Sobre la mentira: El falaz ataque acústico y otros engendros / Por: Jorge Fiallo


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Dice la voz popular: el delincuente cree que todos actúan como él. Pero más allá de lo convencido o no que pudiera estar de su creencia, muchas veces la suele acompañar con injurias como nubes de humo para disimular un accionar que sabe condenable. Eso es el supuesto ataque acústico, el pueril pretexto que tomó Estados Unidos para retroceder en sus relaciones con Cuba, y hay evidencias de cómo ellos sí usaron ese recurso con mañas elaboradas a conciencia.

Lo dice la musicóloga estadounidense Dra. Suzanne G. Cusick en su artículo “La música como tortura / La música como arma” (1), que refleja cuánto le impactó saber del uso que hacía su gobierno de la música y el sonido para doblegar la voluntad ajena. La motivación que tuvo para iniciar su estudio fue el libro Diarios de Bagdad, de Nuha al-Radi, quien sobre la primera Guerra del Golfo cuenta:

Luego de que se terminó la guerra, los aliados pasaban todo el día y toda la noche volando sobre nuestras cabezas rompiendo la barrera del sonido. Justo como en Panamá cuando atacaron con música a Noriega, que estaba encerrado en la embajada del Vaticano. Durante quince días, Bush ensordeció al pobre embajador del Vaticano y a Noriega con rock pesado. Nuestra tortura duró meses—20 ó 30 veces, de día o de noche…

Cusick refiere la existencia de una Agrupación Común de Armas No-letales que de 1998 a 1999 destinó un tercio de su presupuesto al desarrollo de armas acústicas por parte de contratistas que trabajan para el Departamento de Defensa desde, por lo menos, 1997 y es, dice:

…componente de un conjunto de prácticas estándar para interrogaciones desarrolladas por la CIA (con la cooperación de agencias de inteligencia de Inglaterra y Canadá) durante la segunda mitad del siglo XX. […] Quienes promueven estas prácticas las llaman “tortura sin contacto” […] El primer contrato del que tengo conocimiento para este tipo de armas se firmó el 18 de noviembre de 1998, autorizando a la ya desaparecida Synetics Corporation a producir un rayo de alta precisión de infrasonido, es decir, ondas de vibración de menos de 100 [veces por segundo], diseñado para producir efectos que pueden ser desde “incapacitantes hasta letales”. En 1999 Maxwell Technologies patentó el Hypersonic Sound System (el Sistema Hipersónico de Sonido) otro “aparato de alta precisión diseñado para controlar multitudes hostiles o neutralizar secuestradores”.

La musicóloga quería saber qué músicas y criterios de selección seguían para los interrogatorios, no se proponía abrir un debate moral, ético ni político de la tortura, temas que admite son interesantes en sí. Pero aporta datos elocuentes sobre esto que hoy vemos, al delincuente que acusa a otros desde su propia manera de pensar.

Esa sería la premisa más cándida, porque el artículo de Cusick explica cómo las agencias de su país saben qué equipos, tecnologías, especialistas y qué presupuesto requieren solamente los experimentos para ver los efectos de esto sobre el hombre, imposibles para quien sufre el bloqueo más largo de la historia pero ¿agredir a diplomáticos cuando había esperanzas de que lo suavizaran? Para decirlo en nuestro argot popular: ¡no se le ocurre ni al que asó la manteca!

Cabe comentar la supuesta “evidencia”, la grabación de sonidos de alta frecuencia (parecen grillitos): aparte de la transmisión circular de las ondas sonoras alrededor de la fuente, las agudas son más direccionales y requieren menos potencia para ser percibidas que las medias y bajas (por eso escuchamos al flautín en medio del tutti orquestal).

No obstante para que ellas, por su intensidad, duración y distancia de la fuente, lleguen a molestar a un sujeto y no a otros, si se les pudiera lanzar como un “rayo” estrecho que no represente un escándalo en el más silencioso vecindario, habría que recabar la cooperación de dicho sujeto para que no mueva la cabeza, descontando su agudeza auditiva y capacidad de concentrar la atención hacia la fuente sonora específica.

Conservo un curioso “repelente acústico de mosquitos” electrónico. Nunca logré espantar a ningún insecto, ni “rociándolo” con su sonido (que, por cierto, se parece al descrito como acufeno, al de los grillitos, generado en el propio oído interno), mucho menos desintegrarles las alas, como alguien describiera su efecto si estas entraban en resonancia con la frecuencia del “repelente” sonoro, que ya tiene versiones en programas para PC y aplicaciones para smarthphones.

Hay un riguroso y varias veces referido artículo de los entonces Licenciados Frank Coro y Silvia Suárez aparecido en la Revista Cubana de Medicina Tropical (6), revisión bibliográfica de lo publicado hace más de dos décadas en varios puntos del planeta:

…acerca del uso de dispositivos electroacústicos con supuesta acción repelente […con] 15 referencias directas y 2 indirectas, en todas se concluye que estos dispositivos no protegen a quienes los portan de las picadas de los mosquitos. Se dan los nombres de 9 de los dispositivos probados, así como de 16 de las principales especies de mosquitos presentes en las pruebas de campo […realizadas] desde Alaska hasta el África Ecuatorial.

Se refiere que “en Inglaterra fueron multadas dos compañías por hacer propaganda no fundamentada al anunciar sus repelentes electrónicos contra mosquitos”… pero se siguen anunciando y vendiendo.

Pero en la web hay de todo, como para que usted escoja a quien creer, sobre ondas de todo tipo, desde las electromagnéticas como el llamado “hum”, que no ha tenido explicación plausible (¿pensarán los estadounidenses que Cuba se adelantó al mundo, lo pudo desentrañar y controlar su uso?); algunos lo describen como zumbido de frecuencia ultra baja, es decir, inaudible; otros lo asocian al Apocalipsis.

Sobre el daño de sonidos intensos, volviendo al bombardeo acústico a Noriega y al personal de la Embajada del Vaticano en Panamá, cabe preguntar (pues aquellos sonidos afectaban igual a todos en derredor), si es de los tantos casos que Estados Unidos llama “daños colaterales”, los cuales abarcan a muertos, heridos, enfermos por bombas y proyectiles, y es el caso, como explica William Blum (7), de quienes fueron expuestos al armamento fabricado con uranio empobrecido, no importa si eran soldados enemigos, propios, de sus aliados, o civiles inocentes que todos ignoraban su presencia y efectos, “que puede conducir a cáncer pulmonar, cáncer de los huesos, enfermedades renales, defectos genéticos y a otros serios problemas de salud”. Blum, ex funcionario del Departamento de Estado norteamericano, completa la sentencia de la Dra. Helen Caldiccott de que “Estados Unidos ha llevado a cabo dos guerras nucleares, la primera contra Japón en 1945, la segunda en Kuwait e Iraq en 1991”, y él añade la tercera: Yugoslavia en 1999.

No les da pena achacar su propia maldad a los otros, e incluso las intenciones que aquellos no concretan (y ellos sí, pero nos piden olvidar el pasado), y es como si debíamos aceptar que con sus profecías acusen a otro, digamos, de que van a fabricar armas atómicas, y exijan que abandonen el uso pacífico de esa energía, bloquearlos si no lo hacen y, de paso, (¡qué casualidad!), atarlos al petróleo.

No, ni ellos lo creen, pero el tema va más allá: fabrican mentiras y las hacen circular como ese papel moneda al que hace años le retiraron el respaldo en metálico, y sus palabras sufren un proceso inflacionario que pretenden imponerle al mundo, al menos hasta que se les acabe la bravuconería, algo que viene llegando, como demostraron Cuba y las recientes y muy serias sesiones en la Asamblea General de la ONU.

 

 

NOTAS:

 

(1) Kusick, Suzanne, 2006, “La música como tortura / La música como arma”, TRANS. Revista

Transcultural de Música, 10 (artículo 2). Traducción de Sebastián Cruz y Rubén López Cano. Consultado el 21/06/2011, 3:45 pm. Cusick tiene el premio Philip Brett de la Sociedad Americana de Musicólogos por su estudio del uso del ruido y la música en el interrogatorio de prisioneros de la llamada "guerra contra el terror".

(2) al-Radi, Nuha. 1998. Baghdad Diaries: A Woman’s Chronicle of War and Exile. New York,

Vintage, p. 58. Citado por Kusick, ibidem.

(3) McCoy, Alfred W. 2006. A Question of Torture: CIA Interrogation, from the Cold War to the War on Terror, New York, Metropolitan Books, referido por Kusick, artículo citado.

(4) Kusick remite al contrato en: 

https://www.armysbir/com/awards/sbir_fy99_phaseii_company.htm

(5) http://dictionaryofwar.org/en-dict/node/418. La compañía dice que en esa época el sistema podía causar ruptura del tímpano a los 185 dB, heridas a los pulmones a los 200 dB, y muerte a los 200 dB (Referencia y anotación de Kusick, J.F).

(6) Revista Cubana de Medicina Tropical, Vol. 50 (2), 1998, pp.89-92.

(7) Blum, William, Estado villano, Ediciones Abril, La Habana, 2005, p. 126.

 

 

Publicado: 24 de noviembre de 2017.


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