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Tomás Sánchez: Estados del alma


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Una infancia sensibilizada con la naturaleza. Una academia que ofreció las técnicas y demás herramientas para introducir desde un hálito reflexivo una experiencia enriquecedora, acompañada de altas ganancias estéticas; pues haciendo una descripción a pasos agigantados, Tomás Sánchez, artista que ha transitado por varias temáticas, comenzó representando paisajes suburbanos. Tiempo después aparece la serie Crucifixiones, y en esa travesía descubre escenas completamente antagónicas: los basureros y los paisajes, cual vital grafía de la inmensidad de la selva tropical, las orillas, los ríos y lagunas. Todo ello para representar la aptitud del hombre frente a los eventos ambientales.

Sobre este tema en una entrevista refirió: “se trata de dos paisajes que coexisten en el mundo, de dos estados que hacen una plena relación con la naturaleza y meditación” porque “cuando el ser humano solamente se proyecta hacia afuera, se vuelve un consumista, piensa que está incompleto y adquiere bienes y más basura que al final, vierte a la naturaleza”.

Su obra se centra en la relación del hombre con su entorno, el goce por la armonía, la meditación, pero también de un lugar donde volcar temores, deseos, angustias y frustraciones. Un arte donde el artista expresa sus inquietudes.

A pesar de que Sánchez emprendió el camino hacia el paisajismo, un tópico dentro del panorama de la pintura cubana que muchos pensaban no tenía otra discursividad; pero, por el contrario, su hacer fue más allá de lo visual o de lo aparente, el paisaje en él emprendió el plano del maravilloso mundo, en donde plasma las vivencias de su universo pictórico.

Esculturas, arte-objeto, cajas con imágenes que se reproducen en espejos, diseño de joyas, fotografías, grabados y dibujos, todo catapultado a partir del premio que le fue otorgado en 1980 cuando participa en la XIX Edición del Premio Internacional de Dibujo Joan Miró, con la obra Desde las Aguas Blancas, son la muestra que pueblan la sutileza de un quehacer va más allá del perfeccionismo o del dominio de la técnica: el contrapunteo.

Él ha logrado incorporar singular vida y con ello diferentes discursos a sus espacios densamente elaborados; en tanto, no reproduce íntegramente las escenas de sus paisajes.

Marca la diferencia, pues cualquier lugar que inspire la meditación, es punto de mira para sus creaciones. El resultado artístico define el ambiente de gran carga expresiva, de valores contenidos en la supuesta soledad de la naturaleza.

Alumno de grandes personalidades de la pintura cubana -los fallecidos- Servando Cabrera Moreno y Antonia Eiriz; el reconocido pintor, grabador y escultor Tomás Sánchez manifestó: “La cultura cubana es una y, a la vez, múltiple y diversa, y tienen que existir diferentes puntos de vista que estén en contradicción y diálogo porque, de lo contrario, se encasilla y se quiere imponer una misma idea sobre todo el mundo, y esa postura conduce a la decadencia”.

Lienzos abiertos a la lucha o denuncia, la devoción, la aparente quietud, las múltiples escenas que entre pinceladas de paisajes complejos y la síntesis de islotes errantes, hacen una suerte de homenaje al extenso panorama visual. Un enfoque diferente de la naturaleza, una respuesta expresiva de lo figurativo, piezas cual procesamiento anatómico de una postura ética, en franca orientación hacia sus preocupaciones más eminentes. Metas claramente planteadas, delimitación de un discurso seguro y plagado de posibilidades.


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