Maestros del Arte / Por Taissé Del Valle Valdés


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A un pueblo lejano, como a todos los pueblos lejanos, a partir de 1961, año de la Educación en Cuba, llegaron jóvenes tanto campesinos como citadinos, todos con una misma vocación: llevar el arte y la cultura hasta cada terruño del país. ¡Eran los verdaderos alfabetizadores de la cultura!

La idea, original de un pensador a contracorriente, de los mejores del siglo XX, un niño del campo al que también le faltó una revolución cultural en su formación. Era Fidel Castro, el gran artífice detrás de esa marea de jóvenes entusiastas que se convirtieron tras un año de estudio en la primera graduación de la Escuela Nacional de Instructores de Arte. En aquel entonces sumaban más de 3000 los educandos.

Los muchachos y muchachas marcharon a las serranías o adonde los necesitaran. Llevaban una ilusión, “un cañón de futuro”. Algunos, por vez primera, estudiaban o profundizaban en el conocimiento de las artes plásticas, danza, literatura, música y teatro. La mayoría de ellos aprendió en el camino cual era exactamente su profesión. En el camino también se encontraron los más disímiles y precarios escenarios, inimaginables hoy.

Eran la primera generación de Instructores de Arte, fruto de “Palabras a los Intelectuales” de Fidel Castro en 1961.

Transcurridos 57 años nos quedan voces como Digna Guerra, Premio Nacional de Música, el escultor matancero Emilio Mora,el instructor de teatro Waldo Leyva, de artes plásticas Raciel Feria y María Antonia Fernández “Chaina” de danza, entre otros. Cómo negar que estos nombres citados no sean a la vez, artistas y maestros del arte.

Cómo deslindar una profesión tan noble de la cultura comunitaria. Cómo circunscribirla solo a la educación. El reclamo de los instructores de arte tiene sentido ante los desafíos de hoy. Tienen razón en pensarse instructores y artistas, en que como artistas no puedes medir su trabajo por jornadas laborales y en que la práctica artística educativa agota tanto como la creación artística. Y claro que pudiéramos seguir…

Gran parte de los recuerdos de los primeros instructores quedan recogidos en un documental del Grupo Guijarro del Consejo Nacional de Casas de Cultura en el Aniversario 40 del Sistema de Casas de Cultura. A la primera graduación le sucedieron otras. Hasta que en los noventa el Período Especial impuso un parteaguas en esa batalla contra la incultura. Desaparecieron las escuelas de instructores, y a esto se une el éxodo casi masivo de graduados por razones económicas.

Al inicio del siglo XXI, el líder histórico de la Revolución Cubana y de la Batalla de Ideas impulsa la creación de nuevas Escuelas de Instructores de Arte en 2004. Se experimenta un renacer en el movimiento que ascendió a más de 90 000. No podemos olvidar el rol de la Brigada de Instructores de Arte José Martí cuya misión principal es representar y defender los intereses, iniciativas e inquietudes de sus miembros. Así como tampoco la Misión Cultura Corazón Adentro, convenio firmado por Cuba y Venezuela en 2008.

Con el renacer, los nuevos artistas encauzaron la creación con aficionados, promovieron la cultura popular y tradicional en las comunidades e impartieron talleres de apreciación de las manifestaciones artísticas en las escuelas. Actualmente, la Universidad de Las Artes incluye el perfil de instructores de arte en su programa académico. Sin duda la valía de la enseñanza artística cubana está comprobada y se reconoce mundialmente.

Lo cierto es que  los instructores de arte como parte de la enseñanza artística, preparan el relevo que será en un futuro no tan lejano la fuerza motriz de la cultura cubana. Solo resta felicitar a estos maestros del arte este18 de febrero, Día del Instructor de Arte.


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