Victor-Marie Hugo, siempre recordado como Victor Hugo, es una presencia indeleble en la memoria del mundo; uno de los escritores franceses de mayor trascendencia, y que se aseguró un lugar en la preferencia de los lectores de todas las épocas con un conjunto literario monumental, donde siempre resaltará su novela Los Miserables.
Hugo nació el 26 de febrero de 1802 en Besançon, y falleció el 22 de mayo de 1885, en París, esa ciudad que tanto describió en sus narraciones y que se enorgullece del escritor romántico, cada día.
Fue no solo un exitoso narrador, fue un escritor muy versátil que igualmente produjo teatro, poesía, y ensayo, y tuvo, a la par, una considerable carrera política, con una acentuada influencia en sus contemporáneos.
Genio al fin, ya con 14 años, estaba seguro de que quería ser un gran escritor, por eso, apuntó en su cuaderno escolar: «Quiero ser Chateaubriand o nada», refiriéndose a François-René, vizconde de Chateaubriand (Saint-Malo, Bretaña, 4 de septiembre de 1768 - París, 4 de julio de 1848), diplomático, político y escritor francés considerado el fundador del romanticismo en la literatura francesa.
Odas y poesías diversas fue la primera obra poética de Victor Hugo, escrita en 1822 y cinco años más tarde crea su drama Cromwell, en cuyo prefacio proclama el principio de la «libertad en el arte», y define, como el conflicto de su época, al establecido entre la tendencia espiritual y el apresamiento en lo carnal del hombre.
Su colección de poemas Las Orientales (1829), de tendencia exótica, fue muy popular y demostró la maestría del autor, y su obra maestra dramática, Hernani,triunfó en la Comédie Française al siguiente año.
En este año de 1830 arranca una verdadera proliferación de su obra literaria, y escribe su primera gran novela, Nuestra Señora de París.
Victor Hugo fue nombrado par de Francia en 1845. En 1851 denunció las ambiciones dictatoriales de Luis Napoleón y, tras el golpe de Estado, huyó a Bélgica y al año siguiente se establece en la isla británica de Guernesey en su residencia de Hauteville House, hasta 1870. Republicano convencido, denunció sin tregua al régimen conservador de su país y en 1859 rechazó la amnistía que le ofrecía Napoleón III.
No publicó ninguna obra entre 1843 y 1851, pero concibió Los Miserables y luego escribió en 1953 el cuaderno de poesías satíricas Los castigos,que llamó «versos de combate», y tuvo como misión hacer público el crimen de Napoleón III: el golpe de Estado del 2 de diciembre.
Este poemario es de alto valor formal y conceptual; el autor apela a recursos literarios como la fábula, la epopeya, la canción o la elegía.

Posteriormente, crea la trilogía de El fin de Satán, Dios y La leyenda de los siglos, esta última aparecida en 1859 su obra maestra de poesía, y finalmente Los miserables, impresionante denuncia de la situación de las clases bajas francesas y los males de la sociedad corrupta a través de una honda reflexión política.
Regresa a París en 1870, después de la derrota del ejército de Napoleón III en la Batalla de Sedán; participa activamente en la defensa de la capital francesa durante el Sitio de París, ese mismo año; a su llegada a la ciudad es aclamado por las multitudes y proclamado diputado; fue derrotado en los comicios, sin embargo en 1876 obtuvo el escaño de senador de París, pero en 1872, se desengaña de la política y regresa a Reino Unido.
Son especialmente notables los discursos que pronunciara en su desempeño como político en la Cámara de los Pares, en la Asamblea Constituyente y la Asamblea Legislativa, en las que denunció sin descanso la discriminación social y las desigualdades sociales en Francia; es famosa su frase: «Queda la cuestión social. Es terrible, pero sencilla, ¡es la cuestión de los que tienen y la de los que no tienen!»

Entre sus piezas oratorias, destacan las que abordaron temas como la condición de la mujer; la enseñanza religiosa; su posición a favor de la escuela laica y gratuita; diatribas contra la pena de muerte, el trabajo de los niños, la miseria, y otras en defensa de la paz y del sufragio universal.
Cerca de sesenta títulos componen su producción literaria publicada entre 1822 y 1883; fue considerado como el padre de la novela social en Francia. Asombran los disímiles asuntos que tomó como eje central de sus obras; destaca su clarividencia al analizar los males sociales de su época, y se aplaude la destreza al describir los universos psicológicos y humanos de sus personajes, que más que eso son seres vivos con sus cargas de virtudes y defectos.
Fallece el 22 de mayo de 1885, en su residencia particular «La Princesse de Lusignan», que se encontraba situada en el lugar del número 124 de la actual Avenida Victor-Hugo de París.
Cuenta la leyenda que sus últimas palabras fueron: «Ceci est le combat du jour et de la nuit... Je vois de la lumière noire.» —Es el combate del día y de la noche... Veo la luz negra—.
La Tercera República decretó un día de luto nacional y honró su muerte con un funeral de Estado, celebrado el 1 de junio de 1885 y al que asistieron más de dos millones de personas.
Antes del traslado de sus restos, hacia el Panteón de París, su ataúd, coronado con las iniciales VH y en el que se colocó un crespón negro, es expuesto bajo el Arco de Triunfo y soldados a caballo velan durante toda una noche en que una multitud pasa junto a su cuerpo inerte para rendirle póstumo tributo.
Conforme a su última voluntad, su féretro es trasladado en el llamado «coche fúnebre de los pobres» hacia el Panteón y la comitiva que lo escolta se extiende a lo largo de varios kilómetros.
En el presente sus restos reposan junto a otros dos inmensos novelistas franceses, Émile Zola y Alejandro Dumas, en el camposanto de la ciudad que los tres ayudaron a inmortalizar.
Hombre agudo, de pensamiento abierto, progresista y renovador, comprometido con la labor social del escritor; poseedor de un alto sentido del derecho humano, la justicia y la equidad entre los hombres, Víctor Hugo, dejó como legado, en sus obras todas, trascendentales ideas sintetizadas en frases preclaras de alta vigencia, esencialmente por la perspectiva humana con que están concebidas; una de esas máximas reza: « La verdadera gloria es convencer».
La herencia literaria del autor de Los Miserables valida con creces esta afirmación, pues el romántico alcanzó la gloria y la sostiene, pues continua, sin cesar, convenciendo a sus lectores con sus ideas de equidad, humanismo, justicia y paz.

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