-1985), Doctor en Pedagogía, investigador local. En estos tiempos se cuenta con Omar Felipe Mauri, presidente de la UNEAC de Bejucal que publicó el libro De la mágica cubanía: Charangas de Bejucal (2000). Ahora tengo entendido que espera ampliar el libro.

En 1895, al estallar la guerra, se suspendieron las fiestas, pero terminada esta, surgieron con más bríos y entusiasmo. Fueron famosas en el siglo XX la carroza de Los Paticos (La Ceiba, José Aro, 1902), El Palacio de Cristal (La Espina de Oro, 1903, Emilio Basterrechea), El Teatro (1907), La Esmeralda de la Espina (Evaristo Herrera), La Mariposa (Ramón Orgaz), La Motera, La Góndola, La Guitarra, La Giraldilla de Sevilla, El Caracol, La Ceiba de Plata 1921 (todas de Lucrecio Cubillo), El Palacio de los Dioses (la primera con luz eléctrica, de Ramón Orgaz), El Templo de Venus, La Peña (Dr. Zertucha). Recordamos también La Margarita, El Puente de Venecia, El Kiosco Japonés, El Abanico, La Libélula, La Jardinera, La Antorcha de la Libertad. Hay que nombrar a artistas como Ángel Bermúdez, Jesús Cartaya, Sergio García.

El Patrimonio Inmaterial de las fiestas de los pueblos de Cuba hay que conservarlo y difundirlo, han sido el mejor “muro de contención” contra la cultura colonizadora europea. Las fiestas populares a través de los años fue gestión del pueblo creador, lleno de sabiduría popular. Debemos defender y levantar la cultura de la alegría: los bailes, los carnavales, la tradición oral, las fiestas de pueblo.

 

 

Publicado: 24 de diciembre de 2017.


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