Sergio Guerra Vilaboy: «No debemos dar a los jóvenes una historia de santos que no tiene vida» / Por Susana Méndez Muñoz


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El profesor Sergio Guerra Vilaboy (La Habana, 1949), licenciado en Historia en la Universidad de La Habana (UH) y doctor en Filosofía (Ph.D.) en la Universidad de Leipzig, Alemania, tiene un curriculum sorprendente, pareciera que sus días tienen más de 24 horas; se comparte entre la docencia, la investigación y la dirección del departamento de Historia de la UH y la presidencia de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos Latina y del Caribe (ADHILAC).

Es un historiador conocido por el público por su reiterada participación en programas de la televisión nacional donde ha realizado una contribución notable a la comprensión de fenómenos pasados y presentes asociados a la historia y las Ciencias Sociales.

Muchos fueron los que celebraron recientemente el otorgamiento al doctor Sergio Guerra Vilaboy del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas.

Su historia de vida refiere que durante cuarenta y seis años ha sido investigador y maestro por lo que ha recibido gran reconocimiento, ¿dónde se siente más a gusto en el aula o en la biblioteca solo?

Es una pregunta difícil de responder porque las dos cosas me dan mucha satisfacción; cuando uno investiga le gusta transmitir los resultados obtenidos y el aula es el mejor escenario para esto, donde a su vez se abren otras perspectivas de investigación; es una interacción imprescindible. Algunos de mis colegas no son docentes y noto que les falta lo que aporta este intercambio; a veces tienen incluso, dificultades para la comunicación de sus resultados en público.

¿Qué fue primero la investigación o la docencia?

Yo nunca quise ser profesor, quería ser investigador; luego comenzó la universalización de la enseñanza y para mí era muy difícil hacer labor de proselitismo con mis compañeros para que fueran a dar clases y yo no hacerlo, por lo tanto me uní a ese movimiento y me atrapó el aula; comprendí con el tiempo su importancia. La vida me obligó, me llevó en esa dirección, y hoy me alegro de que haya sido así.

El jurado le reconoció haber contribuido a la formación de estudiantes y público, a partir de la divulgación de sus resultados de investigación». ¿Pudiera explicarnos este quehacer?

Supongo que se refiere a que no me he quedado limitado al ámbito universitario, sino que también he dado cursos en Universidad para Todos; he asistido a lo largo de los años, siempre que me han invitado, a diversos programas de televisión como Espectador Crítico, Pasaje a lo desconocido, Mesas Redondas, entre otros. He impartido conferencias también en diversos escenarios; no me he quedado constreñido al área universitaria, he desarrollado una labor de extensión a otros públicos. Mi labor al frente de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC) sin duda también ha contribuido a ello.

¿Qué le han aportado estos intercambios con públicos no especializados?

Primero, aprender a comunicar los saberes de una manera más sencilla y comprensible, buscar la fórmula para una mejor explicación, contextualizar la información para un auditórium que generalmente no conoce estos temas y después, me aportan inquietudes sobre cuestiones difíciles en las que no he pensado y que me obligan a reflexionar.

¿Piensa que los resultados de las investigaciones sobre la Historia y las Ciencias Sociales están debidamente promovidos en el presente?

Claro que no; a mí siempre me da una envidia sana encontrarme en un periódico de media página reportajes sobre conciertos de música, libros de narrativa o poesía y rara vez en el campo de la Historia y de las Ciencias Sociales.

¿A qué considera se deba este fenómeno?

Parece que los historiadores no tenemos un padrino bien ubicado que nos ayude a promover nuestro campo en los medios. En términos generales es así, sin embargo hay personas que su solo nombre logra una repercusión nacional mediática.

Yo casi me atrevería a realizar una investigación sobre qué ha promovido la prensa en los últimos seis meses, y estoy convencido que los que menos difusión tenemos somos los historiadores y en general los especialistas de las Ciencias Sociales.

¿Hasta qué punto las nuevas tecnologías de la comunicación han contribuido al desarrollo de las Ciencias Sociales?

Han aportado muchísimo; hace años, por ejemplo, buscar la simple fecha de nacimiento de un autor requería casi otra investigación y ahora en segundos se encuentra en Internet, por tanto la investigación se facilita muchísimo y hay una difusión alta e inmediata de sus resultados.

 

Es realmente una revolución, pero como toda revolución tiene consecuencias no previstas como el hecho de que hoy es casi imposible revisar exhaustivamente toda la información que existe sobre un tema. Es una ventaja por una parte y una desventaja por otra; es la relatividad de los tiempos que corren. Hoy tenemos tanta información sobre cualquier cosa, incluso contradictoria, que hasta leerla requiere de un tiempo muy grande.

¿Están identificados los principales escollos para el desarrollo y aplicación de los resultados de las investigaciones de las Ciencias Sociales en el país hoy?

Las principales deficiencias están, en mi opinión, en la informatización de los archivos que no se ha realizado en la magnitud que se requiere y estamos en riesgos de que se pierdan importantes colecciones de periódicos, revistas y documentos, porque no se han digitalizado, y con ellas parte importante de las bases para reconstruir la memoria de la nación; en diferentes instituciones de la capital esta situación es grave pero en las provincias es peor.

¿Cuál considera que debe ser en las circunstancias actuales de Cuba el aporte esencial de las Ciencias Sociales y Humanísticas a la sociedad?

Las Ciencias Sociales tienen el reto de marcar una postura que permita estar al día en el debate académico internacional y en el que tiene que ver con la situación interna del país, desde una posición que esté a la altura del mundo de hoy pero que contribuya con reflexiones a la unidad nacional frente a los desafíos del país y del mundo que son muchos.

¿Qué impide esta perentoria acción de las Ciencias Sociales?

Las tendencias extremistas dentro de las propias Ciencias Sociales en general, que lejos de contribuir en esta dirección, creyéndose que con sus posturas ayudan a avanzar al proceso revolucionario, lo que están es creando divisionismo y logrando todo lo contrario.

A veces también la predisposición a no hablar de ciertos temas lo que hace es agigantarlos y los problemas hay que conocerlos, enfrentarlos, y estudiarlos para poder entenderlos y explicarlos, pero no meterlos debajo de la alfombra.

En el caso de los historiadores podemos ayudar a comprender que algunos de los problemas que hubo en el pasado se resolvieron pero dieron origen a otros actuales, pero sin «teques» ni machacar las consignas y la interpretación unidireccional que hemos hecho de nuestra historia; se trata de transmitirla con sus problemas, sus contradicciones,matices, su devenir y sus soluciones posibles, no de volver a los clichés que ya se han convertido en lo que se llama la historia oficial, porque esa historia es muy aburrida, no es creíble, no atrapa. No debemos dar a los jóvenes una visión falsa, una historia de santos que no tiene vida.

¿A quiénes evoca principalmente en estos momentos en que se le ha otorgado el Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas?

Evoco a muchos profesores y amigos que lo han recibido antes que yo, muy merecidamente, pero fundamentalmente a la doctora Aurea Martínez Fernández Muñiz; ella siempre me hablaba de su deseo de que me lo otorgaran y casualmente me llega a los pocos días de su fallecimiento.También a Panchito Pérez Guzmán, un amigo entrañable que mereció hace años este premio, y debo mencionar en un momento como este, a dos maestros que influyeron mucho en mi formación que fueron Manuel Galich, y el profesor Francisco Pividal.

En la novela El siglo delas luces, de Alejo Carpentier, un personaje que defiende la Ilustración plantea: «el que más sabe más hará por sus semejantes». ¿Piensa usted así?

¿Te digo la verdad? No me gusta esa frase porque eso no depende del que más sepa, depende de otros muchos valores y condiciones. Una persona puede no saber tanto y sin embargo ayudar mucho más a sus semejantes que uno que sabe mucho y puede quizás teóricamente hacerlo pero no logra conseguirlo.


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