Portal Cubarte  -  Los iniciadores de la guerra de independencia española: Daoíz y Velarde y el 2 de mayo de 1808 (I)

Los iniciadores de la guerra de independencia española: Daoíz y Velarde y el 2 de mayo de 1808 (I)


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Daoíz y Velarde

Introducción

Hace más de setenta años, de niño, visitaba mucho el barrio habanero de El Cerro, pues ahí vivía mi bisabuela paterna —Margarita Rencurrell y Pellard—, hija de catalán y de francesa, y muy cerca de su casa había dos calles paralelas y una seguida de otra, llamadas “Daoíz” y “Velarde” —ambas calles cruzaban la calzada de Primelles—. Tiempo después, ya adulto, visité mucho la ciudad de Matanzas, y allí también había dos calles, paralelas y una seguida de otra, nombradas “Daoíz” y “Velarde”, que ambas cruzaban la calle de Manzaneda. Solamente sabía que eran unos patriotas españoles que habían luchado contra los invasores franceses, pero no mucho más. ¡Ah!, y que ambos murieron un día igual al del cumpleaños de mi padre, el día 2 de mayo. Después supe que ambos fueron los iniciadores de la Guerra de Independencia Española el 2 de mayo de 1808. Y desde hacía muchísimos años no había vuelto a recordar a Daoíz ni a Velarde.

Pero sucedió que hace pocos días estuve en Segovia, con su acueducto romano, intacto después de casi dos mil años, y también en su castillo medieval del Alcázar, donde reinaron varios soberanos de diferentes regiones de lo que luego fue España.

Por cierto, al llegar a Segovia, me acordé de un versito que decía el abuelo español de mi esposa, don Manuel Fonseca: “Marcos se casó en Segovia / y era tuerto y jorobao / y cómo sería la novia / que Marcos fue el engañao”, aunque no fue porque me tropezara con alguien como el tal Marcos... Segovia es preciosa, tanto abajo de la ciudad, por donde corre por alrededor de ochocientos metros el acueducto sobre altos arcos, como allá arriba, donde se yerguen el Alcázar y la Catedral. Y su gente es muy atenta y cariñosa.

Después que los reyes de la ya establecida España se marcharon del Alcázar y fueron a reinar en otros palacios, este suntuoso y bello edificio quedó para establecer el Real Colegio de Artillería de Segovia. En la actualidad allí se halla el museo de ese Real Colegio de Artillería y archivos militares.

Pero en la explanada frente al Alcázar se levanta un bello e imponente monumento y leí en él una tarja que reza: “A los capitanes de Artillería D. Luis Daoíz y D. Pedro Velarde. La nación española”. Fue obra del escultor segoviano Aniceto Marinas (1866-1953) y se inauguró el 15 de julio de 1910. Además, en ese museo del Real Colegio de Artillería hay dos magníficos retratos al óleo de Daoíz y de Velarde.

Sin embargo, como la situación en España era extremadamente confusa y singular en esa época, creo necesario comentarla al respecto antes de tratar de esos oficiales españoles y los sucesos del 2 de mayo.

Breve sinopsis de la situación de España

Desde 1788 Carlos IV era el rey de España, y su hijo Fernando, el Príncipe de Asturias —quien había nacido en 1784 y más tarde sería el rey Fernando VII—, se llevaba muy mal con su padre. Entre el 17 y el 19 de marzo de 1808 tuvo lugar —por nobles cercanos al príncipe de Asturias— el Motín de Aranjuez, y como consecuencia Carlos IV se vio obligado a abdicar en su hijo Fernando y se exilió con el resto de su familia en Francia. El nuevo rey, Fernando VII, asumió la Corona española el 19 de marzo de 1808.

Por su parte, Napoleón Bonaparte, en su afán de aislar a la Gran Bretaña, decidió ocupar a Portugal, aliado de los británicos. Para ello, en noviembre de 1807 —reinaba Carlos IV— comenzaron a pasar sus tropas hacia Portugal a través de España, previo acuerdo con las autoridades españolas. Sin embargo, la cantidad de efectivos franceses en España, ya en febrero de 1808, superaba con creces la pactada y, a pesar de que las autoridades españolas veían a Bonaparte como un  “protector de España”, el pueblo español ya se había percatado que se trataba de una estratagema del corso para sumar a España a su imperio.

 Por otra parte, el nuevo rey de España, Fernando, desde que era Príncipe de Asturias admiraba extraordinariamente —yo diría que de forma enfermiza— al emperador de los franceses, tanto que le escribió:

Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo de S. M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus intenciones y deseos.

 Pero todo ese servilismo abyecto solo sirvió para que, cuando estaba desterrado en Santa Elena, Napoleón dijera de él:

 No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elección: me escribía espontáneamente para cumplimentarme siempre que yo conseguía alguna victoria; expidió proclamas a los españoles para que se sometiesen [...].

En abril de ese mismo año de 1808 Napoleón convocó al rey español a Bayona y, como era de esperar, este acudió sin pensarlo dos veces. Allí se encontraba exiliado su padre Carlos IV. A instancias de Napoleón, el 6 de mayo Fernando VII renunció la Corona a favor de su padre, aunque no sabía que el día antes ya Carlos IV había cedido la Corona —que ya no tenía desde su abdicación— a Napoleón. Este, por su parte, decidió no reinar en España y nombró rey a su hermano José I (1808-1813). El rey napoleónico se instaló en el palacio real y la aristocracia y la dirigencia militar españolas aceptaron así, sin más ni más, la nueva situación que se creaba en el Reino de España.

Pero, paralelamente, en España se gestaba un movimiento libertario y es ahora cuando entran en el juego Daoíz y Velarde.

De Luis Gonzalo Daoíz y Torres

Luis Daoíz y Torres nació en Sevilla, en el palacio de los condes de Miraflores de los Ángeles, el 10 de febrero de 1767, y aquí vivió, en casa de su abuela, algunos años de su infancia. Era hijo de Martín Daoíz Quesada, quien pertenecía a una antigua familia noble de Navarra, donde poseía diversas fincas, al igual que en otros lugares, como en Cádiz, Medina-Sidonia, Sanlúcar de Barrameda, además de dos señoríos en Navarra. Su madre fue doña Francisca Torres y Ponce de León, hija de los condes de Miraflores de los Ángeles.

Sus ancestros llevaban por apellido D’Aoíz, pero a partir de su abuelo Joaquín Daoíz, en el siglo XVII, el apellido pasó de D’Aoíz a Daoíz.

A la edad de 15 años se solicitó el ingreso del joven Luis en el Real Colegio de Artillería sito en el Alcázar de Segovia, cuerpo muy elitista, que solamente permitía el ingreso en él a personas de noble linaje. El expediente fue expedido el 10 de julio de 1781 por el escribano del rey. Al graduarse, se había destacado en esgrima de espada y sable, y obtuvo la graduación de alférez.

Sus siguientes ascensos los obtuvo así: Como subteniente, en la defensa de Ceuta, al mando de una batería de su regimiento, en 1790; al año siguiente fue enviado a combatir a la ciudad de Orán, en Argelia, y en 1792 obtuvo el grado de teniente de artillería como premio a sus méritos.

En 1794 participó en varias acciones de la Guerra del Rosellón contra la Francia del movimiento revolucionario, pero fue hecho prisionero en Toulouse y allí permaneció como tal; sin embargo, fue muy bien tratado, pues se sabía su valía como militar y artillero, además de que era un gran conocedor de Matemáticas y hablaba diferentes lenguas, tales como el francés, el inglés, el italiano y el latín. Por todo ello se le estuvo ofreciendo que se pasara a las fuerzas revolucionarias francesas, pero jamás lo aceptó, pues quería volver a España a prestar sus servicios. Entonces, con la Paz de Basilea, en 1795, que terminó con aquella contienda, fue liberado y volvió a su destino en el Puerto de Santa María, en Cádiz.

Si se terminaron las hostilidades con Francia, poco después comenzarían con Inglaterra, pero ante la dificultad de no existir los oficiales necesarios en la Armada, se decidió incluir oficiales de la Artillería y fue destinado Daoíz a la Armada, en 1797. Peleó durante el sitio de Cádiz bajó las órdenes del almirante bilbaíno José de Mazarredo Salazar (1745-1812), y se le encargó de una pequeña nave, la cual fue la principal enemiga del navío El Poderoso, al que le causó mucho daño, a pesar de que este era una de las más aguerridas embarcaciones de la flota del almirante británico Horatio Nelson (1748-1805), y así se salió victorioso del ataque inglés. Se le concedió un ascenso, dentro de los grados de la Armada, el de “oficial artillero de buque de línea”.

Después quedó incorporado al navío San Ildefonso, el cual disponía de 74 cañones, y cuya misión era defender las colonias españolas en América. En noviembre de 1800 se encontraba en La Habana cuando se enteró que había sido ascendido a capitán de artillería con fecha de 4 de marzo de 1800.

Mientras cumplía su servicio en la Armada escribió un breve manual con la finalidad de que los soldados llevados a la Marina de Guerra tuvieran la oportunidad de aprender las tácticas de los navíos, y lo tituló Método que debe usarse para la enseñanza de la tropa y marinería en los ejercicios de cañón y abordaje.

En julio de 1802, al dejar la Armada regresó a la Península y fue reincorporado a su regimiento de origen: el Tercer Regimiento de Artillería de Sevilla, donde le asignaron misiones de carácter científico —por su conocimiento de las Matemáticas—, así como su aplicación al desarrollo de la Real Fundición de Bronces y tomó parte en la fundición de dos potentes y especiales cañones para varios usos. Posteriormente participó en la Segunda Guerra contra Portugal y estuvo destacado, entonces, en Francia.

En 1807 el regimiento al que pertenecía emplazó una de sus compañías en Madrid y entonces solicitó su cambio de destino a la capital del Reino, y fue nombrado comandante de la batería destinada en el Parque de Artillería creado en los terrenos del palacio del duque Monteleón[1].

De Pedro Velarde y Santillán

Pedro Velarde y Santillán nació doce años después que Daoíz, el 19 de octubre de 1779, en Muriedas, Cantabria, por lo cual su historia militar no puede ser tan amplia como la de este. Nació en la casa-palacio de los Velarde (que desde 1966 acoge el Museo Etnográfico de Cantabria).

A los catorce años, el 16 de octubre de 1793, tres días antes de cumplir los quince, ingresó como cadete en el Real Colegio de Artillería de Segovia, sito en los predios del Alcázar. Al terminar sus estudios obtuvo el segundo lugar de su promoción y recibió un ascenso al grado de subteniente el 11 de enero de 1799. Se le destinó al ejército que operaba en Portugal, en 1801. Obtuvo otros ascensos militares: A teniente, el 12 de julio de 1802; a capitán, el 6 de abril de 1804.

En el mes de agosto del año 1804 se estrenó como profesor del Colegio de Artillería donde antes había estudiado. Fue considerado un experto en cuanto a la medición de la velocidad de los proyectiles. Hasta agosto de 1806 permaneció como profesor en el referido colegio, pues en esa fecha fue nombrado secretario de la Junta Superior Económica del Cuerpo de Artillería. Como en Madrid estaba situado su Estado Mayor, allí fue a residir.

Por todos estos conocimientos acerca de la artillería, el mariscal francés Joaquín Murat[2] trató de sumarlo a la causa napoleónica, pero Velarde le contestó que: "No podía separarse del servicio de España sin la voluntad expresa del rey, de su cuerpo militar y de sus padres" y se quedó en del.  Faltó rey, de su cuerpo militar y de sus padres".


[1] El palacio fue construido en 1690 y destruido por un incendio en 1723. Perteneció a los duques de Monteleón y de Terranova, quienes, al parecer, eran nietos de Hernán Cortés. En 1807 fue instalado allí el Parque de Artillería de Madrid.

[2] Joaquín Murat (1767-1815): Gran duque de Berg, mariscal de Francia. Estaba casado con Carolina Bonaparte, una hermana de Napoleón. Posteriormente fue nombrado rey de Nápoles entre 1808 y 1815. Traicionó en diversas ocasiones al emperador. Murió por fusilamiento.

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