Los reinventores del capitalismo saben cantar


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Varios usuarios de las redes sociales (algunos de ellos, verdaderos bots sueltos en el ciberespacio guerrero e ideologizado), se refirieron a que en mis anteriores opiniones sobre el concierto Venezuela aid live mezclé la música con la política. ¡De manera que soy un pecador, que ensució, con sus manos, la pulcra postura de esos músicos, tan desinteresados, filántropos y amantes de la paz!

Pareciera que estos adalides de la apolítica o no vieron el concierto “por la paz” o hicieron oídos sordos a las declaraciones de cada uno de los artistas allí presentes, quienes ni cortos ni perezosos lanzaron sus diatribas contra el gobierno constitucional de un país, por el cual votaron casi diez millones de ciudadanos.

Este discurso político comenzó con la cantante venezolana Reymar Perdomo quien interpretó Me fui, una pieza que se ha vuelto el himno de la derecha y que intenta capitalizar hacia dicha ideología a toda la emigración de ese país sudamericano. Los animadores Nelson Bustamante y Caterina Valentino, por otro lado, dijeron que esperaban el día en que este mismo concierto (o sea, con los fines que persigue), se realice del otro lado de la frontera.

A medida que transcurría la cita musical, eran más los llamados a la política de barricada de parte de esos “apolíticos artistas”. José Luis Rodríguez, el Puma, haciendo gala de su seudónimo, saltó con las garras encendidas al escenario e hizo un llamado a los militares venezolanos a la deserción o al menos al desacato. Este cantante, luego de su éxito personal hace casi tres décadas, vio disminuida su presencia mediática y por supuesto que esta era una oportunidad para despuntar.

Paulina Rubio por su parte, subió al escenario y defendió la entrada de la “ayuda humanitaria” que ya sabemos que devino en una operación de falsa bandera, con dos camiones llenos de clavos, materiales incendiarios, cadenas, etc.

Pero la guinda del pastel fue el decadente Miguel Bosé, quien gritó las siguientes frases también muy “apolíticas”: Maduro, (…) no se puede tener tanta falta de compasión. Maduro, vete ya, lo más lejos que puedas, porque Venezuela no es tuya, es de los venezolanos, y los venezolanos no te quieren”.

Enervado por el efecto que generó ese llamado, Bosé continuó su show, que muchos de los usuarios de las redes quieren pasar por apolítico, esta vez se autoproclamó  diplomático: “A la señora Michelle Bachelet, altísima comisionada de derechos humanos para la ONU: venga ya de una puñetera vez a ver la cantidad de falta y de ruptura de derechos humanos. Ven aquí, mueve tus nalgas y haz la ley valer”. En ese mismo lenguaje, Bosé afirmó que Maduro será capturado y juzgado.

Ni siquiera cuando la música clásica alemana, esa gran escuela, quedó en manos del Maestro Wilhelm Furtwangler durante el régimen nazi, vimos llamados al odio y la intolerancia política, como en este caso del señor Bosé. El adalid del arte “ario” jamás se tomó licencia extra musical para descalificar a otros gobiernos, razas o tendencias artísticas, ello en un contexto donde cualquier tipo de arte se calificaba de “degenerado” y por ende censurable.

Luego de esa sesión de retórica de parte de Miguel Bosé, vino el momento del minimalismo, con el elemental Maluma, quien soltó el tweed: “¡Viva la libertad en Venezuela y el mundo!”.  Al no contar con el posgrado en relaciones internacionales que parece ostentar Bossé, el reguetonero colombiano no quiso aventurarse más allá en el campo de la política, tocó su tema y cobró sus minutos de exposición a las cámaras de cientos de televisoras.

Fue tan “apolítico” el concierto que luego de la presentación de Maná, se convocó al escenario a otro cantante, el solista Luis Almagro, quien nos recordó las tantas y tantas piezas musicales suyas presentadas ante la Organización de Estados Americanos (OEA), organismo que ha devenido en un show perenne.

El cierre del concierto fue un homenaje a John Lennon. Se usó quizás la canción más política del beatle, una contradicción tremenda, ya que la letra de la pieza hace un llamado contra las guerras, el imperialismo, las ideologías hegemónicas. Pero era el broche de oro que Richard Branson, el multimillonario auspiciador, quería para un evento que evidenciaba su naturaleza de tapadera, de cara a una incursión bélica a través de la frontera venezolana con Colombia.

La derecha sudamericana esperaba que Maduro impidiera el paso de los ciudadanos hacia Cúcuta, también que agrediera a su pueblo o a los colombianos, pero las fuerzas del orden fueron las agredidas, con varios heridos, por los guarimberos que horas después del concierto intentaron pasar el límite legal. Algunas de las frases y canciones, que esas turbas tarareaban aun, fueron interpretadas en el concierto.

Si aun alguien se pregunta acerca de la naturaleza política o no de este suceso, vale recalcar lo dicho por Branson a la prensa en Londres en 2011: “Tenemos que reinventar el capitalismo, al que sigo considerando como el mejor de los sistemas. Creo realmente que el capitalismo ha ayudado a mucha gente a mejorar sus vidas”. He ahí la intención real de este filántropo, que sabe que la causa que defiende creó un mundo en extremo desigual y con peligro para la subsistencia ecológica.

Quizás para eso, para reinventar el capitalismo sobre los mismos presupuestos, necesiten, Branson y los demás, la invasión a Venezuela y en cambio hacen caso omiso a los tantos horrores de ese mismo sistema en el resto de América o en el Reino Unido, la patria del benefactor.

Ya lo dijo John Bolton, que no sabe cantar como Almagro, la guerra en definitiva es por el petróleo, la Humanidad tiene carácter secundario.


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