Marciano García, sacerdote y pensador / Por: Pedro Pablo Rodríguez


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El sábado 28 de octubre falleció en La Habana Marciano García Hernández, sacerdote de larga y fecunda ejecutoria en la Iglesia e importante pensador católico. Nacido en Sancti Spíritus en 1934, se licenció en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Compartió el ejercicio del ministerio parroquial en Matanzas y en La Habana con una intensa actividad intelectual: profesor de de Filosofía, Psicología y Antropología Filosófica en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, director del Instituto de Espiritualidad del Caribe y asesor durante más de diez años del Centro Arquidiocesano de Estudios de La Habana.

Poeta, ensayista y periodista, fue reconocido en los predios académicos por los cursos de Psicología para la Vida que impartiera en las iglesias de El Carmelo y en El Carmen. Esa labor la extendió a República Dominicana, donde durante varios años estuvo al frente del Instituto de Espiritualidad, en el que impartió esos cursos que llevó también a una emisora radial de Santo Domingo, la capital.

Su extenso quehacer intelectual se paseó por las ciencias humanas y por diversos temas de la cultura cubana y universal, a la vez que fue un sistemático animador del debate de ideas.

Jesús Dueñas Becerra ha recordado que el sacerdote le puso en estrecho contacto con las concepciones psicológicas del sacerdote jesuita Anthony de Mello, y aunque nunca se declaró seguidor de escuela o doctrina psicológica en particular, no ocultaba su predilección por las escuelas psicoanalítica ortodoxa y humanista. Así hablaba de su empleo, de lo que él llamaba el eclecticismo tecnológico, que consistía en tomar de cada escuela o doctrina sus mejores aportes, y llevarlos a la práctica docente y a la orientación psicológica.

Miembro de la Orden Carmelitana, de larga data en el catolicismo, Marciano García se interesó en sus estudios por uno de sus antecesores, San Juan de la Cruz, poeta insoslayable en las letras hispánicas y exponente de una religiosidad de ancha base ética y humanista.

Tal interés no pudo dejar de acercarle a la rica espiritualidad de José Martí, y a los fundamentos filosóficos de Félix Varela. Entroncaba así sus saberes y preocupaciones con las raíces más hondas del pensamiento cubano, y daba cuerpo de ese modo a su raigal cubanía y a su honesta preocupación por el andar de la sociedad contemporánea y por la crisis civilizatoria que hoy se vive en el planeta.

El sacerdote supo, además, estar atento a las expresiones de la llamada cultura popular y a sus singulares manifestaciones en el habla, las ideas y las costumbres. No permaneció ajeno al hombre de la calle o del camino rural.

Conversamos de filosofía, de política, de Martí y de pelota. Marciano García era un entusiasta del equipo de Villa Clara. Me sorprendió cuando me dio a leer un largo texto suyo en que se planteaba cómo corregir la codicia y el afán de ganancia del capital mediante la limitación de las fortunas y la distribución de los excesos para eliminar la miseria y el desamparo. Intercambiamos acerca de las ideas martianas y marxistas al respecto. Nos contó a un grupo de amigos que le celebramos su cumpleaños su sufrimiento ante la polarización social que apreció en República Dominicana.

Espero que pronto conoceremos más de sus nobles ideas acerca de estos asuntos cuando salga de las prensas su libro de ensayos titulado La causa de todos los males, calificado como un interesante análisis de los desaciertos de políticas capitalistas que traen como consecuencia los desbalances e injusticias sociales.

Marciano García nunca quiso ganar respeto a costa de la sotana que no gustaba vestir fuera de la misa. Quiso servir, y sirvió, como una persona más comprometida con su tiempo y la justicia. Pensó en los demás, en las sufridas mayorías. Más que un padre, fue un hermano para su fieles, un amigo leal, un escudriñador de almas, un intelectual de altos quilates, un cubano pleno, un hombre de fe, de entrega y de pasión humanista. Tuvo fe en el mejoramiento humano, admitió todos los caminos que condujeran a ello y no se encerró en los muros de su templo. Fue un hombre y un pensador de verdadera ética cristiana.

 

Publicado: 22 de noviembre de 2017.


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