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Tony Piñera: “Trato de hacer con poesía todo lo que escribo”


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En días recientes fue presentado en La Habana un libro de Tony Piñera acerca de la obra de Vicente Hernández, segundo de la Colección slg, encargada de publicar monografías referidas a artistas cubanos contemporáneos.

 

El volumen, es el primero de este autor; ya reconocido por una larga carrera como curador, periodista y crítico de arte.

 

¿El libro surge por un encargo de la Colección o por interés tuyo?

 

“Sergio López, el director de la Colección, y Vicente Hernández, me pidieron que lo escribiera.

 

Con Vicente Hernández he tenido una larga relación. Nos conocimos en los años 90, en una exposición en la galería La Acacia, antes de que yo fuera director de ella.

 

Desde entonces me enamoré de su obra, porque no es un paisaje como acostumbra hacerlo cualquier artista; sino que es un paisaje que habla. Es un paisaje que habla en voz alta, tal como titulé el texto que escribí para este libro.

 

Él utiliza el paisaje para decir muchos sentimientos y muchas cosas que tiene adentro y, sobre todo, el pueblo de Batabanó, que es el lugar donde nació.

 

Y una persona que lleve a un protagonismo el lugar en que nace, por muy pequeño y pobre que este sea, me parece una gran persona. Que este lugar lo acompañe siempre en su vida, creo que es algo que hay que apoyar y darle voz para que se haga libro”.

 

¿Cómo fue el proceso de la escritura?

 

El libro es en parte resultado de esa relación cercana que, como te dije, he tenido con Vicente desde los años 90.

 

He leído muchísimo de él. He hablado, sobre todo, muchísimo con él. Desde que comencé el trabajo de periodista me dediqué a entrevistar a todos los artistas de la época. Pude hablar con los grandes maestros que ya no están con nosotros y con los jóvenes de aquella generación que comenzaba, casi mis contemporáneos.

 

Te estoy hablando de Zaida, de Fabelo, de Choco; Sosa Bravo es anterior, pero también cae dentro de ese grupo. Es decir, tuve una gran relación con toda aquella generación de los años 70 y los entrevisté.

En los años 80 nos reuníamos en mi casa y hacíamos unas tertulias a las que iban ellos; pero también Moisés Finalé, Humberto Castro y todos los jóvenes aquellos que estaban naciendo.

 

Así es como me hice crítico; porque yo creo que un crítico puede conocer las tendencias, conocer del artista; pero si uno no va a la fuente y habla con ellos y discute, es muy difícil encontrar un paralelismo entre lo que uno habla y lo que dice el artista.

 

Yo me he dedicado a eso y este libro tiene mucho que ver con ese trabajo que he hecho a lo largo de mi vida como periodista, que es entrevistar y estar cerca de los pintores, de los artistas, para conocer su obra.

A partir de ahí después uno pone lo propio, y también lo que encuentra en los libros, las entrevistas que le han hecho otras personas. Eso lo enriquece mucho.

 

De esto habla también el libro. En él hay frases y hay párrafos de personalidades que han hablado de Vicente Hernández. No solamente es mi voz, sino que también se comparte con la de personalidades de la cultura cubana; además de críticos y especialistas que hablan de él.

 

¿Cómo se estructura el libro?

 

“El libro se estructura en capítulos. Se iban escribiendo y se los mandaba a Vicente Hernández. Eso fue en 2015.

 

Este es mi primer libro, yo soy periodista y crítico. Lo que escribimos nosotros son cuatro o cinco cuartillas, cuando más; y el tener que hacer muchas cuartillas fue algo que al principio me asustó un poco. Me preguntaba cómo iba a llenar el libro.

 

Entonces, se estructuró una parte con la biografía, otra con los sentimientos de él como artista, Batabanó, la insularidad. Hay un capítulo que se titula Escarbando el yo en el que aparece una serie entrevistas que yo le hago.

 

Se arma así el libro en el que aparecen también como cien fotos de obras suyas de todas las etapas. Hay también una bibliografía de escritos de Vicente Hernández, aparecidos en publicaciones en Cuba y en el extranjero.

 

Tiene mucho de la historia y de lo de adentro de Vicente. Creo que reúne mucho material sobre la obra de este artista. Es un libro muy interno que saca a flote todo ese trabajo de él, que es un narrador visual.

 

Vicente es un hombre muy culto y en su libro eso se nota. Él estudió Historia del Arte y fue profesor también. Es decir, que hablar es para él algo muy fácil. Tanto como pintar. Es muy buen narrador y creo que en cualquier momento puede hacer un libro.

 

Es un hombre que está al tanto de la cultura universal, de la historia universal y del hombre, de los sentimientos universales. Eso se ve en su obra y lo que más me gusta, te repito, es que antepone ese pequeño pueblo y lo hace universal, codeándolo de tú a tú con París, con Nueva York, con La Habana, con las grandes ciudades.

 

Siempre en sus obras hay algún trazo en el que está Batabanó. Hay algún edificio, está el mar siempre o está el barco Pinero. Están los globos aerostáticos, aquellos dirigibles que en los años 20 y 30 surcaban la Isla, pasando por encima de Batabanó y que son historias que le contaba su abuelo cuando era niño.

 

Muchas personas dicen que es surrealista. En la entrevista que le hago para el libro él dice que, más que surrealismo, es un realismo mágico lo que hay dentro de su obra.

 

Y es así. Los ciclones que pasaron por su pueblo dejaron en él una marca y es la de poner casi todo flotando en el aire. Era lo que él veía cuando el ciclón y los vientos envolvían los objetos y los ponían a volar. Esa huella le quedó y eso es lo que él pinta.

 

Supongo que el adentrarte en este mundo mágico de Vicente Hernández te haya llevado, quizás hasta de manera inconsciente, a emplear un lenguaje en cierta medida poético.

 

Es una pena decirlo en primera persona, pero ante todo yo soy un poeta. Tengo varios textos inéditos; solo me han publicado dos poemas en un gran libro que hace algunos años sacó Gente Nueva.

 

Fue una antología de la poesía iberoamericana en la que están nuestro Apóstol y otros grandes poetas de América. Ahí aparecen dos poemas míos. Así que, aunque no publique nunca un libro de poemas, eso para mí va a ser suficiente.

 

Y, en cuanto a lo que apuntabas, el libro me dio mucha poesía porque tenemos muchas cosas en común. Él nació el mismo día que mi mamá y utiliza un elemento que es casi un leitmotiv dentro de su obra que son los dirigibles y, precisamente, los dirigibles fue el último tema del que hablé con mi padre, la noche antes de que él muriera.

 

Todas esas historias que su abuelo le contaba a Vicente, mi padre me las contó horas antes de morir. Eso me marcó muchísimo y noto que entre Vicente y yo hay muchas cosas cercanas. De cualquier modo, trato de hacer con poesía todo lo que escribo.

 

¿A qué tipo de lector está dirigido este libro?

 

Lo puede leer cualquier persona. Mi lenguaje es muy natural y las explicaciones que se dan de la plástica, creo que se pueden leer como una novela, como una biografía artística. Es un libro muy fácil de digerir.

¿Sabes si será presentado en la próxima Feria Internacional del Libro?

 

No sé si eso estará definido. Ojalá se pudiera presentar porque creo que es un libro que se merece estar en lugares donde halla estudiantes de artes plásticas, pues Vicente es un artista muy cubano, muy crítico.

 

Eso me gusta. En la vida uno tiene que decir las cosas y no quedarse con ellas adentro. Gústele o no les guste a las personas, porque uno no dice las cosas por mal. Al menos él y yo lo hacemos para bien.

 

Creo que, si él pinta Batabanó y pinta edificios que ya no existen por el paso del tiempo, de los ciclones y de la desidia de personas a quienes no les interesa la cultura, la arquitectura, ni Cuba; lo hace para no olvidar, para guardar.

 

Como si fuera Eusebio Leal reconstruyendo La Habana, él pinta para recordar y para que las personas sepan lo que fue y lo que hubo en un lugar.

 

Como crítico te apasiona la danza. ¿Acaso esta deferencia tuya por la obra de Vicente Hernández se relaciona con esa narrativa, esa visualidad, ese movimiento que sugieren sus pinturas, tan cercanos a la danza?

 

El hecho de poner a bailar los objetos en el aire, ya es un acercamiento al movimiento y el movimiento es para mí sinónimo de danza.

 

Me alegra que hayas hecho esta pregunta porque yo soy un bailarín. Y no frustrado, ya que bailé con el Ballet Nacional de Cuba.

 

Me subí a un escenario por primera vez en Madrid, con 39 años; cuando un bailarín se lastimó y Alicia, que es mi amiga, me dejó bailar.

 

Hice un papel muy escondido por allá atrás, de cuerpo de baile. Hice también los soldados, en Don Quijote y una serie de cosas. Fue el día más feliz de mi vida, en agosto de 1992.

 

Siempre lo digo, la danza va después de mi mamá, que es lo que yo más quiero. Y Vicente Hernández también podríamos decir que danza en voz alta. Su obra es como una danza y una elegía al movimiento.


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